04 febrero, 2011

A 9 años de la desaparición de la familia Gil-Gallego


Un nuevo 13 de enero llegó y siguen sin aparecer los 6 integrantes de la familia oriunda de la localidad de Crucesitas Séptima, departamento Nogoyá. La hipótesis de un hecho de sangre, iniciado con una desaparición forzada y violenta es la más firme que se sigue en la investigación.


Para ir entrando en tema

Crucesitas Séptima es un centro rural de población de tercera categoría (asentamientos no declarados municipios que tiene entre 499 y 300 habitantes) perteneciente al Departamento Nogoyá, en la Provincia de Entre Ríos, que se encuentra a unos 4 Km. del cruce de las rutas provinciales 32 y 6, unos 10 Km. al sur-este de la localidad de Viale. Allí vivían Rubén José Gil (56 al momento de la desaparición, actualmente 65), Norma Margarita Gallego (26/35) y los 4 hijos de la pareja: María Ofelia (12/21), Osvaldo José (9/18), Sofía Margarita (6/15) y Carlos Daniel (3/9).


Rubén, a quien los conocidos llamaban “Mencho”, hacía casi 15 años era peón en la estancia “La Candelaria”, propiedad de Alfonso Goette, un descendiente de alemanes domiciliado en Seguí, donde además era dueño de una farmacia. Norma colaboraba en la cocina de una escuela, debido a que era beneficiaria de un Plan Jefes y Jefas de Hogar.


El 13 de enero de 2002, asistieron todos al velorio de un vecino de la localidad de Viale, Máximo Vega. En el mismo habrían visto y mantenido una conversación con la hermana de Norma. En la madrugada, una maestra de la escuela a la que asistían los chicos les hizo el favor de llevarlos en su auto de regreso a la estancia. Esa fue, posiblemente, la última vez que alguien vio con vida a la Familia Gil-Gallego, ya que Goette afirmaría en la declaración prestada 3 meses después que él no los vio llegar esa día.

Investigaciones posteriores encaradas por Sebastian Gallino, juez a cargo de la causa, demostrarían que a partir de ese día, no entraron ni salieron llamadas del celular de Margarita, único miembro de la familia que poseía uno. Sin embargo, no fue sino hasta Abril de ese año que los familiares toman conocimientos de esa ausencia.


Ese mes se festejaba el cumpleaños de un familiar de Norma Margarita por lo que su hermana se intenta contactar con ella. Debido a que no recibe respuesta, habla con el patrón de su cuñado quien le informa no saber nada de la familia desde que fueron al velorio, en enero, pero también que Norma le había pedido telefónicamente cuatro o cinco días de vacaciones para visitar a unos familiares en Santa Fe. Más intranquila, unos diez días luego, al no tener noticias de los Gil, se dirige junto a otro conocido hacia La Candelaria. Al llegar se encontró con las puertas abiertas, la mesa servida, los animales sueltos. Goette sale infructuosamente a buscarlos en los alrededores del campo y al no hallarlos da parte a la policía, llegando a las pocas horas una comisión que realiza un relevamiento “de visu”.


Estos hechos son los que marcan la diferencia con otras desapariciones de las que se suele hablar cuando los medios recuerdan a los Gil. Por ejemplo, en el caso de los Pomar, finalmente resuelto, se sabía con certeza el momento en que habían partido, a que hora debían llegar a destino, el vehículo que utilizaron, quienes viajaban y con que motivo; incluso se tenía una foto de una cámara de seguridad que demostraba que la ruta programada para el viaje fue respetada, que viajaban sin cinturones de seguridad, que las niñas viajaban en el asiento trasero: los familiares de Rubén y Margarita, 9 años después, aún no han tenido acceso a esta información ni a ninguna otra.


Hasta de Fernanda Aguirre (a quien se busca a nivel mundial desde 2004) y de Sofía Herrera, la nenita de 2 años ausente desde septiembre de 2008 cuando pasaba el día con sus padres en un camping en Río Grande, se supieron algunas de las circunstancias que rodearon sus misteriosas desapariciones.


Otros casos con los que se podría relacionar el hecho son las desapariciones del Arquitecto Mario Zappegno (empleado del gobierno provincial; salió de su casa en Crespo con destino a Paraná en febrero de 2000 a bordo de su VW Polo rojo, patente BPQ 722; diez años después, ni siquiera se ha podido dar con el auto) y la del octogenario Amado Abid, ocurrida en febrero de 2003 (partió de su casa en su VW Gol; se encontró el vehículo empantanado en Colonia Güemes, sin signos de violencia y con las puertas cerradas con llave pero sin señales del contador Abid). Y más relación con estos casos fue puesta bajo sospecha por Elvio Garzón, abogado querellante de la causa, quien señaló la teoría de que existían en las 3 investigaciones, la de Abid, Zappegno y la de los Gil, oscuras vinculaciones con personal policial que habría trabajado en las investigaciones; esta presunción nunca halló asidero y no fue ingresada a la causa.


Comienzo de la búsqueda

En ese entonces se mencionó la existencia de familiares en Santa Fe, uno de los posibles destinos lógicos que hubieran seguido en caso de haber viajado por propia voluntad. Se decía que Gil estaba a punto de dejar su trabajo en “La Candelaria”, cansado de los malos tratos por parte de Göette y buscando un mejor pasar económico. Sin embargo, ésta primera hipótesis logró ser descartada ya que fueron contactados por la policía estos familiares quienes manifestaron no tener noticias del matrimonio. Además, tanto la ropa, los electrodomésticos de uso diario, e incluso el perro de la familia habían quedado en la estancia.


Se dijo que un vecino de la zona de La Picada, de apellido Haller, propietario de una gomería, los habría visto emprendiendo viaje al santuario del Gauchito Gil en Corrientes, a bordo de un vehículo Chevrolet Super de color azul, que recordaba bien el hecho porque había hecho mención jocosa al apellido del santo, a lo que el hombre del Chevrolet le respondió que ellos también eran de apellido Gil. Sin embargo, esta segunda línea de averiguaciones no encontró ningún sustento: por una parte, iniciar un viaje como ese requería algo de preparación o incluso alguna mención a la familia, cosas que no existieron; además, los Gil eran mas bien de trasladarse en remís ya que no tenían vehículo propio, como bien dijo la maestra que los llevó hasta su casa después del velorio en Viale. Más tarde se diría que ni siquiera había existido tal testimonio, que correspondería a un trascendido que la prensa se apresuró a publicar como una certeza.


Fue a partir de ahí que entre los allegados comenzó a escucharse la que hoy es la hipótesis que guía las investigaciones: la familia Gil nunca salió de la estancia con vida.


Pesquisas en la estancia

Pese a la insistencia de familiares y letrados, no fue sino hasta el 10 de julio de 2003 (cuando habían pasado 18 meses desde la ultima vez que se los había visto) que la investigación dirigida por Gallino acepta la posibilidad mencionada y se produce el primer allanamiento en la casa que habitaban los Gil, así como de un campo aledaño a la misma, “El Abasto”, también propiedad de Göette. Éste retraso en la toma de decisiones por parte del magistrado es siempre remarcado por los querellantes como una de las máximas falencias en la investigación judicial.


Tras resultar infructuosa esta primera inspección ocular, para 2004 la causa estaba prácticamente detenida. Ingresa entonces, representando los intereses de María Adelia Gallego, madre de Margarita, el Dr. Maximiliano Navarro.


Para principios de 2005, la causa avanzaba hacia la investigación en otras provincias, incluso en el extranjero: se repartían fotos de la familia a puestos fronterizos y las hacían circular pegadas en los vehículos de quienes salían del país para dar a conocer en el exterior la investigación. Pese a los resultados de la primera incursión en La Candelaria, la familia de Rubén y de Margarita seguían apuntando a la estancia: decían que los vecinos habían mencionado olores nauseabundos que emergían de un pozo de agua de la finca. Para mediados del año, el juez Gallino da intervención a peritos informáticos de la bonaerense para realizar el cruce de llamadas, de donde se desprende un dato que mas tarde cobraría relevancia entre los trascendidos: a la estancia entraban llamadas de un celular de Rosario pero cuando le fue consultado a la dueña del mismo sobre su relación con los Gil, ésta dijo no conocerlos.

Al cumplirse cinco años de la ausencia, los hermanos de Rubén enviaron una carta dirigida al entonces gobernador Jorge Busti solicitando mayor apoyo y acompañamiento oficial ya que, en palabras de los familiares, para el caso de la desaparición de la joven Fernanda Aguirre no sólo se había movilizado a toda la fuerza policial, sino también el gobierno había ofrecido recompensa a quien pudiera aportar datos que ayuden a aclarar las circunstancias del hecho, cosa que no había ocurrido con los Gil-Gallego. Mas tarde llegaría como respuesta oficial las palabras de un ministro que afirmaba que no recibieron ayuda porque nunca la habían solicitado. Por su parte, la familia Gallego haría lo propio en el Juzgado de Instrucción de Nogoyá, solicitando se investigue la supuesta desaparición de unos “expedientes” del hospital donde días previos a la desaparición, Rubén habría concurrido. En mayo de ese año, una comisión especial de la Policía parte con rumbo a Misiones, donde se decía, se encontraba viviendo una familia de apellido Gil, pero la pista también se cayó: no era los Gil-Gallego quienes habitaban allí.


Excavación, Scanner y Luminol

El 2008 fue el año en que, se podría decir, inició una segunda etapa en materia de investigación judicial. En una nota a la agencia de noticias APF, el Jefe de Policía, comisario general Héctor Massuh, informó que un grupo de la División Inteligencia Criminal estaba abocado a trabajar exclusivamente en el caso, siguiendo las órdenes del Juez Gallino; además, opinó que éste era uno de esos casos complejos, que duran años, y que encuentran solución de pronto, cuando surge una pista que lleva a esclarecerlo.


Días previos a conmemorarse simbólicamente otro año se incertidumbre, familiares de los Gil-Gallego presentaron a la presidenta el caso, y solicitaron la colaboración tecnológica y humana que un misterio así ameritaba. La respuesta llegó el 5 de marzo, autorizando el uso de un eco scanner, una dotación del químico llamado “Luminol” y enviando personal de la Secretaria de Inteligencia, los cuales empezaron las labores de campo el 3 de septiembre.


De éste rastrillaje participaron representantes de la Dirección Criminalística de la Policía, Bomberos Zapadores y del cuerpo Médico Forense del Superior Tribunal de Justicia. Estos grupos se concentraron en vaciar y examinar meticulosamente capa por capa de sedimento y barro provenientes en un viejo aljibe de tantos que existían distribuidos en la estancia: se buscaba tierra de relleno, indicio de una posible sepultura, y restos óseos.


El eco scanner, básicamente, funciona como un sonar de submarino: envía ondas sobre la superficie de la tierra; éstas penetran los diferentes niveles de suelo rebotando en parte; las ondas que regresan permiten saber profundidad y “texturas” de las capas. La información recabada es utilizada para localizar interrupciones en las líneas del suelo, que hagan sospechar movimientos de tierra. Esta misma tecnología se utiliza en la localización de tumbas clandestinas de la época de la Dictadura. Tras desplazar el costoso equipo en sectores de la estancia donde se sospechaba existían interrupciones del terreno, no se dio con resultados positivos.


Esquema del funcionamiento del georadar

Por otra parte, el uso del Luminol ofreció resultados más prometedores. Éste reactivo popularizado por series y películas de temática forenses, tiene la particularidad de hacer cobrar fluorescencia visible bajo luz ultra violeta a manchas de sangre de vieja data: la estructura molecular del químico se adhiere a ciertos componentes de la hemoglobina, produciéndose un cambio químico en ella que la hace visible con ésta luz alternativa.


Luego de rociar el preparado en varios sectores de la casa, se reactivaron algunas manchas presumiblemente de sangre en las paredes y piso del dormitorio principal y en la cocina de la casa habitada por los Gil. Preguntado que fue Goette sobre el posible origen, informó que uno de los hijos de Margarita había sido parido en la casa, y que no sería raro encontrar rastros de sangre, pero su madre mencionó que en aquella oportunidad se habían utilizado varios acolchados para proteger la cama de la sangre, situación ésta que, sin embargo, no resulta sino en más especulaciones. Sea cual fuera el caso, el reactivo Luminol reacciona además con otras sustancias que son capaces de iniciar su acción peroxidasa (oxidar el compuesto para que vire de color): éstas se denominan interferencias. Para descartar la existencia de éstas, se levantaron mediante hisopado algunas muestras de las manchas reveladas y se enviaron a laboratorios especializados para que se determinen su naturaleza, origen y, de ser posible, compatibilidad genotípica con muestras provistas por familiares de los Gil-Gallego, esto es, si “empataban” o se correspondían los patrones genéticos. Hace poco tiempo se dieron a conocer los resultados negativos de esta otra fuente de información forense: “algunas de las muestras no correspondían a sangre humana y otras eran de muy vieja data y no sirvieron” declaró Navarro.


Los recursos cedidos por el Ministerio del Interior se utilizaron hasta finales de ese mes de septiembre. Durante los siguientes 13 meses siguientes se continuarían las labores de investigación en la estancia. Entre los trascendidos de ese momento, tal vez el de mayor notoriedad fue la presunta existencia de un sótano: según testimonio de allegados y familiares, existía uno en la estancia, sin embargo el personal que había participado en las pesquisas nunca había encontrado uno en la casa principal. Inmediatamente se habló de que Goette había asesinado a los Gil, depositado sus cuerpos en el sótano, rellenado el espacio y disimulada su entrada para que nunca se dé con el lugar (octubre de 2008). Esto es lo que se conoce como “explicación conspiracionista”: no es posible confirmarla, pero tampoco refutarla completamente, y por ello perdura. Nunca se encontró el sótano, ya sea porque nunca existió, ya porque el asesino cubrió bien sus huellas.


Desde Rosario se consiguieron perros adiestrados en la búsqueda de restos humano, los que tres veces por semana recorrían toda la extensión de La Candelaria. En varias ocasiones “marcaron” sitios, donde se concentró la labor de búsqueda del equipo médico forense y colaboradores: un pozo ciego de 8 metros de profundidad, un sector de la casa principal. Sin embargo, la misma no dio con el paradero de los Gil (noviembre de 2008).


Entomología y Movimiento de Ganado

El 2009 ofrecería nuevas potenciales evidencias, testigos mudos de lo que ocurrió, cuya correcta interpretación, se esperaba, daría luz sobre el destino que tuvo la familia: el grupo de expertos del Superior Tribunal de Justicia que excavaba en la zona localizó insectos en una capa de tierra profunda de un pozo ciego, teóricamente una capa de relleno. Un entomólogo forense podría descubrir si éstos tuvieron contacto con los cuerpos, alimentándose de ellos, y así determinar si allí fue el lugar de abandono de los restos. La encargada del análisis fue la experta Adriana Oliva, reconocida investigadora forense del CONICET. Ella realizó los primeros exámenes y decidió enviar las muestras colectadas a Inglaterra, donde estimó podrían completar los estudios. Al momento de escribir estas palabras, tampoco se saben los resultados de estas diligencias.


El 30 de junio se daría por finalizada ésta nueva etapa de rastrillajes, con nuevos indicios pero ninguna evidencia, ningún sospechoso conectado a la desaparición o un cardinal hacia donde buscar a Rubén Gil y su familia.


Guillermo Vartoreli, el otro abogado querellante de la causa, anunció, un tiempo luego, que seguía esperando la información pedida sobre el movimiento de hacienda de Goette, para lo cual se necesita un permiso de SENASA y una autorización de la policía local. La hipótesis que guiaba el pedido era que, en alguno de estos movimientos de tropillas el dueño de La Candelaria podría haber movilizado los restos de la familia, tal vez hasta por partes, aseguraba un periódico en su edición digital, un trabajo de hormiga que le hubiera conseguido impunidad en su crimen: otra vez, la conspiración sin evidencias que la sustenten, pero que da titulares.


Planes Sociales para Todos

En enero de 2010, se dio a conocer la noticia de que Rubén Gil aparecía en la lista del ANSES de quienes percibían la ayuda social denominada “Asignación Universal por Hijo”, que la retiraban de la sucursal Viale del BERSA, lo cual era indicio del paradero de los mismos o que alguien estaba fraguando información, que cobraba la asignación a nombre de Rubén, como había sucedido en Córdoba por aquellos mismos tiempos. Más tarde se diría que en realidad sólo figuraban en la lista de “aptos para cobrar”, que al sistema habían sido cargado automáticamente, que era lo que se hacía con los potenciales beneficiarios para agilizar los trámites. Ésta situación había ocurrido por ser Mencho un empleado en relación de dependencia y su mujer, beneficiaria de otro plan social. Otra trascendido sin fundamentos que se convirtió en titular. Y los Gil siguen sin aparecer.


El inicio de septiembre traería consigo una baja en el equipo de búsqueda: a los 71 años moría Otto Gil, sin poder ver de nuevo a su hermano o darle cristiana sepultura, en fin, sin saber que había sido de él.


A mediados de noviembre se iniciaría una nueva búsqueda en un campo lindero a la estancia, propiedad de un hombre de apellido Cosman quien, se aclaró, no está bajo sospecha. El equipo interdisciplinario de policías, bomberos y personal del Superior Tribunal continuó las excavaciones: el centro de las mismas sería un aljibe donde al momento de la desaparición los vecinos habrían percibido olores nauseabundos. El mismo, de unos 40 metros de profundidad, estaba casi repleto de agua, por lo que el juez autorizó a su vaciado para facilitar la tarea de búsqueda de restos óseos y demás indicios. Sin embargo, la vieja data del mismo hacía posible el colapso de la estructura de ladrillos, por lo que el grupo forense tuvo que trabajar con agua hasta ¾ de la capacidad total, realizando a través de la misma la colección de sedimentos, sin resultados prometedores. Otro años más se terminó y los Gil siguen sin aparecer.


La Conspiración de los Medicamentos

Para finalizar ésta cronología, decidí colocar, de principio a fin, la que creí la teoría más elaborada acerca del destino de la familia de Crusecitas Séptima. Es en parte, la “opinión de la calle”, hipótesis planteadas por quienes impulsan la querella y, más que nada, trascendidos que la prensa ha filtrado.


Los seguidores de ésta “línea de investigación” sostienen que Goette era parte de una red dedicada a adulterar medicamentos. Dicha organización tendría asiento en Rosario, lo que explicaba las llamadas que entraban a la estancia. Una vez adulterados, los medicamentos eran distribuidos a través de los contactos que poseía Goette por ser dueño de una farmacia.


La teoría sostiene, demás, que la estancia era utilizada, con conocimiento del matrimonio Gil o por lo menos de Rubén, como lugar de acopio de la mercadería. A surtir de la diferencia de edad entre Margarita y su esposo, se dijo que por lo menos uno de los hijos del matrimonio no sería de Rubén, sino que la hija menor en realidad era de Goette. Que al darse por enterado Rubén del adulterio de su mujer, amenaza y extorsiona al dueño de La Candelaria con revelar sus “negocios” si no paga una importante suma de dinero y que éste decide enviar un sicario o personalmente eliminar a la familia, o bien sólo al matrimonio, o bien sólo a Rubén, quedando los sobrevivientes alojados con familias amigas en el interior del país. El o los cuerpos habrían sido arrojados a los cerdos, quienes no dejarían vestigios del hecho.


No faltó quien afirmara, además, que existía un parentesco lejano entre el Juez y el estanciero, lo que motivó el retraso en el inicio de las pesquisas en el campo, ya por la consanguinidad o porque también era parte de la organización o se le ofreció serlo. Y que el personal policial estaba involucrado en la operación de Goette, asegurando una “zona liberada” para trabajar y los que no, habían practicado una investigación ineficiente debido a que el dueño de la estancia los había invitado a un cuantioso asado el día de la primera inspección ocular.


¿Cuánto de esta historia puede probarse judicialmente? Que los 6 integrantes de la familia desaparecieron en algún momento, a partir de las primeras horas del 15 de enero de 2002, presumiblemente, no por propia voluntad, puesto que no llevaron consigo ropa, documentación o dieron aviso a sus familiares. Que no existen elementos físicos que permitan afirmar la muerte de ninguno de los seis o que vincule a Alfonso Goette con los hechos que se investigan, más allá de la relación laboral con Rubén.


Lo único que se puede asegurar es que se dejaron pasar potenciales evidencias, se perdieron testigos y testimonios, pues como reza ese adagio forense atribuido al francés Edmond Locard, “Tiempo que pasa, verdad que huye” y en la investigación de la desaparición de la familia Gil Gallego, se dejó pasar tiempo sin lugar a dudas.


Finalizo recordando otra máxima que siempre deben tener presente quienes se dedican a la investigación judicial: “No existe el crimen perfecto, sino mas bien las investigaciones ineficientes”. Saquen sus conclusiones.

La mejor forma de encubrir un crimen es con una investigación deficiente...

¡Saludos!

Mi nombre es Carlos Sosa, Licenciado en Criminalística, estudiante de la Lic. en Accidentología Vial de la Universidad Autónoma de Entre Ríos (UADER), Entre Ríos, Argentina.

En este blog podrás encontrar información referida a las Ciencias Forenses: artículos, casos, curiosidades, información de actualidad, fundamentos técnicos de la investigación Criminalística, info de eventos...

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Carlos F. Sosa

Lic. Criminalística

Balística-Papiloscopía-Documentología

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