25 marzo, 2011

Talleres tumberos brindan esmerada atención al hampa

Por Sergio Tomaro

Desde la fabricación de armamento casero hasta el “tuneado” de autos y motos “alquiladas” para participar de alguna salidera bancaria, tareas éstas que se dan ya sea ocultas en lo profundo de una villa de emergencia o detrás de la pantalla de un local puesto con todas la de la ley, son algunas de las derivaciones que el mercado clandestino ofrece a modo de asistencia profesional confiable a la delincuencia. 
De acuerdo al perfil social del sujeto o grupo dispuesto a incursionar en el delito, tanto a malvivientes que empiezan su derrotero transitando por la marginalidad como aquellos con mayor capacidad organizativa para concretar algún atraco, cuentan con este aporte ilegal que se sostiene aprovechando según la visión crítica de los entendidos los controles relajados del estado. 
Dos especialistas en seguridad consultados por DIARIO POPULAR coincidieron en que la “tercerización” de labores que marca en algún punto el perfeccionamiento de la delincuencia, también cuenta con apoyo especializado destinado a dotar de eficacia a robos y asaltos, independientemente de la “jerarquía” delictiva de los protagonistas de esas acciones.
Los “talleres tumberos” tienen hoy su lugar junto a las clínicas clandestinas, por ejemplo, para aportar soluciones a quienes incurren en el delito y con una sorprendente gama de posibilidades que dan lugar a la efectividad en el robo a un kiosco instalado en un barrio humilde, a la reparación de armas y, también, al camuflado de vehículos utilizados para asestar un golpe determinado.

Artesanos del delito
El consultor en seguridad urbana Luis Vicat consideró que uno de los estadíos que hacen a esta problemática hay que encontrarlo en los talleres donde se fabrican las armas casera, para lo cual “solamente hace falta el fondo de una casa, dos caños recortados y una púa”.
Vicat puntualizó que en los enclaves donde anidan sujetos dispuestos a delinquir “siempre existe un ‘artesano’ capaz de fabricar este armamento que ha crecido mucho en el medio delictivo” y aclaró que de hecho, en algunos barrios bravos del Gran Buenos Aires, “un taller tumbero corta los caños, otro las púas y un tercero las empuñaduras con lo cual queda desbaratado cualquier intento de inteligencia policial encaminado a combatirlos

 Una visión similar tiene el licenciado en criminalística Roberto Locles, para quien “fabricar estas armas no requiere de una gran estructura” y así, remarcó, “un taller dedicado a esta finalidad tranquilamente puede funcionar en el fondo de un casa precaria y hasta en una habitación, en las que fabricar una tumbera no lleva más de 15 o 20 minutos”. 
Locles aseguró a DIARIO POPULAR que para ese menester basta una soldadora para empezar a fabricar un arma tumbera. Sin embargo, puso de manifiesto que en otro extremo de la escala delictiva “existen otras modalidades de talleres que operan en la clandestinidad” ofreciendo servicios a los delincuentes. 
La madre de toda esta situación es que el delito se ha tercerizado y eso lleva a que el concepto antiguo de gran banda ya no exista. Hoy en día -apuntó- organizar una golpe a gran escala implica que se alquilen servicios o se paguen especialistas, delincuentes todos ellos, claro está. Obtener datos de un blanco, abrir una caja o excavar un túnel, por ejemplo -manifestó- hacen a esas especializaciones que son contratadas para un golpe específico”.
Al ahondar sobre ese punto, Locles destacó que “hoy en día el jefe de una banda o el que organiza un gran golpe vive en su casa en un barrio de alto nivel adquisitivo donde se saluda todos los días con sus vecinos mientras contrata, alquila y prepara el hecho desde ese lugar”.


Detrás de la pantalla

La tercerización del delito lleva al rubro automotor donde el aporte ilegal lo suelen presentar, en este rubro, talleres de apariencia irreprochable que operan como pantalla de lo que puede pasar en el fondo del local. 
El taller abocado a estas cuestiones no sólo es un ámbito para reparar o tunear un auto, sino que también puede ocultar otras actividades como, por ejemplo, la reparación de armas”, aseveró Vicat para quien no existe en el medio delictivo “un taller específico en general”. En su criterio, “un taller que no es clandestino aporta su estructura para la operatividad de una acción que sí es clandestina”.
Por su parte, Locles coincidió en que “hay muchos talleres de automotores normales que en sus fondo ofrecen atención clandestina”, pero apuntó que “suelen contar con protección policial, política o judicial que les garantiza su funcionamiento



Fuente: Diario Popular OnLine (consultado 25/03/2011)

La mejor forma de encubrir un crimen es con una investigación deficiente...

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Mi nombre es Carlos Sosa, Licenciado en Criminalística, estudiante de la Lic. en Accidentología Vial de la Universidad Autónoma de Entre Ríos (UADER), Entre Ríos, Argentina.

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Carlos F. Sosa

Lic. Criminalística

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