14 noviembre, 2009

LA REGLA DE LOS DOCE PUNTOS

Por Lic. Carlos Sosa

Introducción

Los sistemas de identificación de las personas se basan en el principio de identidad: cada persona es idéntica sólo a ella misma. En éste sentido, la identidad vendría a estar representada por el conjunto de elementos, perdurables e inmutables en el tiempo, que hacen única a esa persona.

A lo largo de la historia muchos investigadores han querido definir, aislar y sistematizar estas características identificatorias: forma de la oreja, de la nariz, de las ramificaciones de las venas de la muñeca, color y distribución pigmentaria del ojo, etc. (para ampliar en este tema, ver en este blog La importancia de la identidad y la identificación de las personas). Muy pocos de ellos han tenido éxito.

Entre éste selecto grupo se encuentran los cultores de la Dactiloscopia (sobre identificación por huellas digitales, pueden consultar lo publicado sucesivamente en Huellas digitales (primera parte)). Investigadores de la talla de Purkinje, Galton, Feré, Forgeot, Vucetich, Henry, Oloriz, Battley entre tantos otros pueden ser mencionados. Todos ellos coincidían en que el estudio de los complejos lineales que ostentamos en el pulpejo de los dedos de las manos reunían (y reúnen) tres requisitos fundamentales que hacen posible la identificación: infinita variedad, inmutabilidad y permanencia en el tiempo.

Definición

Ahora bien, no basta la simple observación del diseño descrito por el conjunto de líneas papilares y espacios interpapilares para determinar la identidad física de una persona por medio de un estudio dactiloscópico, sino que es necesario el cotejo de ciertos puntos de semejanzas, señas particulares minúsculas que presentan las líneas en su recorrido, las cuales son descritas y definidas por los diferentes sistemas de cotejo.

Se define genéricamente como “REGLA DE LOS DOCE PUNTOS” al número mínimo de estos puntos de comparación, entre dos huellas dactilares, necesario para atribuir identidad física, independientemente del número de ellos utilizado en realidad. Esto último tiene que ver con el motivo primordial de esta publicación. ¿Cuántos puntos de comparación o semejanza son necesarios para establecer identidad? ¿De dónde surge esta norma? ¿Quiénes la utilizan y por qué? ¿Quiénes no la utilizan y por qué?

A este respecto existen diversas opiniones, las que trataré de exponer brevemente en las siguientes líneas, siguiendo el criterio de Kingston y Kirk (1964), agrupándolas en dos: por un lado, aquellas opiniones surgidas de la experiencia y por el otro, las que refieren a estudios estadísticos.

La experiencia como madre del conocimiento

El reconocido antropólogo británico Sir Francis Galton, continuador de la obra de Herschel en India, publicó en la revista Nature, su célebre “Personal Identification and Description” en donde hacía mención de los puntos sobre los cuales los ojos deberían posarse al comparar dos huellas, al tratar de explicar la inmutabilidad en el tiempo de las mismas gracias al experimento de Herschel. “La pregunta que surge es si estas marcas de los dedos permanecen inalterables a lo largo de la vida de una persona. En respuesta a esto me permito remitir a la más interesante pieza de evidencia, que por el momento es única, a través de la amabilidad de Sir William Herschel. Esta consiste en impresiones de los dos primeros dedos de su mano, hechas en 1860 y 1888 respectivamente, esto es, separadas un período de 28 años entre sí […] En el primer examen de estas y otras marcas de dedos, el ojo divaga y termina confundido. No sabe donde posicionarse; los puntos mostrados en la figura 10 son donde ellos deberían hacerlo. Estos son los lugares donde cada nueva cresta hace su primera aparición” (Galton, 1888:358-359), haciendo diferencias entre 2 tipos de marcas: horquillas y bifurcaciones. Sin embargo, no se mencionaban cifras en este estudio.


Arriba, a la izquierda, huellas dactilares de Sir William Herschel tomadas en 1860. A su derecha, corresponden a las obtenidas en 1888. Debajo, puntos de comparación señalados por Galton (16 en el pulgar, 22 en el índice) y algunas referencias.

El padre de la dactiloscopia argentina, Juan Vucetich, afirmaba en “Dactiloscopia Comparada” (1951: p.93): “Todos los dibujos digitales, sin excepción, contienen alrededor de treinta y cinco de esos puntos –puntos característicos-, en cualquiera de los dedos de la mano o de los pies.”. Los agrupaba en cinco grupos (islote -1-, cortada -2-, bifurcación -3-, horquilla -4- y encierro -5-) afirmando que ellos servían para que el experto pueda realizar comprobaciones en la identidad de los sujetos sobre la que se presentaran dudas, resaltando la importancia de marcar “todos los puntos característicos que se observen”. Mas adelante agregaba (Vucetich, 1951: p. 94-95) “Cuando se trata del examen de las impresiones de los diez dedos, hay tanto material de comprobación que sería absurdo analizar los treinta o más puntos característicos que pueden encontrarse en cada uno de ellos.”. Sin embargo, no daba mayores precisiones numéricas al respecto.

Ilustración sobre los puntos característicos del sistema ideado por Vucetich (imagen de “Dactiloscopia Comparada” 1951, p. 93)


En 1892, mediante el cotejo de la huella de un pulgar derecho, en la ciudad de Necochea (Buenos Aires, Argentina) se logró acusar a Francisca Rojas de Caraballo del asesinato de sus dos hijos, Ponciano y Felisa, considerado éste el primer uso exitoso del sistema dactiloscópico en la investigación criminal (Siegelo et. al., 2000). Sin embargo, no se cuenta con datos certeros sobre las características cuantitativas de la investigación. En 1902, la investigación de Alphonse Bertillon, impulsor de la antropometría como medio identificatorio, logró capturar a Henri León Scheffer por el homicidio de Joseph Reibel, a través de la comprobación de huellas ensangrentadas encontradas en el lugar del hecho. Se habrían localizado tres puntos característicos en el pulgar, cuatro en el índice y el medio, y seis en el anular (Rhodes, 1956, citado en Kingston y Kirk, 1964)

Tal vez quien hizo la afirmación más terminante en este punto sea el Dr. Edmond Locard (1912), el más célebre discípulo de Bertillón, quien afirmaba (Tripartite Rule):

1. Si hay más de 12 puntos evidentes, la certidumbre de la identidad es indiscutible.

2. Con un parámetro de entre 8 a 12 puntos localizados, la certidumbre esta en función de la nitidez de la impresión, la rareza de su tipo, la presencia de la parte descifrable del tipo y subtipo de la conformación general, de los deltas (o su ausencia en caso de los arcos), la presencia de poros (ver también en este blog Biografia de Edmond Locard) la perfecta y evidente identidad de longitudes de crestas y surcos, de dirección de las líneas y del valor angular de las bifurcaciones.

3. Con un número inferior a 8, la impresión no aporta la certeza sino tan sólo la presunción proporcional al número de puntos que pudieron encontrarse y de la nitidez de la huella.

Sobre estas aseveraciones del maestro francés, se ha dicho (Kingston y Kirk, 1964: p. 63) “Nada permite adivinar las razones por las que Locard llegó a esas conclusiones […] Sin embargo, la obra a la que Locard alude implícitamente es la de Balthazard, publicada, al parecer, hacia 1910-1911 […] no puede deducirse con certeza si fue la práctica la que demostró que huellas diferentes podían tener fortuitamente un número de puntos de semejanza inferior a 12 […] Es probable que la mayor parte de las teorías formuladas mas tarde en cuanto al número de puntos requeridos tengan su origen en los escritos de Locard”, debido esto último a la gran difusión de los trabajos y tratados del autor, a nivel internacional.

En contraposición a estas posturas de establecer un número mínimo de puntos característicos a localizar (método empírico normalizado), se encuentran aquellos que asignan un mayor valor identificativo a ciertas características originales, extrañas o inusuales evaluadas por el especialista (método integrador); si se contara con ellas, el número de puntos de comparación podría ser menor, quedando a criterio del perito determinar tal cifra. Ya Vucetich afirmaba “Hay todavía otros procedimientos de comprobación auxiliar. En los verticilos y en las presillas internas o externas, existen los deltas que ya hemos descripto y que pueden proporcionar datos para las comprobaciones. El delta servirá para determinar el número de líneas existentes entre su triángulo y la línea central, o sea la línea que constituye el centro o ‘término central’ de una presilla o de un verticilo” (Vucetich, 1951: p. 95)

Todos los especialistas en dactiloscopia de una época mas reciente […] estiman que el número de características que cabe observar al margen de una ampliación –se refiere a las ampliaciones fotográficas usadas para demarcar los puntos- tienen poca importancia. Un detalle que se encuentra en raras ocasiones es un signo de identificación cien veces más importante que toda una serie de horquillas: cuatro o cinco detalles situados en el centro de un dibujo inhabitual tienen más valor probatorio que doce o quince horquillas situadas dentro del contorno del dibujo” (Shoderman & O’Connel, 1945, citado en Kingston y Kirk, 1964)

No hay ninguna regla a este respecto […] Se trata de demostrar sin que quede ningún lugar a la duda […] Se pueden identificar las huellas con menos puntos, pero el número de 12 se considera como suficiente en todos los casos. En la práctica gran parte de los expertos se contentan con ocho e incluso con seis puntos de semejanza” (Scout, 1951, citado en Kingston y Kirk, 1964)

Algunos autores han ido un poco más allá, proponiendo un análisis cuali-cuantitativo de los puntos característicos (Santamaría, 1942). En éste análisis, a cada característica encontrada se le asignaría un coeficiente, entre 1 y 3, según su rareza, establecida en estudios de laboratorio y sobre las cuales hay tablas que se pueden consultar (ver mas adelante las tablas de los estudios de Osterburg a modo de ejemplo). Además, se asignaría otro valor cualitativo a las cicatrices, a ciertas particularidades de los poros, etc., los que se igualarían en calidad con los puntos característicos propiamente dichos. Concluye el investigador diciendo que, si la totalidad de los coeficientes suman 10 o más, se dará por probada la identidad.

Cicatriz obrante en el digito de un sujeto, tomada con 2 años y 3 meses de diferencia entre ambas impresiones. Las líneas digitales que la describen están enumeradas en las partes superior y lateral derecha. Ambas presentan 28 líneas de extensión. Las fotografías fueron tomadas a igual escala, la diferencia de tamaño es debido al crecimiento del sujeto (Originalmente publicado por Galton, 1895, Plate IX)

Más recientemente, el Grupo de Trabajo Europeo de INTERPOL sobre Identificación de Huellas Dactilares (Zeelenberg, 2000) publicó algunas consideraciones importantes:

1) Sobre el método empírico normalizado: “Los países que preconizan una norma numérica alegan que ésta es la piedra angular de la solidez y de la búsqueda de conclusiones positivas. Las propiedades que permiten atribuir y cuantificar detalles singulares son la esencia de la diferencia entre las huellas dactilares y otras pruebas (biológicas)

Por lo general se acepta que 12 puntos de coincidencia pueden dar lugar a una identificación segura. En algunos casos puede utilizarse un número inferior, por ejemplo, si la calidad compensa la cantidad al comparar impresiones. Con todo, debe insistirse en que la aplicación de una norma requiere un sistema detallado de definiciones, reglas y directrices.”

Así mismo advierten: “Puede suceder que un experto estime o piense que ha identificado a la persona que originó la huella o incluso que esté convencido de ello, pero que la impresión no satisfaga la norma. Esto es inevitable cuando la norma es estable y tiene un margen de seguridad. La identificación puede resultar convincente para algunos, pero no es legal (no está en conformidad con las normas) y se descarta. Cambiar de enfoque en ese momento y dar más importancia a la convicción que al empirismo equivale a sacar una conclusión diferente, como mínimo, habrá que señalarlo si se presenta la conclusión

La norma tolera cierta variación en la cantidad y la calidad, pero evidentemente no se ajusta a todos los casos, como sucede con cualquier norma preestablecida. La función primordial de una norma es garantizar la seguridad, no ajustarse a todos los casos de conformidad con la opinión de algunos.

País

Parámetro Establecido

Origen y especificaciones

Italia

16-17

Cálculos probabilísticos de Balthazard originados hacia 1911. El standard mínimo fue expresamente mencionado por la jurisprudencia refiriéndose a los trabajos de Balthazard. La jurisprudencia es fechada antes de 1954, pero es confirmada en 1959 y 1989.

Alemania, Suecia y Suiza

8-12

Basados en los estudios de Locard aunque en la práctica muestran una clara tendencia a respetar la regla de los 12 puntos

Reino Unido (antes de 2000)

16

El origen de este standard (adoptado por New Scotland Yard en 1924) se sitúa en una errónea interpretación de un documento publicado por Bertillon en 1912. Este requerimiento numérico es virtualmente imposible de alcanzar en la práctica. Su propósito es el de garantizar un elevado nivel de calidad y excelencia en materia de identificación por huellas digitales;

Bélgica, Finlandia, Francia, Holanda, Israel, Grecia, Polonia, Portugal, Rumania, Eslovenia, España, Turquía y países de Latinoamérica.

12

Número probablemente derivado de la ley originalmente enunciada por Locard.

Rusia

7

Según un estudio de la Interpol en los países europeos

Originalmente publicado en “Encyclopedia of forensic sciences”, Siegelo et. al, 2000:885


2) Sobre el método integrador: “En Europa (Reino Unido y Noruega) existe desde hace poco un movimiento en favor del sistema de la opinión del experto. En Inglaterra, Gales e Irlanda del Norte se aplicará en abril de 2000 y en Escocia se apunta a una fecha de inicio similar. El sistema ya está en funcionamiento en Noruega.”

En Estados Unidos, tras un estudio de tres años efectuado por un comité de normalización, se desistió de utilizar una norma numérica mínima en una resolución aprobada en la conferencia de la Asociación Internacional de Identificación, en la que se afirmaba que no existe ninguna base científica para exigir la existencia de un mínimo predeterminado de características de las crestas de fricción existentes en dos impresiones con el fin de establecer una identificación positiva.

La decisión de saber si la información en un caso particular es suficiente se dejó a la discreción de cada especialista, basada en un análisis cuantitativo y cualitativo total.”

Agregando mas adelante “Para decidir si la información es suficiente en un caso particular, el experto debe evaluar la claridad de la impresión, y cerciorarse de la cantidad y la calidad de las concordancias. Se forma así una opinión sobre si las impresiones concuerdan y si existe un carácter suficientemente específico como para eliminar a todas las demás personas que hubieran podido originarlas. Esta opinión es subjetiva y se basa en la experiencia, los conocimientos y la capacidad de los expertos.” Finalizando, aclaran además que, tan importante como las similitudes para establecer identidad, lo son las diferencias para descartarla.

País

Parámetro Establecido

Origen y especificaciones

EE.UU. y Canadá

No

Desde 1973, siguiendo a resolución de la IAI

Noruega

No

El resto de los países escandinavos (Finlandia Suecia) están discutiendo un posible movimiento hacia el abandono de cualquier norma numérica

Reino Unido (antes de 2000)

No

En 1988, un comité nombrado por la ACPO (Association of Chief Police Officers) y el Ministerio del Interior para llevar a cabo una revisión del origen y la relevancia de la norma de 16 puntos. Tras este informe, se recomendó el abandono de la norma numérica

Australia

No

En 1996, la “regla de los 12 puntos” adoptada en 1975 fue abandonado en favor de la resolución de la IAI. Se formó un grupo de trabajo para examinar diversas cuestiones, como la Junta Nacional de Acreditación (educación y la evaluación de la competencia) y las cuestiones de garantía de calidad

Suiza (objetivo a largo plazo adoptado por los jefes de las oficinas de huellas dactilares en 1997)

No

Tomando como base los debates en el Reino Unido y Australia, y después de la declaración de Ne'Urim, un comité se ha comprometido a gestionar el cambio hacia una práctica no numérica

Originalmente publicado en “Encyclopedia of forensic sciences”, Siegelo et. al, 2000:887


Determinaciones estadísticas

No centraré mi atención en este acápite en los planteamientos teóricos que han llevado a las determinaciones estadísticas de las que se hacen eco los seguidores de ésta vertiente de pensamiento. Trataré de exponer simplemente que clases de estudios han realizado diferentes científicos, cuál ha sido la muestra analizada y a que resultados han llegado. Compartiré también, algunos comentarios autorizados que se han hecho sobre estas consideraciones. Para aquellos interesados en continuar la lectura, remito a la bibliografía citada, principalmente a las investigaciones de Kingston & Kirk, Osterburg y Galton, todas ellas disponibles a través de la Web.

En “Finger Prints”, Galton (1892) expuso sus estudios encaminados a determinar si los pequeños detalles característicos de las marcas de los dedos podían ser considerados como variables independientes. Básicamente, lo que hacía era ampliar fotográficamente una huella dactilar. Dividía la imagen en pequeños cuadrados. Luego, calcaba el contorno de un cuadrado determinado, retiraba el calco y trataba de completar el interior del blanco resultante prolongando las líneas de las crestas que había dibujado. Finalmente, establecía en cuantas oportunidades había acertado, en cuanto había fallado y calculaba las probabilidades de éxito. El error da Galton fue la subjetividad: el estudio se basaba en su habilidad de determinar como era el dibujo papilar en base al entorno, es decir, en adivinar que punto característico completaba el recorrido de la línea.

Por otro lado, realizó numerosas determinaciones que sirvieron de base para las futuras investigaciones. Entre ellas se podría mencionar el estudio de frecuencia de ocurrencia de los diseños patrones o generales de las huellas: según ellos, el diseño más común era loops (67,5%), seguido de whorls (26,0%), siendo los dedos que presentaban arches los menos usuales (6,5%). Es decir, establecía que no eran factores independientes estadísticamente (no existían las mismas probabilidades de ocurrencia). Más recientemente, Rosset y Lago (1984) hicieron similares determinaciones sobre la base de la clasificación del sistema de Vucetich.

Tabla extraída de Finger Prints (Galton, 1892:115) basada en el estudio de 5000 impresiones digitales, correspondientes a 500 personas diferentes.

Dedo

Arco

Pres. Int.

Pres. Ext.

Verticilo

X ó 0

Total

Pulgar D.

274

52

5.007

3.495

18

8.846

Pulgar I.

548

5.272

53

2.951

22

8.846

Índice D.

1.460

2.270

3.050

2.265

95

8.846

Índice I.

1.206

3.258

1.974

2.308

100

8.846

Medio D.

574

213

6.558

1.426

75

8.846

Medio I.

849

6.297

212

1.408

80

8.846

Anular D.

176

128

4.118

4.080

35

8.846

Anular I.

255

5.448

53

3.076

45

8.846

Meñique D.

111

25

7.264

1.388

68

8.846

Meñique I.

120

7.224

30

1.305

77

8.846

Totales

5.273

30.157

28.611

23.801

615

88.846

Porcentajes

5,91%

31,13%

32,31%

26,90%

0,69%

100%

Originalmente publicado en “ABC del Dactilóscopo”, Rosset y Lago, 1984: 112

Hacia 1910 aparece la ya mencionada investigación de Balthazard (que puede ser consultada en su Manual de medicina legal, que cuenta con varias reediciones). Partiendo de la distinción de cuatro puntos característicos diferentes (horquillas hacia arriba, horquillas hacia abajo, interrupciones superiores e interrupciones inferiores), estableció que en una impresión dactilar completa había aproximadamente unos 100 de estos puntos. Dividió a las huellas dactilares en cien pequeños cuadrados iguales, considerando que existía la misma probabilidad de encontrar un punto característico en cada cuadrado, correspondiente a cualquiera de los cuatro tipos considerados, esto es, considerándolos variables independientes. Luego, la probabilidad en los cien cuadrados, vale decir en toda la superficie de la huella, de encontrar un punto característico cualquiera era 1/4100. Teniendo en cuenta que la población mundial era de 1.500.000.000 de personas, Balthazard estimó que el número mínimo de puntos característicos que se debían considerar teóricamente en un cotejo monodactilar era de 17. “En las investigaciones médico-legales -finalizaba diciendo-, el número de coincidencias exigibles para informar que tal huella digital hallada en el lugar del crimen procede realmente del individuo inculpado puede descender a 15, 13, y aún a 11, si está demostrado que el criminal no es un habitante cualquiera del globo, sino un europeo, un francés, el habitante de una ciudad o pueblo determinado”. Es decir, mientras menor sea la población a examinar, menores serían las probabilidades de encontrar una huella igual a otra, y por lo tanto, un menor número de puntos sería suficiente.

En 1977 se publicó en el Journal of the American Statistical Association (Vol. 72, Num. 360) el estudio de James Osterburg, profesor en jefe del Departamento de Justicia Criminal de la Universidad de Illinois. En él, tal vez uno de los estudios estadísticos más completos en cuanto al análisis, se toman como base una huella digital dividida en pequeños cuadrados de 1 mm2 (se utilizaron en total 39 impresiones diferentes); cada uno de ellos puede estar vacío (empty) o bien estar ocupado por uno o mas de los puntos de comparación considerados: ending ridge (terminación de línea), bifurcation or fork (bifurcación), island ridge or short ridge (islote), dot or very short ridge (punto), bridge (puente), spur or hook (espuela), eye or enclosure or lake (encierro), double bifurcation (doble bifurcación), delta y trifurcation (tridente).

Nomenclatura y muestra de las cuadrículas utilizadas por el equipo de Osterburg (1977:773).


La primera parte del estudio determinó en cuantas de estas celdas o cuadrados hipotéticos se veían los puntos establecidos y ciertas combinaciones de los mismos, esto con el objetivo de determinar que tan raros o inhabituales eran. A partir de estos datos, se estableció cual era la probabilidad de encontrar dichos caracteres en una huella. Los resultados se resumen a continuación.

CONFIGURACIÓN ENCONTRADA

FRECUENCIA

NÚMERO DE CELDAS

PORCENTAJE DE CELDAS

Vacío

6.584

76,6%

E

715

8,32

F

328

3,82

I

152

1,77

D

130

1,51

EE

119

1,39

B

105

1,22

S

64

0,745

L

55

0,640

EL

32

0,372

DE

32

0,372

EEE

21

0,244

EI

21

0,244

0

17

0,198

DD

15

0,175

BE

12

0,151

Z

12

0,140

DI

11

0,128

EEEE

10

0,116

ES

10

0,116

DDI

10

0,116

II

9

0,105

FI

9

0,105

BF

7

0,0815

EE

7

0,0815

FF

5

0,0582

T

5

0,0582

EEF

4

0,0466

BEE

4

0,0466

EII

4

0,0466

FL

3

0,0349

BB

3

0,0349

FS

2

0,0233

BD

2

0,0233

DDE

2

0,0233

LL

2

0,0233

Otras (19 combinaciones diferentes)

67

0,780

TOTAL

8.591 celdas

100,0%

A: BRIDGE. D: DOT. E: ENDIND RIDGE. F: BIFURCATION. I: ISLAND. L: LAKE.

0: DELTA. S: SPUR. T: TRIFURCATION. Z: DOUBLE BIFURCATION

Publicada en Osterburg et. al 1977:774

Partiendo de éstos resultados, los agrupó en 13 grupos y calculó la probabilidad de ocurrencia de cada uno, esto equivale a decir que, en el estudio de Osterburg los puntos característicos no son tomados como variables independientes como en anteriores estudios. Con estas consideraciones, estableció el parámetro weight (peso), resultado de aplicar el logaritmo negativo en base diez a la probabilidad de ocurrencia (-log10 pi).

Configuración Encontrada

Frecuencia

Probabilidad

Desviación

Weight

Vacío

6.584

0.766

0.0045

0.116

E

715

0.0832

0.0030

1.08

F

328

0.0382

0.0030

1.42

I

152

0.0177

0.0014

1.75

D

130

0.0151

0.0013

1.82

EE (BROKEN RIDGE)

119

0.0139

0.0013

1.86

B

105

0.0122

0.0012

1.91

S

64

0.00745

0.00093

2.13

L

55

0.00640

0.00086

2.19

0

17

0.00198

0.00048

2.70

Z

12

0.00140

0.00040

2.85

T

5

0.000582

0.00024

3.24

Publicada en Osterburg et. al 1977:775-776

Resalta Osterburg (1977) otro detalle: en base a su modelo estadístico, la probabilidad de que 12 terminaciones de líneas (Ending Ridge “E”, el punto característico con mayor grado de ocurrencia) se encuentren en un área de 50 a 100mm2 es apenas inferior a la de encontrar 3 tridentes (Trifurcation “T”, la característica mas rara) en ese mismo espacio.

Se debe mencionar que este estudio no hace mención a los procedimientos seguidos por los dactilóscopos, ni a la confiabilidad de esos métodos, sólo versa sobre la distribución de los puntos de comparación.

A modo de conclusión

Aún no resulta claro cuál ha sido el origen de la norma que rige la identificación dactiloscópica, lo cuál no es motivo para menospreciar su valor ya que, como se ha visto, existen estudios que validan y aún complementan dicha premisa.

Algunos autores señalan que el número 12 es una herencia del método biométrico históricamente anterior a la dactiloscopia: la antropometría de Bertillon utilizaba un parámetro de 11 medidas corporales. El razonamiento sería “como las 11 características eran casi suficientes en el sistema de Bertillon, es preferible utilizar 12 si queremos estar seguros de que dos huellas son idénticas” (Rhodes, 1956: 155-156, citado por González & Chacón, 2004)

Recientemente han sido publicadas algunas investigaciones que cuestionan la fiabilidad de la identificación dactiloscópica (tómese como ejemplo las de David Kaye[1] en 2003 y la de Simon Cole[2] en 2003). Argumentan que el parámetro y los procedimientos empleados no son confiables. Es imprescindible para evitar controversias fijar estas condiciones de antemano, tomando como base estudios propios o las recomendaciones bibliográficas y de los grandes organismos de seguridad (FBI, INTERPOL, etc.), así como también la experiencia.

Estas condiciones deben incluir un procedimiento estándar de comparación y de identificación, el cual debe mantenerse firme bajo cualquier situación, y no modificarlo dependiendo de las circunstancias de las muestras examinadas. Se debe recordad que, uno de los requisitos de los procedimientos científicos es que deben permitir a otro profesional realizar el mismo análisis, bajo las mismas condiciones y exigencias y llegar a un mismo resultado.

La cuestión fundamental que se plantea con la identificación de las impresiones dactilares – dice el informe de INTERPOL- es la de saber si existe suficiente información. Si es así, se puede sacar una conclusión acerca de la identidad sin lugar a dudas. La norma, en consecuencia, define precisamente la noción de ‘suficiente’ y se centra en los aspectos fiables concretos e inherentes de las impresiones dactilares”.

Si un dactilograma no reúne las condiciones establecidas, no se debe temer decir que no resulta idóneo para el confronte, y se evitará “adaptar” la norma a esas circunstancias para permitir una identificación. No debe confundir el perito la palabra identificación con el peligroso término atribuir identidad.

Bibliografía consultada y recomendada

ANTÓN BARBERÁ, F. de (2009). Las huellas dactilares a examen. Consultado el 12 de octubre de 2009 en http://www.uv.es/recrim/recrim09/recrim09n02.pdf

ARES DE BLAS, F. Las huellas dactilares, cuestionadas por la ciencia. Consultado el 12 de octubre de 2009 en http://digital.el-esceptico.org/leer.php?autor=23&id=1773&tema=21

BYRD, C. (2005). Study of faulty fingerprints debunks forensic science's 'zero error' claim. Unervisity Of California – UC Newsroom. Consultado el 10 de Junio de 2009 en http://www.universityofcalifornia.edu/news/article/7480. Puede consultarse una adaptación al castellano del artículo en: Anónimo. Estudio de fallos en el análisis de huellas dactilares desmitifica la infalibilidad del sistema. Consultado el 10 de junio de 2009 en http://www.solociencia.com/medicina/06020755.htm

BRENDEL, E. (Coord.) (2004). Método de Identificación de Huellas Dactilares. Parte 2: Explicación pormenorizada del método, empleando una terminología común para definir y aplicar unos principios comunes. Conclusiones del Grupo de Trabajo Europeo de Interpol sobre Identificación de Huellas Dactilares II (GTEIIHD-II) Consultado el 10 de junio de 2009 en http://www.interpol.int/Public/Forensic/fingerprints/WorkingParties/IEEGFI2/defaultEs.asp#11

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[1] Los científicos y analistas forenses se refieren a la ‘individualización’ a menudo suponiendo que los puntos característicos de las huellas dactilares son únicos para cada individuo. En los Estados Unidos, los acusados en casos criminales han estado exigiendo la prueba de tales supuestos. En al menos dos casos, el gobierno de los Estados Unidos ha tenido éxito basado en un estudio estadístico inédito preparado especialmente para los litigios, encargado de demostrar la singularidad de las huellas dactilares. Este artículo sugiere que el estudio no está diseñado ni ejecutado de una manera que puede mostrar si las impresiones de huellas dactilares de un individuo son únicas (Kaye, 2003)

[2] Mientras que muchos científicos forenses han aseverado durante largo tiempo que las pruebas basadas en el estudio de huellas dactilares son infalibles, el error ampliamente difundido por la prensa que hizo permanecer en prisión a Brandon Mayfield como sospechoso de participar en el atentado con bombas en trenes de Madrid en 2004 alertó sobre los potenciales defectos del sistema (Cole, 2003)

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La mejor forma de encubrir un crimen es con una investigación deficiente...

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