02 marzo, 2008

Acerca de la mano dominante.

Por: Juan Carlos Beiroa,

Calígrafo Público Nacional
(Adaptado al blog por Criminalistico_Dte)

El tema que al que he de referirme estará relacionado con la actividad pericial caligráfica en un aspecto que casi siempre es de carácter tangencial pero de típica incumbencia profesional.

Se trata de la importancia que debemos prestar al tema de la utilización de la mano derecha o de la izquierda durante los análisis periciales y tomas de cuerpos de escritura.

Debo reconocer que la inquietud se basa en poner ligeramente al alcance de los colegas la posibilidad de consulta, entre las obras referidas al tema, el trabajo titulado “La escritura creativa y formal” realizado por las especialistas chilenas en psicología Mabel Condemarin y Mariana Chadwick, quienes tomando como referencia la obra de otra experta la directora de investigación en el Instituto Nacional de la Salud y la investigación médica de Paris, la francesa Marguerite Auzias quien prologa la obra referida.

Otorgados los créditos, pasemos al tema que nos ha de ocupar en adelante.

Como resultado elemental del proceso de capacitación para la escritura, en la secuencia de la toma de conocimiento desde la niñez, la escritura ocupa un lugar relevante en la atención de padres y maestros.

Desde los crayons hasta las modernas técnicas de escritura, tanto estilográfica o boligráfica, el proceso abarca desde los cinco a seis y mas años de edad, adquiriendo naturalmente atisbos de personalidad en la adolescencia.

En el principio será la forma de tomar el lápiz y posteriormente el dominio del elemento escritural y es allí donde se introduce lo íntimamente ligado con un aspecto tan abstracto como lo neurológico: ¿con cuál mano el niño toma espontáneamente las cosas?

Pero hagamos un alto para saber lo que dicen las autoras nombradas en su obra:

“Algunos niños que presentan un buen desarrollo de sus habilidades motrices realizan a veces una escritura dibujada. Generalmente eso ocurre a imitación de sus hermanos o amigos mayores. Este tipo de expresión gráfica no debe ser frenado, pero tampoco debe interpretarse como escritura propiamente dicha. La escritura en su verdadero sentido implica la transcripción, sin modelo visual ni apoyo auditivo, de frases creadas en la mente del propio niño. Expresan también que el aprendizaje sistemático debe comenzar alrededor de los 6 años.”

Surge entonces que un 7% de los niños de la población mundial posee como característica natural, la zurdería.

Y entrando propiamente en el tema, analicemos lo siguiente:

Por naturaleza, los diestros, ponemos los elementos de escritura en la mano derecha de los niños, pero ¿es esa la mano dominante?.

Dicen Condemarin y Chadwick en “La escritura creativa y formal”:

“Tanto en la práctica clínica como en la pedagógica se encuentran muy a menudo los niños zurdos, y los ambidextros, que plantean el problema de cuál mano elegir para iniciar el aprendizaje de la escritura”.

Definida, y en algunos casos poco respetada, la decisión natural de utilizar la mano dominante en la escritura, sobreviene de la practica tendiente a ejercitar la coordinación óculo-manual en la realización de formas gráficas específicas (según las autoras citadas).

Según M. Auzias (1977) en recuentos para Bélgica y Gran Bretaña; EE.UU. y Santiago de Chile el 8,7 % eran niños con propensión neurológica dominante en el hemisferio derecho, lo que evidencia el nivel de hábiles para desarrollar su actividad manual, incluída la escritura, con la mano izquierda.

Cabe consignar que los estudios realizados por las mencionadas autoras, refieren a que en “un porcentaje reducido aparecen como zurdos niños que son neurológicamente diestros, pero cuya lateralidad se ha alterado por algún tipo de impedimento motor”(op. cit)

Tratando de aclarar diré, que cuando un niño tiene dificultades orgánicas con su lateralidad derecha, aún siendo biológicamente diestros, se tornan zurdos por facilidad en la operatividad.

Correspondería en esta instancia discurrir sobre la eventualidad de que ese tipo de variable, ambigua, indefinida si se quiere, fuera el origen de los que llamamos ambidiestros, es decir aquellos que por haber sido forzados a escribir con la mano derecha, pudieran también, poseer la ductilidad innata, no desarrollada, de hacerlo, también con la izquierda.

Pero veamos que, si por naturaleza el niño evidenciara, su ductilidad natural, con la mano derecha, tanto para escribir, comer, peinarse, higienizarse los dientes, etc. por convención tácita, tanto sus padres como maestros zurdos respetarían su condición de diestro, como natural; y nadie se atrevería, en los tiempos que corren, pedagógicamente hablando, a inducirlo a escribir con la contraria.

Me atrevería a pensar que seria mucho mas mal visto un padre o maestro zurdo que indujeran a sus alumnos diestros a escribir con la izquierda, que cuando los diestros obligaron a los zurdos a escribir con la derecha.

¿Porqué estas disquisiciones? Para entrar en la temática propia del peritaje caligráfico. Y aquí va la pregunta:

¿Al escribir con la mano contraria a la dominante, el individuo ¿transmite los mismos reflejos sicográficos arraigados que cuando escribe o firma con la mano inhábil, o por el contrario ellos desaparecen totalmente?


Arriba, escritura con mano derecha habituada.
Abajo, sinistrografía ocasional

Este requerimiento es habitual en la práctica profesional cuando se presenta que, ciertas escrituras carecen de la espontaneidad natural de quien comparece al cuerpo de escritura. La pregunta es obvia: ¿Lo habrá hecho con la izquierda? O sino: “Perito, perito: hágalo escribir con la izquierda” cuando en realidad debió haberse dudado: “¿Lo habrá hecho con la mano dominante?” o bien “Perito, hágale escribir con la contraria” ya que no sabemos cual es la dominante.

En un curso dictado para los alumnos del Patrocinio Gratuito de la Facultad de Derecho de la U.B.A. en 1995, tuve oportunidad, como así también en el ámbito privado, de apreciar a dos personas, escribir simultáneamente con las dos manos un mismo texto, con la diferencia que una escribía en el mismo sentido y el otro en “espejo”, es decir con la mano derecha, hacia la derecha y con la izquierda hacia ese lado, ambas con la misma ductilidad y plasticidad. Evidentemente otras variantes de las posibilidades escriturales.

Pero volviendo a lo nuestro: ¿es posible detectar a un simulador?:

Una posibilidad es, cuando firmó con la mano no dominante con ánimo de impedir su reconocimiento; y la otra cuando viene al cuerpo de escritura y escribe con la mano no dominante para disimular.

En principio, a la primera alternativa, cuando firmó con la mano no dominante con ánimo de impedir su reconocimiento, la respuesta deberá ser por la negativa; esto es, que no es posible detectar a un simulador cuando escribió con su mano no dominante.

Y a la segunda, cuando viene al cuerpo de escritura y escribe con la mano no dominante para disimular, es necesario, que al advertirlo el perito actuante considere poder contar con grafismos auténticos anteriores a las circunstancias judiciales, en los que se registren escrituras o firmas espontáneas, y allí si la determinación será inequívoca para el caso de poder afirmarse la reciprocidad de elementos.

Para poder asegurar que una firma o texto fueron realizados con la mano no dominante, en ella deberían revelarse los automatismos propios que registre al momento de hacerlo con la mano dominante. ¿Es ello así?

También aquí, existen dos alternativas, la negativa y la afirmativa.

La primera incluye aquellos individuos que su mano no dominante no posee el entrenamiento suficiente para la escritura, y en la segunda, están los ambidiestros que, con práctica habitual en el manejo alternativo de ambas manos al escribir, son un porcentaje mucho menor, que el de zurdos absolutos.


Obsérvese que la incidencia de esa falta de práctica, se trasunta, al intentar emular las condiciones naturales de la mano dominante, a través de irregularidades, como ser temblequeos y alteraciones de tipo espasmódico ajenas al ritmo propio de la mano de uso corriente para escribir.

Pero, ¿solamente es apreciable esa irregularidad? Entiendo que algunos elementos facultan la evaluación, como ser aquellos que al decir de Saudek “escapan al carácter volitivo de su plasmación”, por ejemplo, la presencia alternativa de: rasgos de ataque, proporciones en alturas, zonas en las que se ubican los entrecruzamientos, sistemas de enlace, pero no, los obtenidos en una sola inscripción sino, también en la repetición aislada y alternativa de cuerpos de escritura con el tenor base de estudio.

Desde ya que en ambidiestros; poco o casi nada comunes como reseña James Kelly en “Investigaciones Documentales”,traducido por la Colega Sra. De la Peña, cuando en su obra, en el capitulo 1- Elementos y Datos, pag. 162, informa que en la población de Georgia, EE.UU. entre 387 cuerpos de escritura realizados con ambas manos por voluntarios con diferencias de cuatro años, no se detectó ninguno con tales atributos; la presencia de elementos símiles en valores genéticos, será mayor que en aquellos cuya ineptitud lateral inhabilite sus capacidades escritural o autográfica.


Escritura de ambidiestros: arriba, mano derecha (dominante)
abajo, mano izquierda.

Val Latierro, por su parte, quedó en el tiempo, con todo respeto por quien sentara bases de la investigación pericial.

Presume ese autor en “Grafocrítica” Ed. Tecnos, Madrid 1963, que “la persona sospechosa, particularmente si es culpable, se escudará en su ignorancia y se resistirá a trazar un escrito con la mano izquierda”; presumiendo, Val Latierro, viable convencer al encartado para que realice dicho cuerpo, sin preocuparse si le sale bien o mal, evidentemente la credulidad de nuestro autor, no vivió los tiempos que corren.

Ello no es así, por que en el articulado del código ritual penal argentino, el derecho a negarse a escribir no es presunción en contra.

El riesgo de vincular autoralmente al autor de un cuerpo de escritura con la mano no dominante con escrituras realizadas con esa mano por cualquier otra persona están a un palmo de contener elementos comunes aleatorios y totalmente desprovistos de un contexto unificador como es el impulso no volitivo de un solo individuo.

La pretensión de un perito extremadamente convencido de hallar vínculos entre escrituras realizadas con la mano inhábil con otros cuerpos de escritura también realizados con esa mano pero por otra persona, logrará erróneamente determinar coincidencias.

La falta de automaticidad en la producción de escrituras con la mano “torpe”, deja de lado principios técnicos básicos, respecto del sostenimiento de presencias en función de impulsos enraizados en el inconsciente, de allí la necesidad de recurrir a la voluntad, para, simplemente, dar a los graficados, al menos, aspectos convencionales, ¿resultado?: movimientos, naturales, sencillos y simples propios del conocimiento de la forma pero, como condimento extra, la peligrosa ausencia de práctica con esa mano.

Una de las normas periciales básicas refieren a la estabilidad grafical en el trazado de los recorridos, es decir la ausencia de micro-cambios de dirección que den lugar a la sospecha sobre la falta de seguridad en el trazado que se examina, esta particularidad al ser detectada en cualquier proceso pericial, alerta al investigador sobre la presumible existencia de falsedad de origen, cuanto mas si este proceso luce dentro de un marco de elemental producción como es el trazado con mano contraria a la hábil.

Sería fácil dejar abierta la vía a la posibilidad de emitir opinión seria respecto de este inhabitual método de disfrazar la escritura o la firma. Pero he de abstenerme a declararlo.

Considero inducido y erróneo el cotejo de grafismos trazados con la mano inhábil, por la fundamental razón expuesta anteriormente. Los estímulos que mueven la mano no dominante, no fluyen espontáneamente como resultado de la experiencia y práctica en el uso del lapicero, sí lo son como producto del esfuerzo intelectual transitorio, carente de todos aquellos signos de espontaneidad que son privativos de cada individuo. De allí que me permita recomendar a los colegas, recordar estas palabras al momento de emitir opinión sobre firmas o escrituras de las cuales no surjan espontáneamente los atributos de la personalidad caligráfica definida, si no también por las inseguridades profesionales que ello trae aparejado.


Disertación realizada en la Jornada de Actualización de Calígrafos Públicos organizada por La Asociación de Peritos Calígrafos de Buenos Aires NOV 2001

Fuente: http://www.periciascaligraficas.com/v2.0/resultados.php?contenidosID=9

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