31 enero, 2008

Desde los bandidos rurales a los pibes chorros.

Vairoleto; Vallejos y Vital: de los bandidos rurales a los pibes chorros

Por Francisco María Bompadre (Adaptado por Criminalístico_Dte)

Original extraído de: http://www.derechopenalonline.com/

“Demoré una vida en reconocer la más simple y
pura de las verdades patrióticas:
quien gobierne podrá contar, siempre,
con la cobardía incondicional de los argentinos”.

Andrés Rivera, El farmer.


Juan Bautista Vairoleto nació en una familia de inmigrantes italianos hacia fines del siglo XIX, en un país donde la (de)generación del ´80 había trazado las líneas fundamentales del discurso racista sarmientino, en la nefasta antinomia civilización-barbarie, hoy actualizada bajo el maniqueísmo de piqueteros-ciudadanos (Repetto y Bompadre, 2004) en el marco de la ideología de la inseguridad (Wacquant, 1999; Pita, 1999; Zamorano, 2000; Biscay, 2002; Bompadre, 2004b). La región dónde Vairoleto se construiría un lugar dentro del mito de los bandidos que “robaban a los ricos para ayudar a los pobres” (Chumbita, 1974:8), había sido incorporada a la “civilización” dentro del proyecto político-económico más amplio, que decretaba el ingreso de la Argentina al mercado capitalista mundial como país proveedor de materias primas, fundamentalmente a las colonias inglesas del momento. En este sentido, para dar comienzo al plan, se lleva a cabo un genocidio sobre el pueblo-nación indígena que fue mucho más allá de la apropiación de sus tierras. Si bien el proyecto capitalista está en marcha, no es menos cierto que en estas regiones las prácticas cotidianas se acercaban más a una racionalidad de tipo feudal, con las características propias de la región. Las distintas vicisitudes (políticas, económicas, climáticas, etc.) se canalizaron en situaciones conflictivas, sobre las cuales en algunas oportunidades se hizo eco la prensa nacional (Asquini y otros, 1999).

La violencia que el nuevo orden económico-social estableció, fue acompañado no pocas veces con el brazo policial del poder, que fue asumiendo poco a poco un lugar de odio ante los ojos de campesinos, chacareros, puesteros, hacheros, peones, gauchos, paisanos, y pobres en general. El poder policial no sólo cometía abusos de menor entidad (prohibir pasar al galope frente a la Comisaría del lugar) sino que también aprendió a tejer una serie de relaciones de corrupción (Chumbita, 1974:13 y 1999:56; Etchenique, s/d), que en la actualidad se perfeccionaría con una exquisita racionalidad empresarial de recaudación ilegal y premios y castigos hacia dentro de la institución policial (Vallespir, 2002; Sain, 2002; Correpi, 2004a).


Juan Bautista Vairoleto se crió en la localidad pampeana de Eduardo Castex en una familia constituida por sus padres y hermanos (socialización familiar), fue a la escuela hasta 5º grado (socialización escolar), desarrolló múltiples trabajos (socialización laboral), incluso realizó el servicio militar en el Regimiento 2 de Caballería en las afueras de Ciudadela (provincia de Buenos Aires) donde aprendió y mejoró la técnica de tiro al blanco, y hasta llegó a estar preso en dos ocasiones en la cárcel de Santa Rosa (Chumbita, 1974 y 1999); es decir, lo que puede verse en la biografía de Vairoleto es una clara presencia socializante de las instituciones totales (Foucault, 2000). Pero también influyeron en él las historias que le contó Francisco Alcante sobre matreros y gauchos que se enfrentaban a los poderosos, como así también cierta predisposición al oficio de resero, debido a la libertad con que se lo podía ejercer. También aprendió de su padrino a ubicarse por las estrellas, interpretar el vuelo de los pájaros, comunicarse con los caballos, usar las boleadoras, conocer los caminos más olvidados y las rastrilladas indígenas (Chumbita, 1999); es decir que Vairoleto poseía muchas de las condiciones que se requerían en ese entonces para ser un bandido rural. La historia de Juan Bautista parece ser más la de una persona llevada paulatinamente por el destino y las circunstancias que le tocaron en vida, que por la decisión meditada y racional de una forma de vida elegida y libremente decidida: sus dotes de buen bailarín lo llevaron a ganarse el lugar de preferido entre una (“la Dora”) de las 45 pupilas que trabajaban en los tres prostíbulos castences, los que frecuentaban personalidades de todo tipo. Pero “la Dora” estaba en la mira del gendarme Farache, y los problemas por ganar el lugar se acrecentaron cuando el gendarme metió preso a Juan Bautista (bajo una causa falsa) para vengar sus amenazas incumplidas por nuestro bandido, y de paso despejar la ruta con la pupila en cuestión. Las crónicas populares cuentan que el policía lo montó con rebenque y espuelas (hasta hacerlo sangrar), aunque otras versiones indican que si bien el suceso fue cierto, no fue en esa ocasión ni en esa comisaría ni en ese pueblo (Chumbita, 1999:61). De cualquier forma, el hecho fue de un abuso y una violencia desmesurada que acabaría por sellar el destino de bala en la garganta del gendarme: nacía ese 4 de noviembre del año 1919 el mito de Juan Bautista Vairoleto. Sus hazañas, hechos, robos, atracos, venganzas, etc., son bastante conocidos, y han traspasado las fronteras de la provincia rápidamente. Lo que sí es preciso resaltar a los fines de este artículo es el concepto de la aceptación popular que tenía entre el pueblo, la decisión de robarles a los ricos y repartir entre los pobres, y la restauración del honor agraviado en muchos paisanos y chacareros por los poderosos (terratenientes, administradores, gerentes, comerciantes, políticos) y la policía.

Marcos Vallejos nació en Villa Mercedes, también hacia fines del siglo conquistador de las pampas. A diferencia de los Vairoleto, la familia Vallejos no estaba “tan bien constituida”: Marcos era hermano-primo de Pablo Vallejos, puesto que su padre mantenía relaciones concubinarias con las hermanas Virginia y Agustina Moreira (madres de Marcos y Pablo respectivamente, quienes sólo se llevaban 7 meses de diferencia etaria); incluso el hogar económicamente era más precario que el de la familia Vairoleto (Etchenique, s/d).


La falta de socialización (1) de Marcos Vallejos y su hermano (no fueron a la escuela, no se le conoce trabajo alguno y son desertores del Ejército) es una clara diferencia con Vairoleto, quién como expresamos antes, había interactuado bajo distintas instituciones socializantes. Marcos “El Gaucho” Vallejos tampoco tendría el carácter de restaurador de un cierto orden violado por los poderosos, ni tampoco la generosidad que caracterizaba a Vairoleto en el reparto de los botines. A diferencia de Juan Bautista no tenía contactos con caudillos políticos ni con ciertos policías. Pero otras características les eran comunes, además de ser los dos Bandidos Rurales (incluso de haber actuado juntos durante un tiempo), habían tenido breves contactos con el anarquismo (aunque por diferentes caminos) y ambos habían estado presos en diferentes provincias (Etchenique, s/d; Chumbita, 1974).

Víctor Manuel “El Frente” Vital murió a los 17 años de edad, en la mañana del 6 de febrero del año 1999, bajo el “gatillo fácil” de las balas de “La Bonaerense” en una villa miseria del conurbano: una de las 1500 personas asesinadas por las fuerzas de seguridad desde la vuelta de la democracia formal (Correpi, 2004b). “El Frente” tuvo una vida vertiginosa, con sólo 17 años había cometido muchísimos robos, se había tiroteado con la policía y había estado en institutos de menores.


A medida que su carrera de “pibe chorro” fue creciendo en fama y las conquistas femeninas se sucedían entre las mujeres de los alrededores, fue imponiendo un orden determinado hacia dentro de la villa, incluso a los tiros de ser necesario: no se roba a los vecinos, no se roba a los pobres, no se roba a los niños ni a los viejos. Esto solo, ya era una actitud que lo diferenciaba del resto de los pibes de la villa o incluso de su banda (véase una comparación entre códigos de delincuentes viejos y nuevos, Isla, 2002 y Míguez, 2002); pero Víctor Manuel Vital además repartía los botines de sus éxitos expropiatorios. Las villas San Francisco, la 25 y La Esperanza (en el conurbano bonaerense) aún recuerdan el mítico atraco a un camión de La Serenísima que “El Frente” condujo hasta la villa, luego de lo cual empezó a repartir yogures y quesos entre sus pobladores (Alarcón, 2004), o cuando vistió la villa con camisas Lacoste luego de robar una camión que las transportaba, o bien las comidas gratuitas que organizaba en su casa y que solventaba con lo obtenido de sus botines (Míguez, 2004). Como un nuevo Vairoleto urbano, Víctor Manuel Vital robaba y repartía. Y además vengaba ciertos desvíos a los códigos que él imponía en la villa.

Hoy se ve claramente en distintos barrios, asentamientos y villas miseria del país, cómo niños y adolescentes dejan de asistir a la escuela-pedagógica para concurrir a la escuela-comedor; dejan de socializarse en una cultura del trabajo para vivir una estética del consumo (al que encima no pueden acceder por medios legítimos) y los que poseen algún tipo de trabajo se relaciona más con planes sociales, subsidios, changas, etc. que con un trabajo con todos los derechos del constitucionalismo social; respecto al Ejército, con la derogación del servicio militar obligatorio a instancias del caso Carrasco (pero hábilmente impulsado por los sectores neoliberales del Ejército Argentino), la institución castrense ya no implica la primera ducha de agua caliente para los jóvenes pobres, ni las tres o cuatro comidas al día, ni más de una muda de ropa como supo hacerlo en algún momento; la cárcel o institutos de menores ya no disciplinan en una cultura de trabajo ni aspiran a concretar ninguna de las variantes de las ideologías “re”: resocialización, reeducación, reinserción social (Zaffaroni, 1997a y 1997b; Mapelli Caffarena, 1997; Aguirre, 1999; Valdez Morales, 1999; Elbert y otros, 2000; Espino y Biscay, 2001; Arnedo y Foglia, 2001; Bompadre, 2002b; Daroqui, 2002; Rivera Beiras, 2003); por el contrario sabemos que asistimos a una cárcel-depósito (neoleprosarios) en dónde los “otros” (delincuente, piquetero, inmigrante, trabajadores en estado de prostitución, marginales, drogadictos pobres, etc.) construidos en buena medida por el dispositivo de los medios masivos de comunicación son arrojados esperando que no salgan más de allí adentro; al mismo tiempo que el espacio carcelario se reconvierte en una cotizada mercancía empresarial bajo el neoliberalismo (Christie, 1993; Elbert, 1999; Wacquant, 2000; Neuman, 2001; Bompadre, 2002a; Iadarola y otros, 2002).

En nuestros días, el positivismo criminológico (Todo es Historia, 1981; Zaffaroni, 1998; Elbert, 2001; Aguirre, 2002; Murillo, 2002; Carofile, 2003; Sozzo, 2004; Caimari, 2004) sigue operando su racionalidad estigmatizante, y en este caso la Policía se asume con uno de los mecanismos de gobierno (Foucault, 1983) más importantes y omnipresentes (2). Las cárceles, los institutos de menores, comisarías y zonas desfavorecidas son una evidencia de los Vallejos urbanos que siguen viviendo. Y aquí entra a jugar la postura de Chumbita (3) al establecer que difícilmente pueda surgir un nuevo Vairoleto en la zona rural actual; sin embargo, y más allá de las condiciones que hacen imposible la aparición de nuevos bandidos rurales (desde el profundo cambio en la estructura agraria en el campo argentino, dónde sólo en la década de los 90 se perdieron en concentraciones de tierra unos 200 mil establecimientos de pequeños y medianos productores, con la consiguiente migración de población rural; sumado a la disposición tecnológica actual para reprimir o hacer inteligencia sobre los circuitos corrientes que protegen a los bandidos rurales, como así también la bancarización progresiva de los pagos en la economía rural que imposibilitan los grandes asaltos en efectivo, sin olvidar la capacidad de seguridad privada existente y disponible para los grandes propietarios de tierras) si es posible la traspolación que se enmarca en una nueva cartografía urbana (Dillon y Cossio, 1998; Díaz, 2002; Beltrán y Heredia, 2002; Svampa, 2002; Martín, 2003) que cada vez crece más polarizantemente: desde los barrios cerrados, countries, shoppings, complejos cinematográficos, centros educativos privados, etc., a los barrios planificados, las villas miserias, los espacios empobrecidos, asentamientos de tierras, tomas de fábricas abandonadas donde vivir, zonas liberadas de toda autoridad estatal, etc. Y una clara prueba de cómo ciertas racionalidades del poder se mantienen está dado por la creación de la Gendarmería Nacional para dar con el Bandido Rural “Mate Cocido” (Chumbita, 1999), y saturación del conurbano bonaerense con gendarmes para que los villeros que se animan a dar el paso (no pensemos sólo en ciertos pibes chorros, sino también en los piqueteros por ejemplo, véase Bompadre, 2004a) estén más represaliados, controlados, intimidados y seguidos de cerca.

Cuando Etchenique (4) expresa que no tener título de propietario (véase Pegoraro, 1996) o no tener un certificado de trabajo, era muy peligroso para el sujeto de aquellos años y lo podía llevar a la comisaría o al fortín de frontera contra el indio (véase también Galeano, 1998; Caravelos y Córica, 2002; Cansanello, 2002) baste relacionarlo hoy en día con niños y adolescentes de los barrios marginales que, por ejemplo en la ciudad de Santa Rosa, no pueden acceder al centro de la ciudad porque son sistemáticamente demorados por averiguación de antecedentes y/o medios lícitos de vida (5), verdugueados, molestados y detenidos por agentes de la policía provincial (Bompadre, 2003). Las continuidades del poder siguen operando, aunque cambien los nombres y la geografía se desplace.

Luego de muerto, a Vairoleto le atribuyen poderes que lo convierten en un “santo pagano” donde su tumba es objeto de culto sistemático (Chumbita, 1974), y al “Frente” Vital también, según dicen en la villa le asignan la capacidad de doblar las balas de la policía y su tumba recibe el alcohol derramado como ofrenda de aquellos a quienes “el Frente” deberá proteger y salvar de la muerte, convirtiéndose en el “santo de los pibes chorros” (Alarcón, 2004), revelando la moral vigente de un sector social (Míguez, 2004). Juan Bautista dejó las iniciales de su nombre gravadas a tiros en algún molino de la provincia de La Pampa (Chumbita, 1999) y Víctor Manuel tenía la “V” grabada en las ampulosas zapatillas que bajo una nueva estética ahora usan los pibes chorros (Alarcón, 2004); ambos, utilizaban sus nombres como simbología del poder y un reconocible orden que les seguía tras sus pasos. Ambos habían aprendidos historias y códigos de sus mayores. Ambos contaban con una extensa red social de protección y un preciso saber sobre los circuitos necesarios para escapar de la policía, curarse las heridas o preparar los futuros golpes. Y ambos se animaron.

Etchenique expresó que la vida de los Bandidos Rurales durante buena parte del tiempo no se diferencia notoriamente de la del resto de los paisanos, hacheros, peones, chacareros, etc.; y que en todo caso los Bandidos Rurales son los que en determinado momento se animan a dar el paso hacia delante (6). En este sentido también los estudios empíricos cualitativos establecen que las actividades de los Pibes Chorros se divide en trabajo informal, changas y delito (Tonkonoff, 2001; Kessler, 2002a y 2002b). Si bien pareciera que los Bandidos Rurales no se dedican a tiempo completo a robar a los ricos y a desagraviar el honor de los sometidos frente a los poderosos, tampoco los Pibes Chorros se la pasan todo el día robando. Dando por descontado que los tiempos cambiaron desde aquella época a la actual (Minujín, 1993; Ascuy, 1994; Minujín y Kessler, 1995; Beccaria y López, 1997; Lo Vuolo, 1998; Lumerman, 1998; Bauman, 1999; Svampa, 2000; Young, 2001; Beccaria, 2001 y 2002; Stolowicz, 2002; Isla, 2002; Míguez, 2002; Torrado, 2004), no menos cierto es la pregunta que me hice desde que comencé a relacionar estas dos formas de manifestaciones sociales: ¿Por qué nos provoca tanta admiración el gaucho que se anima a enfrentarse contra un orden injusto?, ¿por qué provoca tanta repulsión la vida de los bandidos urbanos?

La mirada convencional nos plantea la violación -de los protagonistas de este artículo- al orden establecido, volviendo la situación a la guerra de todo hombre contra todo hombre (Hobbes, 1997); sin embargo, una visión distinta parte de comprender la guerra de todo hombre contra todo hombre continuada y canalizada a través de las instituciones sociales, invirtiéndose la famosa frase de von Clausewitz “la guerra es la continuación de la política por otros medios”, por la foucaultiana que establece que “la política es la continuación de la guerra por otros medios” (Foucault, 2001), con lo cual nuestros protagonistas no vendrían a irrumpir un cierto orden libremente convenido, sino, todo lo contrario: rebelarse frente a un orden impuesto por la fuerza, lo cual está muy lejos de que lo consideremos una forma prerrevolucionaria de la violencia (Carri, 2001).


Notas.

(*) Ponencia presentada en el IV Seminario Nacional e Internacional de Derecho Penal y Criminología Comisión III: Criminología. Discursos y prácticas político criminales hegemónicas en la Argentina Actual. Universidad Nacional de La Pampa, Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas, 21, 22 y 23 de octubre de 2004.

(1). Esta idea fue expresada por Jorge Etchenique en la charla que brindó sobre Marcos Vallejos en el Salón del Concejo Deliberante de Santa Rosa, en el marco de las jornadas sobre Bandidos Rurales organizadas por la Asociación Pampeana de Escritores (APE), el día viernes 11 de junio del año 2004.

(2). Gobierno en el sentido de capacidad de estructurar las posibles conductas de los otros, los gobernados, véase Foucault, “The Subject and Power”, 1983.

(3). Esta idea fue expresada por Hugo Chumbita en la charla que brindó sobre Juan Bautista Vairoleto en el Salón del Concejo Deliberante de Santa Rosa, en el marco de las jornadas sobre Bandidos Rurales organizadas por la Asociación Pampeana de Escritores (APE), el día viernes 11 de junio del año 2004.

(4). Véase nota 1. Sobre el tema puede consultarse Blando, Detención policial por averiguación de antecedentes, 2000; Caravelos y Córica, “La detención por averiguación de Antecedentes”, 2002; y Caravelos, “Documentos, por favor. La policía en las calles”, 2003, también Carrió, “Pelilargos y edictos policiales (o el caso ´Melena vamos´)”, 2000; para la situación en Chile, ver Baeza Urbina, “Control de identidad”, 2001.

(5). Artículo 9º, inciso 3); de la Ley Orgánica de la Policía de la Provincia de La Pampa.

(6). Véase nota 1.


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ENLACES RELACIONADOS EN ESTE BLOG:

Criminología. Breve introducción.

La delincuencia juvenil

Reflexiones en torno a la protesta piquetera

El delincuente, ¿nace ó se hace?

29 enero, 2008

Reflexiones en torno a la protesta piquetera


PIQUETEROS Y PIQUETES COMO FORMA DE RECLAMO SOCIAL.

“Los piqueteros son activistas, más o menos organizados, que pertenecen al movimiento social iniciado por trabajadores desocupados en la Argentina a mediados de la década del '90, poco antes de que la crisis económica provocada por la desindustrialización y reducción de las exportaciones argentinas estallara en 1998, dando lugar a un período de grave recesión que llevaría al gobierno de Fernando de la Rúa a un fin anticipado".

"Nacidos como una agrupación ad hoc formada para canalizar la protesta contra los despidos de trabajadores en la empresa del Estado Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF, luego absorbida en el conglomerado internacional Repsol YPF) en la provincia argentina de Neuquén, los cortes de ruta ("piquetes") realizados como medio de protesta dieron su nombre a los numerosos movimientos de desempleados que se han institucionalizado progresivamente, formando la contrapartida obrera a los cacerolazos empleados por la clase media para expresar su descontento con la acción gubernamental".

"Los movimientos de desocupados han jugado un papel político importante en estos últimos años, trabando alianzas con los principales operadores políticos —en especial las distintas facciones del peronismo y los distintos movimientos de izquierda, lo que a la vez ha dado lugar a una cierta fragmentación de los mismos y a su reintroducción en las reglas del juego político tradicional argentino, en que las organizaciones de trabajadores desempeñaron un papel importante. Desde la derecha política y la clase media han sido objeto de críticas a veces feroces, acusándolos de estar asociados a la delincuencia organizada y promoviendo la toma de medidas violentas contra sus manifestaciones, calificadas de criminales.” (Extraído de wikipedia)

Esta tendencia a la criminalización de la protesta piquetera se debe a que se considera que son responsables de la interrupción de servicios públicos, atentan contra el derecho constitucional a la libre circulación, etc. Todo lo cual provoca el descontento de los trabajadores quienes afirman que de ese modo los perjudican, personal y laboralmente.

Sin embargo no todos comparten este criterio. Un análisis realizado por el Dr. Guido Idelmar Risso (Ver original aquí) en ocasión de un fallo de la Justicia Federal de Salta que ordenó la detención de varios “piqueteros” alegando que eran “responsables de los delitos reiterados y sistemáticos de interrupción de los servicios públicos, consumados mediante la ocupación de la ruta nacional Nº 34, en las adyacencias de ambas ciudades del norte argentino”, menciona que “la modalidad piquetera de protesta se constituye como una de las nuevas expresiones de movilización social, generada por un sistema socioeconómico que bloquea para muchos sectores sociales el goce de derechos primarios que tienen relación con necesidades elementales, imponiéndoles así, a las personas, una cierta capacidad económica como condición para acceder al ejercicio de ciertos derechos”

Dice además que, si bien es cierto que al tener lugar en espacios públicos, estas protestas perjudican a quienes quieren transitar, “debe prevalecer el derecho a la protesta, pues, por encima de la momentánea incomodidad del corte, está presente un derecho más gravitante: el derecho a la dignidad de tener la legítima posibilidad de obtener el sustento con el trabajo, o bien, el derecho a no vivir en la miseria material y la miseria moral generada por la resignación y la pasividad ante los infortunios”, concluyendo que “constituye un absurdo jurídico considerar que el legítimo ejercicio del derecho de reunión y petición a las autoridades significa violencia, tan sólo por que se interrumpe, en forma momentánea, el derecho a la circulación en defensa de derechos jerárquicamente superiores”. Pero aclarando que “la modalidad de protesta piquetera se encuentra amparada por la letra y el espíritu de la Constitución nacional, siempre que en el ejercicio de la acción no se promocionen o cometan actos hostiles y violentos, aunque se encuentren vinculados a la consigna de lucha”

El “Piquete” actualmente no es exclusividad de grupos de desocupados reclamando por despidos ó por planes sociales: se ha convertido en una herramienta de protesta por motivos ecológicos, en reclamo de justicia ante un delito, etc. Esto se debe a que los manifestantes encuentran en dicha modalidad de protesta una vía de publicidad para problemas que los aquejan y que no reciben la atención que ellos creen que merecen.

La efectividad de los piquetes es muchas veces discutida, pero además se cuestiona el hecho de que muchos de estos movimientos sociales se han acercado a los sectores gubernamentales, obteniendo beneficios y obrando, entonces, en función de los intereses de estos (en Argentina, el término utilizado es “transan”), como ya se mencionara al principio. Esto está asociado, dicen los defensores de la modalidad de protesta, a una campaña mediática de deslegitimización, impulsada por los sectores en contra.

No obstante esta crítica, desde un punto de vista objetivo, la protesta piquetera se encuentra amparada en la constitución nacional, y cualquier intento de criminalización sería un ataque contra una forma democrática de reclamo.


Más sobre piquetes y piqueteros en:

http://www.clarin.com/diario/especiales/piqueteros/index.html

http://lavboratorio.fsoc.uba.ar/textos/19_5.htm

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La delincuencia juvenil

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El delincuente, ¿nace ó se hace?

19 enero, 2008

La delincuencia juvenil

De: Jesús Morant Vidal
Fecha: Julio 2003
De: http://noticias.juridicas.com

1. Introducción.

Sin lugar a dudas, la delincuencia juvenil es uno de los fenómenos sociales más importantes que nuestras sociedades tienen planteados, y es uno de los problemas criminológicos internacionalmente preferidos desde el siglo pasado, pues, las manifestaciones de la conducta que llaman socialmente la atención de forma negativa pueden observarse, por lo general, mejor entre los jóvenes que en la población adulta. Además, es importante tratar la delincuencia juvenil de hoy como posible delincuencia adulta de mañana.

La delincuencia juvenil es un fenómeno de ámbito mundial, pues se extiende desde los rincones más alejados de la ciudad industrializada hasta los suburbios de las grandes ciudades, desde las familias ricas o acomodadas hasta las más pobres, es un problema que se da en todas las capas sociales y en cualquier rincón de nuestra civilización.

El objeto de este trabajo se va a centrar en el estudio de las siguientes cuestiones:

· Concepto de delincuencia juvenil y su distinción de otros conceptos afines.

· El perfil del delincuente juvenil.

· Volumen y tipología de delitos en la delincuencia juvenil.

· La delincuencia juvenil femenina y su comparación con la masculina.

· Delincuencia juvenil y movimientos migratorios.

· Recomendaciones con respecto al problema de la delincuencia juvenil.

2. Concepto de delincuencia juvenil y su distinción de otros conceptos afines.

Definir lo que constituye delincuencia juvenil resulta ciertamente problemático. Mientras en algunos países la delincuencia juvenil es una calificación que se obtiene de aplicar definiciones del Código Penal cuando esas infracciones son cometidas por menores de edad, en otros, la delincuencia juvenil incluye una gran variedad de actos en adición a los que se encuentran enumerados en sus leyes de fondo. De tal suerte, las figuras estadísticas de ciertos países se encuentran artificialmente abultadas en lo que respecta a la delincuencia juvenil, mientras que en otros no reflejan esas figuras, sino un limitad número de conductas desviadas (1).

La cuestión sobre el concepto de delincuencia juvenil nos obliga, ante todo, a esclarecer dos conceptos: delincuencia y juvenil (2).

Ante todo, siempre se ha considerado que la delincuencia es un fenómeno específico y agudo de desviación e inadaptación (3). En este sentido, se ha dicho que "delincuencia es la conducta resultante del fracaso del individuo en adaptarse a las demandas de la sociedad en que vive" (4), definición que realmente significa todo y nada, en cuanto cabe preguntarse si se refiere a todas las demandas y, si a unas cuantas, cuáles, y si realmente puede esperarse que toda persona, sea menor o adulta, se adapte, sin más, a las demandas de una sociedad dada.

Pese a que por influjo de la escuela clásica del Derecho penal y el positivismo psicobiológico, ha sido frecuente considerar el fenómeno de la delincuencia como una realidad exclusivamente individual; sin embargo, actualmente la mayoría de los criminólogos afirman que la delincuencia es un fenómeno estrechamente vinculado a cada tipo de sociedad y es un reflejo de las principales características de la misma, por lo que, si se quiere comprender el fenómeno de la delincuencia resulta imprescindible conocer los fundamentos básicos de cada clase de sociedad, con sus funciones y disfunciones.

Las modificaciones producidas en el ámbito de la punibilidad, especialmente visibles a través de la delincuencia de tráfico, económica y contra el medio ambiente, parecen hablar a favor de la tesis de la dependencia cultural del concepto de delito mantenida ya por HEGEL en 1821. Pero por muy correcta que sea esta hipótesis, en al misma medida y amplitud parece estar necesitada de concreción, pues no permite explicar por qué y en qué dirección cambia dentro de una época el concepto de delito, incluso tiene que cambiar, y, además, por qué el ámbito de lo punible puede configurarse de modo muy diferente dentro de un círculo cultural. De todas formas, apunta KAISER, cabe inferir d aquella concepción la consecuencia de que subyace a la declaración de punibilidad de un determinado comportamiento social en un país, y por cierto en contraste con el concepto del delito en países vecinos (5).

Teniendo en cuenta lo que ha quedado expuesto, HERRERO HERRERO define la delincuencia como el fenómeno social constituido por el conjunto de las infracciones, contra las normas fundamentales de convivencia, producidas en un tiempo y lugar determinados (6).

Por su parte, LÓPEZ REY nos ofrece un concepto conjunto de delincuencia y criminalidad como fenómeno individual y socio-político, afectante a toda la sociedad, cuya prevención, control y tratamiento requiere de la cooperación de la comunidad al mismo tiempo que un adecuado sistema penal (7).

Visto el concepto de delincuencia, resulta necesario delimitar el adjetivo de juvenil, es decir, ¿cuándo la delincuencia es juvenil?. Vaya por delante que no podemos emplear al objeto de este trabajo el significado etimológico de tal adjetivo, pues desde este punto de vista, quiere decir lo relacionado con la juventud. Y no es aplicable, decimos, este concepto etimológico, porque dentro del campo de las ciencias penales viene entendiéndose por delincuencia juvenil la llevada a cabo por personas que no han alcanzado aún la mayoría de edad (8), mayoría de edad evidentemente penal, pues no en todos los países coincide la mayoría de edad penal con la mayoría de edad política y civil, y que supone una frontera o barrera temporal que tanto la conciencia social como la legal han fijado para marcar el tránsito desde el mundo de los menores al mundo de los adultos.

Lo expuesto, permite afirmar a HERRERO HERRERO que el término delincuencia juvenil es un concepto eminentemente socio-histórico (9). Y en este sentido, GARRIDO GENOVÉS define al delincuente juvenil como una figura cultural, porque su definición y tratamiento legal responde a distintos factores en distintas naciones, reflejando una mezcla de conceptos psicológicos y legales. Técnicamente, el delincuente juvenil es aquella persona que no posee la mayoría de edad penal y que comete un hecho que está castigado por las leyes (10).

En opinión de GÖPPINGER, en el ámbito de la criminología el concepto de joven debe ser entendido en un sentido amplio, abarcando las edades comprendidas entre los 14 y los 21 años, haciendo dentro de este tramo de edades una subdivisión entre jóvenes y semiadultos (11).

En nuestro vigente Código Penal aprobado por L.O. 10/1995, de 23 de noviembre, la mayoría de edad penal quedó fijada en los 18 años de edad (12), si bien, en la L.O. 5/2000, de 12 de enero, reguladora de la Responsabilidad Penal de los Menores se contempló la posibilidad de aplicar las disposiciones de la misma a los mayores de 18 y menores de 21 años cuando concurrieran las circunstancias previstas en el art. 4 de la citada Ley Orgánica (13). Sin embargo, esta novedad quedó suspendida en cuanto a su aplicación por un periodo de dos años a contar desde la entrada en vigor de la misma en virtud de la Disposición Transitoria Única de la L.O. 9/2000, de 22 de diciembre, sobre medidas urgentes para la agilización de la Administración de Justicia (14). Cuando parecía que por fin se aplicaría la Ley de Menores a los mayores de 18/ y menores de 21 años en los casos contemplados en el art. 4 de la misma, recientemente, se ha aprobado la Ley Orgánica 9/2002, de 10 de diciembre, de modificación de la Ley Orgánica 10/1995, de 23 de noviembre del Código Penal, y del Código Civil, en materia de sustracción de menores, en la cual se ha optado por dejar en suspenso la posibilidad de aplicar las disposiciones de la Ley Orgánica 5/2000 a los mayores de 18 y menores de 21 años hasta el 1 de enero de 2007 (15). Por tanto, las disposiciones de la L.O. 5/2000, de 12 de enero van a ser aplicables a los mayores de 14 y menores de 18 años presuntamente responsables de la comisión de infracciones penales, en tanto que a los menores de 14 años les serán de aplicación las normas sobre protección de menores previstas en el Código Civil y en la Ley Orgánica 1/1996, de 15 de enero, de Protección Jurídica del Menor.

En definitiva, y teniendo en cuenta todo lo expuesto, podemos definir la delincuencia juvenil en España como el fenómeno social constituido por el conjunto de las infracciones penales cometidas por los mayores de 14 años y menores de 18.

Sentado el concepto de delincuencia juvenil, debemos diferenciarlo de otros conceptos próximos o afines, fundamentalmente de aquellos que por tener un terreno común con la delincuencia como es la noción de conflicto social, entendido por COSER como la lucha por los valores y por el status, el poder y los recursos escasos en cuyo proceso las partes enfrentadas optan por anular, dañar o eliminar a sus contrarios (16); se prestan con frecuencia a la confusión. Tales conceptos son los de desviación, marginación y anomia.

COHEN y MERTON han definido la desviación como el comportamiento o conducta que viola el código normativo observado por un grupo y que éste espera sea cumplido por el individuo, que ahora se convierte en sujeto activo de la citada trasgresión. Todo ello es fruto del rompimiento, por parte de este individuo, con el sistema establecido (17).

La marginación social puede ser entendida como la situación psicosocial en la que se ve envuelta una persona en virtud de la insuficiencia de recursos, la precariedad o total ausencia de status social y la exclusión total o parcial de las formas de vida mínimamente próximas a las del modelo prevalente en la comunidad.

La marginación no puede confundirse con situación delincuencial, aunque sí es cierto que, con gran frecuencia conduce a ella (18).

La anomia, que etimológicamente significa sin ley, es en realidad un caso específico de desviación, porque los comportamientos disconformes tiene origen, en muchas ocasiones, en un contexto anómico.

Es una situación que puede surgir en periodos de rápida transformación social y política en los que resulta difícil saber qué pautas o normas sociales y jurídicas deber ser seguidas.

Dentro de este ámbito de anomia debe incluirse también la situación de la persona que PARK califica de marginal, que vive a caballo entre dos o más culturas diferentes, siguiendo unas veces las pautas de una y otras, como es el caso de las minorías étnicas (gitanos, etc.) (19).

3. El perfil del delincuente juvenil.

La doctrina especializada está haciendo hincapié en los últimos años, en la importancia de subrayar los aspectos cognitivos interpersonales en la descripción del carácter del delincuente juvenil, como una prometedora vía tanto para establecer eficaces programas de prevención como para elaborar modelos educacionales que permitan una eficaz reeducación. Juntamente con ello, las mayoría de los estudios descriptivos de la carrera delictiva señalan una serie de factores individuales y biográficos que caracterizan al delincuente juvenil y que llevan a la conclusión de que el delincuente juvenil es una persona con un gran conjunto de deficiencias, y una de ellas es que comete delitos. Entre tales factores podemos citar, sin ánimo exhaustivo, los siguientes (20):

· Impulsivo.

· Con afán de protagonismo.

· Fracaso escolar.

· Consumidor de drogas.

· Baja autoestima.

· Familia desestructurada.

· Clase baja.

· Falto de afectividad.

· Agresivo.

· Sin habilidades sociales.

· Poco equilibrio emocional.

· Inadaptado.

· Frustrado.

Atendiendo a sus rasgos peculiares de personalidad o de índole psicosocial, el profesor HERRERO HERRERO (21) señala tres categorías tipológicas de los menores delincuentes:

1.- Una primera categoría de jóvenes delincuentes vendría definida por rasgos de anormalidad patológica, fundamentalmente:

· Menores delincuentes por psicopatías: aquí el punto de referencia lo constituye la existencia de alguna de las formas de psicopatía, entendida por HARE como la patología integrada, conjuntamente, de la incapacidad de quien la padece de sentir o manifestar simpatía o alguna clase de calor humano para con el prójimo, en virtud de la cual se le utiliza y manipula en beneficio del propio interés, y de la habilidad para manifestarse con falsa sinceridad en orden a hacer creer a sus víctimas que es inocente o que está profundamente arrepentido, y todo ello, para seguir manipulando y mintiendo.

Consecuencia de ello, es que el menor es incapaz de adaptarse a su contexto y actuar como tal, porque el trastorno de la personalidad que sufre, le impide inhibirse respecto de conductas o comportamientos contrarios a las normas.

El menor psicópata tiende a perpetrar actos antisociales según la orientación nuclear de la propia psicopatía, siendo de destacar en este sentido los actos que expresan frialdad y crueldad por parte del sujeto.

· Menores delincuentes por neurosis: la neurosis consiste en una grave perturbación del psiquismo de carácter sobrevenido y que se manifiesta en desórdenes de la conducta, pudiendo ser su origen muy diverso como fracasos, frustraciones, abandono o pérdida de seres muy queridos, etc.

Criminológicamente, el neurótico trata de hacer desaparecer la situación de angustia que sufre cometiendo delitos con el fin de obtener un castigo que le permita liberarse del sentimiento de culpabilidad que sobre él pesa, y esto es también válido para el menor neurótico, aunque sean muchos menos que los adultos.

· Menores delincuentes por autoreferencias subliminadas de la realidad: aquí se incluyen los menores que, por la confluencia de predisposiciones psicobilógicas llegan a mezclar fantasía y juego de una forma tan intensa que empiezan a vivir fuera de la realidad. Es precisamente ese estado anómalo el que puede conducirlos a cometer actos antisociales.

2.- Una segunda categoría integrada por jóvenes con rasgos de anormalidad no patológica, y en la que entrarían:

· Menores delincuentes con trastorno antisocial de la personalidad: se trata de menores cuyas principales son la hiperactividad, excitabilidad, ausencia de sentimiento de culpa, culpabilidad con los animales y las personas, fracaso escolar, y son poco o nada comunicativos.

Una de las principales causa de este trastorno es la ausencia o la figura distorsionada de la madre, aunque tampoco ha de infravalorarse la disfuncionalidad del rol paterno, pues según algunos trabajos, el crecer sin padre acarrea al niño nocivas consecuencias que afectan al campo de la delincuencia.

En muchos casos se trata de menores que viven en la calle, en situación de permanente abandono, porque nos encontramos con menores que, a su edad, acumulan graves frustraciones, rencores y cólera contra la sociedad,; y que tienen un mismo denominador común: el desamor, la falta de comprensión y de cariño, así como de atención y cuidado de sus padres.

En definitiva, son jóvenes con una desviada socialización primaria que acaba por abocarles a la delincuencia.

· Menores delincuentes con reacción de huida: En este caso se trata normalmente de menores que han sufrido maltrato en el hogar y por ello abandonan el mismo. Son menores psicológicamente débiles, y que en lugar de responder a la agresión, eligen la huida sin plazos, y casi siempre sin rumbo.

Ese alejamiento les hace propicios al reclutamiento por parte de los responsables de la delincuencia organizada, que les escogen para llevar a cabo actuaciones simples pero de gran riesgo como el transporte de drogas en su propio cuerpo.

3.- En una tercera categoría incluye HERRERO HERRERO a aquellos menores delincuentes que presentan rasgos de personalidad estadísticamente normales o próximos a la normalidad. Son aquellos afectados por situaciones disfuncionales que no perturban de manera especialmente anormal, ni la conciencia, ni la capacidad espontánea de decisión ni la emotividad o afectividad. esta sería la categoría que englobaría a la mayor parte de los menores delincuentes, entre los que podemos incluir, sin ánimo exhaustivo, los siguientes:

· Aquellos que llevan a cabo simples actos de vandalismo, ataques al mobiliario urbano, etc., como consecuencia de las perturbaciones psicobiológicas que producen la preadolescencia y la adolescencia por motivos de desarrollo y cambio.

· Los que cometen pequeños hurtos, robos o fraudes por motivos de autoafirmación personal frente a compañeros, creyendo suscitar en ellos admiración.

· Los que cometen delitos contra el patrimonio o la indemnidad sexual por puro placer, siendo incapaces de resistir a sus estímulos seductores.

· Los que delinquen para satisfacer meras apetencias consumistas.

Respecto a la procedencia social de los delincuentes juveniles, los investigadores han convenido, por lo general, en que las personas de la clase social ínfima están superrepresentadas, y las de las clases medias subrerepresentadas en los grupos de delincuentes, pero la verdadera magnitud de la propensión de cada clase no está clara del todo.

En este sentido ya señalaba WEST que uno de los factores importantes que tienen probabilidad de poner en marcha el mecanismo que puede llevarnos a cualquiera a ser delincuente, es la baja categoría en el sistema de las clases sociales, la deficiencia en la educación, la pobreza, un ambiente familiar inadecuado o perturbado, la residencia en un mal vecindario y pertenencia a una familia numerosa. Así, destacaba que entre las familias de la clase más baja, muchas residían en barrios miserables, no limitaban el número de hijos y sufrían pobreza y falta de educación. Dicho con otras palabras, los factores adversos tendían a presentarse todos juntos y a actuar recíprocamente uno sobre otros hasta el punto de crear una situación generadora de delitos (22).

Sin embargo, ya por entonces, algunos autores ya desafiaban la opinión de que el comportamiento delictivo es más preponderante entre jóvenes de clase inferior, y explicaban el hecho de que estuvieran más representados ante los Tribunales en mayor número diciendo que las clases bajas están más expuestas a ser detenidas y llevadas ante la justicia por malas acciones que serían juzgadas de otro modo si fueran cometidas por personas de la clase media o alta. En este sentido, SHORT y NYE ya advertían en 1959 que los jóvenes norteamericanos de escuelas superiores y de clase alta, según sus propios relatos, se comportaban igualmente mal. Igualmente, AKERS, en un estudio realizado en 1964 sobre 1000 estudiantes de la escuela superior de Ohio, confirmó que no existía ninguna relación importante entre la incidencia de la delincuencia confesada y la categoría socio-económica (23).

Centrando esta cuestión al caso español, parece que debemos ir desterrando la creencia de que las conductas antisociales y delictivas son exclusivas de determinadas zonas conflictivas existentes en nuestras ciudades. Así, si nos atenemos a los resultados del trabajo "La delincuencia juvenil en España. Autoinforme de los jóvenes" elaborado durante los años 1992 y 1993 por un equipo de investigadores de la Universidad de Castilla La Mancha, se observa que la prevalencia total de conductas delictivas resultó ser más baja entre los jóvenes de las zonas problemáticas, definidas como peligrosas por los servicios de seguridad y las fuerzas de seguridad locales. A nivel de conductas concretas, esta tendencia solo se invertía para el consumo de drogas duras, la venta de drogas blandas y viajar en tren sin pagar. Solamente en este último caso la diferencia estadística era significativa a favor de los jóvenes de las zonas problemáticas. Por tanto, las relaciones significativas de algunos delitos con un nivel socioeconómico alto y medio-alto y con un nivel de estudios alto debe suponer una nueva visión del panorama delictivo de los jóvenes, apoyada además por otros estudios sobre la etiología de la delincuencia juvenil (24).

4. Volumen y tipología de delitos en la delincuencia juvenil.

La descripción del repertorio de conductas delictivas que cometen los jóvenes de nuestro tiempo, es, sin duda, una cuestión esencial del presente trabajo, pues ello, nos va a permitir conocer mucho más sobre las costumbres y usos conductuales de los jóvenes españoles.

Sin lugar a dudas, la adolescencia es una etapa difícil en el desarrollo humano que produce un gran número de conductas conflictivas, de ahí que, según resultados obtenidos, un 81,1 % (incluyendo el consumo de drogas) de los jóvenes haya admitido haber cometido algún tipo de delito alguna vez en su vida (25). Asimismo, no podemos obviar que, de acuerdo con la estadística comparada oficial de los países de nuestra área de cultura, la delincuencia juvenil se aproxima, en cuanto al volumen, al 15% de la delincuencia general total, si bien las estadísticas de algunos de esos países, como es el caso de Francia, llegan al 22% (26).

El análisis del volumen de la delincuencia juvenil en España, según los datos estadísticos proporcionados por el Ministerio del Interior, nos dice que, en el año 2000, el número de detenidos fue de 212.000 dentro de la delincuencia en general, siendo los detenidos, dentro de la delincuencia juvenil, 27.117 para ese mismo año; por lo que los delincuentes juveniles representarían en torno al 12% de la delincuencia total (27).

Por lo que respecta al tipo de delitos cometidos, los datos que nos ofrece el año 2000 son los siguientes (28):

La conclusión que podemos extraer de estos datos es que las infracciones más destacables son: los delitos contra las personas (homicidios, lesiones y delitos contra la libertad sexual); los delitos contra la salud pública (tráfico de estupefacientes); y los delitos contra el patrimonio (robos con violencia o intimidación, robos con fuerza, sustracciones en interior de vehículos, tirones, sustracción de vehículos...).

Otra de las cuestiones claves al hablar de conductas delictivas sería la reincidencia. En este sentido, los datos procedentes de la investigación realizada en los Tribunales de Justicia reflejan que los porcentajes de reincidencia son muy pequeños; en la jurisdicción de menores se mueven entre el 16,7% para los de 12-13 años, el 18,1 para los de entre 14 y 15 años y un 2,4% para los de 16 y 17 años; si bien, no obstante, estos son los datos que hacen referencia a los antecedentes penales de estos jóvenes, esto es, sujetos sobre los que previamente ha recaído una sentencia penal firme y ejecutada (29).

Por lo que respecta a la multirreincidencia, el estudio elaborado por RECHEA ALBEROLA y FERNÁNDEZ MOLINA, ofrece los siguientes resultados en cuanto a la historia criminal de los sujetos y por grupos de edad (30):

Los datos ofrecidos muestran que el porcentaje de sujetos que son delincuentes primarios es muy elevado, oscilando entre un 93 y un 84,9 % en función de la edad, mientras que en lo que respecta a la multirreincidencia, los datos oscilan entre el 2,8 % en los más pequeños y el 6,5 % en los de 16-17 años, siendo éste un porcentaje de sujetos con una historia criminal muy enconada que necesitaría de un tratamiento intensivo, por lo que se trata de un dato nada desdeñable (31).

5. La delincuencia juvenil femenina y su comparación con la masculina.

La delincuencia juvenil femenina comenzó a estudiarse específicamente a finales de los años 60, momento en el que, con el movimiento de liberación de la mujer, se comienza a percibir socialmente un aumento considerable de la misma.

Como principales teorías acerca de la delincuencia femenina podemos destacar, fundamentalmente, las siguientes:

· Teorías clásicas: biológicas, psicoanalíticas y psiquiátricas.

· Teorías intermedias de índole individualista con proyección social: Thomas, Pollack, Cowie.

· Teorías de carácter social: enfoque funcionalista (teoría del rol y teoría de la igualdad de oportunidades) y enfoque crítico (teoría del control social y teoría de la dependencia económica).

Las teorías clásicas trataron de explicar el fenómeno de la delincuencia femenina sobre la base de aspectos individuales, bien de contenido biológico (anormalidades bioantropológicas, desarrollo sexual, etc.), bien de contenido psicoanalítico o psiquiátrico, en los que subyacía siempre la equiparación entre delincuencia femenina y trastornos biológicos o psíquicos.

Y, pese a haber sido superadas científicamente, lo cierto es que estas teorías están fuertemente arraigadas en la sociedad y han influido notoriamente en los trabajos criminológicos hasta épocas recientes, como en SMART, quien concibe a la mujer delincuente como una enferma mental.

La evolución de la criminología y el rechazo del determinismo biológico-individual dio paso a teorías de carácter social, que han servido de base a las actuales teorías sobre la delincuencia femenina. Entre ellas podríamos citar los estudios sobre la Ecología Criminal, el Aprendizaje Social o la Teoría del Etiquetado.

Pero, sin duda alguna, las mayores aportaciones de la criminología al estudio de la delincuencia femenina han llegado con las Tesis Funcionalistas y la Criminología Crítica.

En el caso de las teorías funcionalistas (entre ellas, especialmente, la teoría del rol y la teoría de la igualdad de oportunidades), el mayor interés ha consistido en explicar el aumento que ha experimentado la delincuencia femenina y los cambios en las formas de comisión de los delitos; mientras que la criminología crítica (especialmente con la teoría del control social y teoría de la dependencia económica) ha mostrado interés por el estudio de la influencia del control social, formal e informal, que recibe la mujer sobre su conducta criminal (32).

En nuestro país, los trabajos de carácter empírico sobre la delincuencia juvenil femenina y su evolución son ciertamente escasos, por lo que, podemos decir que, a pesar del avance experimentado por la criminología, se continúa trabajando con la idea tradicional de que el delito femenino responde a los mismos modelos que el masculino, aun a sabiendas de las diferencias que existen entre ambos sexos.

Sin embargo, sí quiero destacar el trabajo llevado a cabo en este campo por la Unidad de Investigación Criminológica de la Universidad de Castilla La Mancha sobre la comisión de algunos actos delictivos y predelictivos en la población femenina española de 14 a 21 años. Sobre una muestra de 2.100 sujetos, de 14 a 21 años, compuesta al 50% por hombres y mujeres, distribuidos homogéneamente en cuatro grupos de edad (14-15, 16-17, 18-19, 20-21), los resultados nos ofrecen las siguientes conclusiones (33):

1. Ante todo, el comportamiento problemático de las chicas responde, en general a las mismas características que el comportamiento de los jóvenes de su edad.

2. Un 89,1% de las chicas han llevado a cabo "alguna vez" al menos una de las conductas estudiadas por los investigadores de la UCLM.

3. Las conductas con mayor prevalencia son, en ambos sexos, aquéllas que podríamos definir como transgresoras de las normas, pero que no podemos calificar de delictivas, tales como consumir alcohol, faltar a clase, vandalismo, etc; siendo además la incidencia media, similar en ambos grupos de jóvenes.

4. También se observa que ambos sexos tienden a realizar estas conductas en compañía de otros amigos, dato este, que confirma la importancia del grupo en muchos de los comportamientos juveniles, y corrobora la tesis que afirma que la inadecuada socialización debilita los vínculos del joven con los grupos convencionales de la sociedad, como la familia, la escuela o el trabajo; y le induce a crear vínculos con grupos no convencionales o desviados, donde el joven puede encontrar reforzada su conducta desviada.

5. Las diferencias fundamentales encontradas hacen referencia a la prevalencia o tasa de participación, que es significativamente más baja en la mujer para la mayoría de las conductas y de las categorías en las que se engloban, cuando se les pregunta si lo han hecho "alguna vez" en su vida. En cambio, si nos referimos a los comportamientos realizados "en el último año", las diferencias no son tan marcadas, aunque las mujeres siguen participando menos que los chicos en todas las categorías. Asimismo, los datos revelan que las mujeres se inician en la mayoría de los comportamientos estudiados más tarde y la prevalencia comienza a decrecer a una edad más temprana, encontrando las diferencias más llamativas en el caso de las conductas violentas contra objetos y contra personas, mucho más frecuentes entre los chicos que entre las chicas.

6. Algunas de las razones que explican porqué las mujeres se muestran menos propensas a comportarse de forma problemática se encuentran el algunas variables psicosociales como el control familiar o las relaciones afectivas. Del análisis de estas variables se desprende que ciertos aspectos de la socialización de las chicas y de su estilo de vida responden a unos valores, tradicionalmente asociados a la mujer, que se consideran protectores con respecto a las conductas antinormativas. El mayor control familiar sobre con quién y cómo pasan su tiempo, su preferencia por pasar su tiempo libre en familia o pareja, y sus mejores resultados escolares, explican, en gran medida, la menor propensión de la mujer a participar en los comportamientos delictivos.

6. Delincuencia juvenil y movimientos migratorios.

El extranjero ha sido equiparado, quizás desde siempre, el enemigo del país o al malhechor. Cuando los extranjeros, como grupos extraños, resultan muy llamativos por su lengua, forma de vestir, de comportarse, etc., crece la atención, pero también el rechazo. Si los extranjeros no aparecen solos, sino incluso en gran número, puede crecer el sentimiento de miedo o peligro; temores que se acentúan en tiempos de crisis económica y extensión del desempleo, cuando llegan a adquirir la dimensión de amenaza existencial para aquellos que parecen perjudicados como nacionales autóctonos, los que quedan excluidos del ascenso económico o los que no son ya capaces de compensar su descenso social (34).

En España, se ha producido en los últimos años un fenómeno de inmigración desconocido para nosotros hasta la fecha, quizá porque siempre hemos sido un país del que la gente salía hacia otros lugares en los que labrarse un futuro más esperanzador. Pero las circunstancias parecen haber cambiado, y hemos pasado a convertirnos en un país de acogida, un país al que se dirigen muchas personas con la misma esperanza que albergaban los españoles que en su momento emigraron a Alemania o Sudamérica.

Poniendo en relación inmigración con criminalidad, es cierto que se aprecia en España, especialmente a partir de 1998, un importante aumento de la criminalidad protagonizada por extranjeros, lo cual coincide, como ya hemos apuntado, con un flujo de inmigrantes hacía nuestro país sin precedentes. Por ello, no hay que confundir inmigración con criminalidad, ni tampoco trabajadores con inmigrantes, pues un buen número de los extranjeros que arriban a España lo hacen sin estar en posesión de la correspondiente documentación administrativa, circunstancia que hace muy difícil, prácticamente imposible, que puedan encontrar, a corto plazo un trabajo. Además, muchos de ellos, ya habían cometido alguna infracción en su país o incluso ya eran delincuentes (35).

También a menudo se ha relacionado la delincuencia juvenil con la inmigración, hasta el punto que una de las líneas más importantes del pensamiento criminológico, relacionada con el Departamento de Sociología de la Universidad de Chicago, se originó a partir del estudio de la delincuencia juvenil en diversas ciudades norteamericanas en una época (primeras décadas del siglo XX) en la que las mismas recibían continuas oleadas de inmigrantes europeos, estableciendo un cierto vínculo causal entre ambos fenómenos.

Centrando la cuestión en el momento actual y en España, las detenciones de los jóvenes extranjeros en España por presuntas infracciones penales presentan la evolución que muestra el siguiente cuadro (36):

Los datos reflejados en este cuadro indican que, tras una situación similar entre 1997 y 1998, se aprecia un notable incremento de las detenciones en los años siguientes, años, en los que también hay que decirlo, la población extranjera en España se incrementa en un tercio, pasando de 609.813 a 895.720 residentes.

La explicación de los factores relacionados con la criminalidad de los extranjeros en general, así como de los jóvenes en particular, no puede reducirse a una teoría criminológica. Como en la criminalidad en general de los nacionales suelen incidir diversos factores en el sujeto, aunque finalmente sea uno el que desencadene el paso al acto. La situación es todavía más complicada en los inmigrantes. Los movimientos migratorios conllevan multitud de conflictos, frecuentemente complejos, que no se pueden sintetizar en consideraciones genéricas como, entre otras, el de la integración del extranjero (37).

Sí que me gustaría destacar, en este sentido, las conclusiones obtenidas por el profesor SERRANO GÓMEZ, quien, de un estudio sobre 70 jóvenes condenados por delito en España, obtiene como resultado, que en 23 casos se han producido movimientos migratorios de la familia; de estos, en 20 se pasa de zona rural a zona urbana, y en 3 dentro de la zona rural. Son diversos los factores que concurren en las conductas desviadas de los jóvenes como consecuencia de movimientos migratorios, que son más cuando los niños acompañan a sus padres, que cuando nacen en la nueva residencia. En todo caso, los problemas de adaptación y frustración suelen ser mayores en los inmigrantes que en los movimientos migratorios dentro del país. Lo mismo que sucede con muchos jóvenes delincuentes que se ven defraudados en una serie de perspectivas que confiaban, el problema se reproduce en los extranjeros en mayor proporción, terminando algunos bajo el control penal (38).

7. Recomendaciones con respecto al problema de la delincuencia juvenil.

A la hora de abordar la cuestión relativa a las respuestas ofrecidas frente al problema de la delincuencia juvenil, podemos destacar, en primer lugar, un tipo de respuesta radical, que partiendo de la ausencia de derechos en los delincuentes, equipara "sistema penal eficiente" con "sistema penal duro y represivo".

Este tipo de respuesta, que encuentra bastante resonancia en la opinión pública y en los medios de comunicación, ha sido empleada durante años, y en muchos países, sobretodo latinoamericanos, para sostener la tesis de que la delincuencia juvenil hay que enfrentarla recurriendo a métodos violentos, con la finalidad de defender a la sociedad, lo cual plantea la necesidad de organizar grupos paramilitares, compuestos por miembros de las fuerzas armadas, policías, grupos privados de vigilancia, comerciantes y otros ciudadanos, que actúan de forma clandestina con el fin de aplicar ajusticiamientos sobre aquellos jóvenes a quienes la sociedad juzga como "personas indeseables".

Durante mucho tiempo estos grupos han actuado con total impunidad, y con un grado tal de tolerancia que ni siquiera se preocupaban de hacer desaparecer los cuerpos; si bien es cierto que, sobretodo desde las organizaciones internacionales, se ha actuado de forma decidida contra este fenómeno con el fin de erradicarlo, ofreciendo otro tipo de alternativas con las que solucionar el problema de la delincuencia juvenil; conscientes de que los sistemas penales más represivos, caracterizados por desconocer los derechos de los acusados, no son, ni mucho menos los más eficientes para tutelar los derechos fundamentales de los ciudadanos, sino que, por el contrario, aumentan la criminalidad y la impunidad.

Junto al tipo de respuesta "radical" que acabamos de ver, se han propuesto frecuentemente soluciones más moderadas, que podemos calificar de tipo "tradicional", que parten de la idea de endurecer el sistema penal dentro de los límites constitucionales con medidas empleadas frecuentemente para combatir la criminalidad y que son:

· El aumento de la policía.

· El aumento y endurecimiento de las penas.

· El aumento del número de detenidos.

Sin embargo, y pese a que las enumeradas constituyen las respuestas más buscadas por los ciudadanos para tales fines, lo cierto es que se ha comprobado que no constituyen medios eficaces para disminuir los índices de criminalidad, ni para resolver los conflictos que provocan los hechos delictivos.

En contraposición a las respuestas "radicales" y "conservadoras" existe toda una gama de recomendaciones y directrices elaboradas por los sectores profesionales vinculados directamente son el tratamiento de los menores en riesgo (criminólogos, abogados, psicólogos, educadores, sociólogos, trabajadores sociales, etc.) cuyo propósito ha sido dirimir los conflictos provocados por la delincuencia juvenil, disminuir o atenuar este tipo de problemas y dar tratamiento y orientación a los menores, todo dentro del orden constitucional y el respeto a los derechos humanos.

Tales recomendaciones han sido extraídas a partir de las directrices marcadas por Naciones Unidas y recogidas en los siguientes textos internacionales:

· Las Directrices de las Naciones Unidas para la prevención de la delincuencia juvenil (Directrices de Riad, aprobadas por la Asamblea General de las Naciones Unidas mediante resolución 45/112).

· Reglas de las Naciones Unidas para la protección de los menores privados de libertad (Proyecto de resolución presentado a la Asamblea General de las Naciones Unidas en el Congreso sobre prevención del delito y tratamiento del delincuente).

· Reglas mínimas de las Naciones Unidas para la administración de justicia de menores (Reglas de Beijing).

· Convención de Naciones Unidas sobre derechos del niño de 20 de noviembre de 1989.

Las recomendaciones extraídas de tales textos y ofrecidas desde los citados sectores con la finalidad de resolver el problema de la delincuencia juvenil, frente a la cada vez mayor cantidad de voces que claman por resolver el conflicto con una mayor represión y violencia, han sido las siguientes:

1. La prevención antes que la represión: La mejor manera de prevenir la delincuencia juvenil es la de impedir que surjan delincuentes juveniles, para lo cual se necesitan adecuados programas de asistencia social, económica, educacional y laboral.

2. Minimizar el uso del sistema de justicia tradicional: Emplear otras vías y medios para resolver los cponflictos generados con la delincuencia juvenil antes de que intervenga el Juez. Esta minimización del uso del sistema de justicia ordinaria implica, a su vez:

- Minimizar la intervención estatal, dando mayor intervención a otros grupos de la vida social en la solución del conflicto y en la búsqueda de alternativas viables, como la familia, la escuela, la comunidad, etc.

- Minimizar al máximo el encarcelamiento o medidas de internamiento en régimen cerrado de los menores, limitándolo a circunstancias excepcionales.

3. Flexibilizar y diversificar la reacción penal: Con medidas flexibles, que se puedan ajustar y acondicionar periódicamente a las circunstancias del menor, según las condiciones, el avance y el progreso en el tratamiento o en la ejecución de la medida, podemos conseguir una mayor personalización de la medida tutelar, de manera que la reacción sea proporcional a la gravedad del caso, adaptándose a las condiciones y necesidades del menor.

4. Aplicar a los menores infractores todos los derechos reconocidos a los adultos.

5. Profesionalizar y especializar a la Policía en materia de menores, así como a los Jueces, Fiscales y Abogados: Una mejora en el aspecto técnico de estos profesionales, permitirá una mayor efectividad y eficacia en la reforma de los jóvenes delincuentes (39). Afortunadamente, en España se está funcionando en esta línea, pues existen Jueces y Fiscales especializados en la jurisdicción de menores, los Abogados necesitan ser especialistas para actuar ante esta jurisdicción, y los Policías, más en el caso de la Policía Local, reciben con cierta periodicidad cursos de formación continuada en materia de menores.

Si se avanza y profundiza en estas recomendaciones, buscando alternativas viables y aceptables para las partes en el conflicto provocado por la delincuencia juvenil; más que en buscar la represión y el castigo, medidas que solo sirven para que todos pierdan, estaremos en el camino de ofrecer respuestas realmente eficaces ante un problema que ha alcanzado tal grado de magnitud que debe servir para motivar a todos los sectores implicados en la política criminal en busca de respuestas y soluciones al mismo.

Jesús Morant Vidal.
Abogado-Asociado de J.A. MUÑOZ-ZAFRILLA & ASOCIADOS.
Profesor colaborador del Insituto Valenciano de Seguridad Pública.

Notas.

(1) David, P.R.: "Sociología criminal juvenil", Depalma, Buenos Aires, 1979, pag. 31.

(2) Herrero Herrero, C.: "Criminología (parte general y especial)", Dykinson, Madrid, 1997, pag. 359.

(3) Izquierdo Moreno, C.: "Delincuencia juvenil en la sociedad de consumo", Mensajero, Bilbao, 1980. pag. 7.

(4) Comité sobre Delincuencia Juvenil, Melbourne, 1956.

(5) Kaiser, G.: "Introducción a la criminología", Dykinson, Madrid, 1988, pags. 86 y 87.

(6) Herrero Herrero, C.: "Criminología.....", ya cit., pag. 225.

(7) López Rey, M.: "Criminología. Criminalidad y planificación de la política criminal", Madrid, 1978, pag. 10-11 y 21-38.

(8) Herrero Herrero, C.: "Criminología.....", ya cit., pag. 360.

(9) Herrero Herrero, C.: "Criminología.....", ya cit., pag. 362.

(10) Garrido Genovés, V.: "Delincuencia juvenil", Alambra, Madrid, 1986, pag. 11.

(11) Núñez Paz, M.A.; Alonso Pérez, F.: "Nociones de criminología", Colex, Madrid, 2002, pag. 306.

(12) Así se establece en el art. 19 C.P. a tenor del cual, "los menores de dieciocho años no serán responsables criminalmente con arreglo a este Código. Cuando un menor de dicha edad cometa un hecho delictivo podrá ser responsable con arreglo a lo dispuesto en la Ley que regule la responsabilidad penal del menor".

(13) Dice a este respecto el art. 4 de la LORPME lo siguiente:

"1. De conformidad con lo establecido en el artículo 69 de la Ley Orgánica 10/1995, de 23 de noviembre, del Código Penal, la presente Ley se aplicará a las personas mayores de dieciocho años y menores de veintiuno imputadas en la comisión de hechos delictivos, cuando el Juez de Instrucción competente, oídos el Ministerio Fiscal, el letrado del imputado y el equipo técnico a que se refiere el artículo 27 de esta Ley, así lo declare expresamente mediante auto.

2. Serán condiciones necesarias para la aplicación de lo dispuesto en el apartado anterior las siguientes:

a) Que el imputado hubiere cometido una falta, o un delito menos grave sin violencia o intimidación en las personas ni grave peligro para la vida o la integridad física de las mismas, tipificados en el Código Penal o en las leyes penales especiales.

b) Que no haya sido condenado en sentencia firme por hechos delictivos cometidos una vez cumplidos los dieciocho años. A tal efecto no se tendrán en cuenta las anteriores condenas por delitos o faltas imprudentes ni los antecedentes penales que hayan sido cancelados, o que debieran serlo con arreglo a lo dispuesto en el artículo 136 del Código Penal.

c) Que las circunstancias personales del imputado y su grado de madurez aconsejen la aplicación de la presente Ley, especialmente cuando así lo haya recomendado el equipo técnico en su informe.

3. Contra el auto que resuelva lo indicado en los apartados anteriores, cabrá recurso de apelación en el plazo de tres días, del que conocerá la Sala de Menores del Tribunal Superior de Justicia correspondiente, sin previo recurso de reforma. La apelación se sustanciará conforme al régimen general establecido en la Ley de Enjuiciamiento Criminal.

Del mencionado auto, una vez firme, se dará traslado al Ministerio Fiscal para la tramitación del procedimiento previsto en la presente Ley".

(14) Disposición Transitoria Única de la Ley Orgánica 9/2000, de 22 de diciembre: "Se suspende la aplicación de la Ley Orgánica 5/2000, de 12 de enero, reguladora de la responsabilidad penal de los menores, en lo referente a los infractores de edades comprendidas entre los 18 y 21 años, por un plazo de dos años desde la entrada en vigor de la misma".

(15) Concretamente, dice la Disposición Transitoria Única de la Ley Orgánica 9/2002, de 10 de diciembre, que "se suspende la aplicación de la Ley Orgánica 5/2000, de 12 de enero, reguladora de la responsabilidad penal de los menores, en lo referente a los infractores de edades comprendidas entre los 18 y 21 años, hasta el 1 de enero de 2007".

(16) Herrero Herrero, C.: "Criminología.....", ya cit., pag. 363.

(17) Herrero Herrero, C.: "Criminología.....", ya cit., pag. 365.

(18) Herrero Herrero, C.: "Criminología.....", ya cit., pag. 368.

(19) Herrero Herrero, C.: "Criminología.....", ya cit., pag. 366-367.

(20) Garrido Genovés, V.; Redondo Illescas, S.: "Manual de criminología aplicada", Ediciones Jurídicas Cuyo, Mendoza, 1997. pags. 143-144, 149.

(21) Herrero Herrero, C.: "Tipologías de delitos y de delincuentes en la delincuencia juvenil actual. Perspectiva criminológica", en Actualidad Penal, Nº 41, 2002. pags. 1089-1097.

(22) West, D.J.: "La delincuencia juvenil", Labor, Barcelona, 1957. pags. 52-53.

(23) West, D.J.: "La delincuencia ......", ya cit. Pag. 56.

(24) Rechea, C.; Barberet, R.; Montañés, J.; Arroyo, L.: "La delincuencia juvenil en España. Autoinforme de los jóvenes", Universidad de Castilla La Mancha, Albacete, 1995. pag. 38.

(25) Rechea, C.; Barberet, R.; Montañés, J.; Arroyo, L.: "La delincuencia juvenil .........", ya cit. Pag. 37.

(26) Herrero Herrero, C.: "Tipologías de delitos............", ya cit. Pag. 1069.

(27) Herrero Herrero, C.: "Tipologías de delitos............", ya cit. Pag. 1075.

(28) "Anuario estadístico del Ministerio del Interior", Madrid, 2001.

(29) Rechea Alberola, C.; Fernández Molina, E.: "Panorama actual de la delincuencia juvenil". En la obra colectiva "Justicia de menores: una justicia mayor", C.G.P.J., Madrid, 2000. pag. 361.

(30) Rechea Alberola, C.; Fernández Molina, E.: "Panorama actual........", ya cit. Pag. 362.

(31) Rechea Alberola, C.; Fernández Molina, E.: "Panorama actual........", ya cit. Pag. 362.

(32) Montañés Rodríguez, J.; Bartolomé Gutiérrez, R.; Latorre Postigo, J.M.; Rechea Alberola, C.: "Delincuencia juvenil femenina y su comparación con la masculina", En la obra colectiva "Estudios de criminología II", Universidad de Castilla La Mancha, Cuenca, 1999. pags. 253-256.

(33) Montañés Rodríguez, J.; Bartolomé Gutiérrez, R.; Latorre Postigo, J.M.; Rechea Alberola, C.: "Delincuencia juvenil .......", ya cit. Pags. 275-278.

(34) Kaiser, G.: "Introducción ........", ya cit. Pag. 289.

(35) Serrano Gómez, A.: "Delincuencia juvenil y movimientos migratorios", en Actualidad Penal, Nº 16, 2002. pag. 400.

(36) Serrano Gómez, A.: "Delincuencia .........", ya cit. Pag. 406.

(37) Serrano Gómez, A.: "Delincuencia.........", ya cit. Pag. 411-412.

(38) Serrano Gómez, A.: "Delincuencia.......", ya cit. Pag. 413.

(39) González Álvarez, D.: "Delincuencia juvenil y seguridad ciudadana", en Revista de la Asociación de Ciencias Penales de Costa Rica, Nº 13, 1997. http://www.poder-judicial.go.cr

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