11 marzo, 2009

EL CASO GIUBILEO

Por Alvaro Abós

Última entrega de esta serie que revisó la criminalística nacional.Cecilia era psiquiatra en la Colonia Open Door. La medianoche del 16 de junio de 1985 le dijo a su acompañante sus últimas palabras: “Andá tranquilo. Yo voy a descansar un rato”. Y se esfumó de la faz de la Tierra


La doctora Cecilia Enriqueta Giubileo, una psiquiatra de 39 años que trabajaba en la Colonia Open Door, situada en Torres, cerca de Luján, Provincia de Buenos Aires, fue vista por última vez la medianoche del domingo 16 de junio de 1985, cuando un enfermero y un paciente cruzaron algunas palabras con ella.

Luego, el único que la vio fue su asesino.

La desaparición de la doctora Giubileo, más allá de especulaciones e hipótesis, cosechó un espeso e impenetrable misterio.


La Colonia Open Door


A comienzos del siglo XX, un precursor de la psiquiatría argentina, el doctor Domingo Cabred, tuvo un sueño humanista, propio de aquel país que apostaba al futuro y donde se levantaban, casi de un día para otro, grandes edificios públicos, estaciones ferroviarias, puentes, teatros. Cabred fundó un asilo para albergar y curar a enfermos mentales pobres, que se hacinaban en hospitales que no estaban preparados para atenderlos o, a veces, en cárceles. El proyecto del doctor Cabred comenzó a hacerse realidad en 1906 y se inauguró oficialmente en 1915.

Cuando sucedieron los hechos, el manicomio –cuyo nombre oficial era Instituto Neuropsiquiátrico Dr. Domingo Cabred, pero al que se conocía como Colonia Montes de Oca o Colonia Open Door– ocupaba 600 hectáreas en las cercanías de un pueblo llamado Torres, en las inmediaciones de Luján, 80 kilómetros al oeste de la ciudad de Buenos Aires. No mucho tiempo atrás, Torres había sido un apeadero en el que se detenían algunos trenes para cargar y descargar tarros de leche y correspondencia. En 1985, tenía 1500 habitantes, varios centenares de los cuales prestaban servicios en Open Door. Familias enteras trabajaban en la colonia o realizaban tareas externas para esa institución. Algunos habían heredado el puesto del padre y hasta del abuelo.

Open Door era un mundo autosuficiente. Erigido en terrenos altos y fértiles, contaba con granjas, criaderos de aves, talleres. Por lo demás, a Torres, un típico pueblo de la llanura, lo rodeaban estancias y haras donde se criaban esos caballos argentinos de polo que son célebres en el mundo entero.

Open Door, que quiere decir "puerta abierta", albergaba a 1200 deficientes mentales, distribuidos en 12 pabellones alrededor de un gran edificio central, especie de castillo normando. Los pabellones estaban separados por caminos y arboledas que sombreaban casi un tercio del predio. Hasta había una laguna.

Open Door fue concebido como un asilo abierto, en el que la paz de la naturaleza atenuara el dolor. Pero no era eso.

Era una sucursal del infierno.

"Me llamo Cecilia Giubileo"

Nació en 1946. Estudió medicina en la Universidad Nacional de Córdoba, en los trepidantes años sesenta. Militó en la izquierda, participó en huelgas y movilizaciones. El Cordobazo, en 1969, la vio entre los estudiantes que gritaban consignas en las calles de La Docta. Cecilia se enamoró de un muchacho llamado Pablo Chabrol. En 1972 se casaron y se fueron a vivir a España; se radicaron en Gijón, donde Cecilia trató de revalidar sus estudios. Pero el intento duró poco. Menos de un año. El matrimonio fracasó. Ella volvió y, ya definitivamente separada, se concentró en la facultad. En 1973, la Universidad Nacional de Córdoba le entregó su diploma de médica. Residió un tiempo en Campana, donde se empleó en una clínica metalúrgica, y en 1974, cuando entró a trabajar en Open Door, se afincó en Luján. Alquiló una casa en la calle Humberto I, y un consultorio en Torres. Aquí, una placa en la calle Calderón de la Barca 770 anunciaba su nombre y su especialidad: "Clínica médica".

Cecilia Giubileo vivía sola.

La doctora era querida tanto en Luján, una pujante ciudad del oeste bonaerense, capital del catolicismo argentino, como en Torres. Trabajar en Open Door, en estrecho contacto con el dolor, era una opción humana, además de profesional. No siempre cobraba las consultas a sus pacientes particulares, algunos de los cuales no tenían con qué pagarle. En su tiempo libre, la doctora investigaba sobre el mal de Chagas; quizá planeaba un doctorado.

Cecilia era una mujer hermosa. Había teñido de rubio su pelo oscuro. Delgada –pesaba 51 kilos–, de boca sensual y ojos intensos, su risa era luminosa. Cuando desapareció, el periodismo hurgó en su vida sentimental. No fue difícil: en Luján y en Torres, todos se conocían. Cecilia había vivido varias relaciones intensas. Con un médico de Campana que le llevaba algunos años; con un contador público de la Capital con quien, al momento de desaparecer, había cortado. Con otro médico, un colega de Open Door; con él, trazó planes. La doctora había hecho inversiones: compró dieciséis hectáreas en la Sección Primera del Tigre. Según versiones, con el colega abrieron un plazo fijo a orden conjunta. La investigación escudriñó incluso sus amistades femeninas: enfermeras, empleadas de la colonia. Algunos medios insinuaron que no estaba definida la orientación sexual de la doctora. Una de sus amigas se indignó: "Si la ven con un hombre, hablan. Si tiene una amiga, hablan. Entonces, ¿una qué tiene que hacer, andar sola?"

La única confidente de Cecilia Giubileo era su madre, María Lanzetti, entonces de 60 años, viuda, que vivía en Córdoba. Las cartas que Cecilia le enviaba eran como un diario personal. Un semanario de Buenos Aires publicó algunos fragmentos. En uno de ellos, la doctora Giubileo se confesaba: "Quiero tener un hijo, formar un hogar... esperar a mi marido cuando llega del trabajo. Quiero y no puedo. No sé qué me pasa. No aguanto. Siento que me despedazo".

La doctora Giubileo estaba de guardia el domingo 16 de junio de 1985, junto con otros dos profesionales. Llegó a la colonia desde Torres manejando su Renault 6 blanco. Firmó el libro de entradas a las 21.38. El tiempo era horrible: frío y húmedo. Al atardecer había bajado una neblina extraña, como un tul.

Los médicos de guardia permanecían en uno de los edificios del predio, llamado Casa Médica, y se trasladaban a los pabellones cuando algún interno lo requería. Aquella noche, la doctora Giubileo trató a un paciente con bronquitis y fiebre alta. Luego atendió el papeleo de unos familiares que vinieron a llevarse el cuerpo de una interna, fallecida por la tarde.



A las 0.15 –ya era lunes 17–, un enfermero de apellido Novello se cruzó con Cecilia Giubileo:

–¿Alguna novedad, doctora?

–Vengo del pabellón 7 –contestó Cecilia–. Atendí una urticaria gigante.

La doctora vestía un jogging azul, con vivos claros, campera celeste y zapatillas blancas. El pabellón 7 estaba a unos quinientos metros de la Casa Médica y la doctora había hecho el itinerario a pie. Pero Cecilia no fue y volvió sola: un paciente llamado Miguel Cano la había ido a buscar y la acompañó de regreso. Aquella noche, el conmutador telefónico de la colonia no funcionaba. Los senderos estaban bien iluminados, con luces de mercurio.

Las pistas

Amaneció el 17 de junio. La colonia se despertó a la luz lechosa de ese lunes. Seguía el mal tiempo. En el estacionamiento, aún estaba el Renault de la doctora Giubileo. Fueron a buscarla, pero el dormitorio estaba vacío y la cama, sin tender. En la mesa de luz sólo encontraron un par de zapatos marrones con puntera beige. No estaba su bolso ni su maletín médico. ¿Salió del predio? ¿Alguien entró a visitarla?

Al cabo de unos días, los amigos y allegados de Cecilia, alarmados, hicieron la denuncia en la comisaría de Torres, donde quedó asentada como "búsqueda de paradero". La policía comenzó a reconstruir los movimientos de la doctora durante aquella noche. Pero todo terminaba cuando la doctora le había dicho al paciente que la había acompañado desde el pabellón 7 hasta la Casa Médica: "Andá tranquilo. Yo voy a descansar un rato".

Luego no se la vio más. No pasó nada extraño entre la noche del domingo 16 y el lunes 17 de junio de 1985 en la Colonia Open Door. Sin embargo, la doctora Giubileo se había esfumado.

Comenzó la lenta y penosa investigación sobre el paradero de Cecilia Giubileo, conducida por el juez federal doctor Héctor Heredia. De pronto, ante los ojos asombrados de los internos, la colonia fue invadida por inesperados visitantes. Jaurías de perros adiestrados husmearon los rincones. Un helicóptero sobrevoló el lugar buscando huellas. La policía se internó en túneles jamás explorados. Se revisaron sótanos y altillos con polvo de siglos. Las brigadas rastrillaron cada centímetro del predio. Se abrieron dos pabellones clausurados.

La familia de Cecilia, para activar la causa, contrató a un abogado, el doctor Marcelo Parrilli, quien señaló un dato extraño: la doctora había cargado el tanque del Renault el domingo por la tarde. Sin embargo, cuando lo revisaron frente a la Casa Médica, no tenía ni una gota de nafta. Otro dato llamativo: el paciente que fue a buscar a la doctora a la Casa Médica y la acompañó al pabellón 7 había visto salir un furgón funerario. Lógico: se llevaba el cuerpo de la paciente muerta. Pero también vio un coche negro con las ventanillas delanteras y traseras cerradas. Y la funeraria no sabía nada de ese coche.

El personal de la colonia fue interrogado minuciosamente. Pero los pacientes, esos mil doscientos pares de ojos, eran testigos mudos: muchos de ellos no podían expresarse. Y si lo hacían, ¿se podía confiar en la palabra de esos enfermos? El caso Giubileo encerró una paradoja: los que podían hablar, no sabían. Los que, quizá, supieran algo, no podían hablar.

La conexión política

Se hurgó en la vida sentimental de la médica, lógicamente agitada por tratarse de una mujer joven, hermosa y libre. Pero todos los involucrados soportaron la investigación sin que pudiera acusarse a nadie.

Cecilia Giubileo trabajaba, había empezado a practicar taekwondo, estudiaba canto y participaba en un coro de Luján. Tenía amistades en Torres, donde visitaba a una persona mayor conocida como "la abuela Bellido", una anciana muy querida en el pueblo y que era para Cecilia como una segunda madre. A veces visitaba a la doctora una ahijada de ocho años que solía quedarse a dormir. Esa noche debió haber ido la niña, pero Cecilia la hizo desistir. ¿Significaba algo todo esto?

¿Tenía que ver el pasado tormentoso del país con la desaparición de la doctora Giubileo? Se especuló con ello. Pablo Chabrol, su ex marido, no registraba antecedentes políticos, pero dos hermanos de él habían militado en el ERP y estaban en las listas de desaparecidos de la Conadep. El suegro, Pablo Pedro Chabrol, molestó a los militares con sus incansables gestiones para averiguar el paradero de sus dos hijos, por lo que también él fue detenido y castigado.

Pero la conexión política no avanzó porque no pudo hallarse una relación entre estos sucesos y la misteriosa desaparición de Giubileo.

Otras hipótesis tampoco prosperaron: se dijo que Cecilia pudo haber sido secuestrada para pedir un rescate. En su casa de la calle Humberto I, guardados en una caja de maicena, se encontraron 3000 dólares, sus ahorros. Pero nadie pidió rescate. La posibilidad de que algún paciente de la colonia la hubiese atacado fue desinflándose: ¿era plausible que un deficiente mental planeara un crimen con tanta precisión? Los más insólitos rumores se desataron: se dijo que Cecilia había sido vista cuando entraba en un castillo en Lobos; también mientras caminaba por una calle de Tucumán o de Trelew...

El factor Menguele

Poco a poco, el verdadero rostro de Open Door salió a relucir: había tráfico de órganos, se utilizaban enfermos como cobayos para experimentar nuevas drogas. La corrupción reinaba en un hospital en el que el 85% de los pacientes no habían sido visitados por nadie durante el último año, según reveló un estudio realizado por la socióloga Silvia Balzano, del Conicet, mucho después. La desorganización, el caos administrativo y la desidia hacían de Open Door un depósito de cobayos. Las evidencias eran abrumadoras: cuando se renovó el mobiliario se sobrefacturó la compra. ¡El Estado pagó por 25.000 sábanas, pero sólo ingresaron unas pocas!

La encuesta judicial, pero sobre todo las investigaciones de la prensa, perforaron las complicidades oficiales y la opinión pública.

Miles de pacientes habían pasado por la colonia sin que se registrara su alta o defunción. En el sumario interno, el director de la colonia alegaba que los pacientes solían escaparse. Pero uno de los "huidos" era parapléjico. ¿Por qué la tasa de mortalidad era tan alta? ¿Se realizaban en Open Door extracciones de córneas? ¿Se traficaba con plasma, que en aquella época se vendía a 60 dólares el litro? ¿Eran los mil doscientos pacientes de Open Door donantes involuntarios? ¿Se vendían riñones, hígados, córneas, de pacientes (¡vivos!) por quienes nadie protestaría? Cuarenta años antes, el doctor Menguele había hecho eso... en Auschwitz.



La conexión de este infierno con la doctora Giubileo no tardó en instalarse en la opinión pública. Si en su vida privada no se encontraban motivos para su asesinato, sólo había que sumar dos más dos: Cecilia había metido la nariz en un turbio mundo ilegal.

Se abrió un sumario por las irregularidades de la colonia, que incluían maltrato sexual hacia las enfermas y sospechas de rufianismo. Pacientes de Open Door habían quedado embarazadas y hubo apropiación de los recién nacidos. Algunos periodistas que investigaban el caso, como Enrique Sdrech, fueron amenazados. La BBC destacó un equipo encabezado por Bruce Harris, que realizaba una investigación sobre el tráfico mundial de órganos. Más de media hora de ese documental trataba sobre la siniestra realidad de la colonia. La repercusión de este programa de TV fue enorme. El Dr. Florencio Eliseo Sánchez, director del instituto, fue inculpado y detenido. Murió en la cárcel, sin haber revelado ningún dato que aclarara el misterio.

Una de las tantas preguntas sin respuesta es la siguiente: ¿por qué no se dragó el lecho de la laguna de Open Door? ¿Yacía en su fondo el cuerpo de la médica?

Noticias sobre el infame tráfico de órganos han aparecido muchas veces en estos últimos veinte años. Cecilia Enriqueta Giubileo permanece desaparecida. Nadie fue inculpado por su presunta muerte.

10 marzo, 2009

Balística y armas de fuego.

INTRODUCCIÓN.

Como ya se ha dicho, la Criminalística es una ciencia multidisciplinaria, es decir que se nutre de los aportes de actividades de diversas índoles para lograr su finalidad: descubrir la verdad de los hechos. La Balística es una de esas disciplinas que hacen su aporte a la Criminalística.

Esta, por definición, es una ciencia que estudia el movimiento de los cuerpos proyectados a través del espacio. Tiene que ver en general con proyectiles disparados por cañones o armas ligeras, pero también puede examinar el vuelo libre de las bombas, de los cohetes y de cualquier cuerpo arrojado al espacio, como piedras.

Dentro de la Criminalística, tiene por objeto el estudio integral de las armas de fuego portátiles; el comportamiento de sus proyectiles (desde que abandonan la vaina hasta su llegada al punto de impacto) y los efectos que estos producen en las diferentes superficies de impacto.

En su conjunto, se la puede dividir en tres partes perfectamente diferenciales, abarcando cada una las diferentes fases del disparo. Sin embargo, estas no constituyen compartimentos aislados y estancos, sino muy al contrario, un conjunto permeable e interrelacionado de manera estrecha.


RAMAS DE LA BALÍSTICA.

Las tres partes fundamentales que componen la balística son:

1. Balística Interior: es la rama de la Balística General que se encarga del estudio de la estructura, mecanismos, funcionamiento, carga y técnica del disparo de un arma de fuego. Comprende desde las operaciones previas a la percusión (importante para determinar la accidentalidad de un disparo), durante la percusión y hasta que el proyectil abandona la boca del arma.

Es característica de las armas de fuego. Una honda ó un arca, así como una catapulta, carecen de balística interior.

Esta parte de la balística relaciona la dualidad arma-cartucho, y además también condiciona el diseño de ambos.

Efectivamente, a un cartucho potente habrá que hacerle corresponder un cierre de recamara convenientemente robusto para que soporte las presiones que en ella se van a desarrollar. Esta robustez vendrá definida, no solo por la cantidad de material empleado, sino por su calidad y por los tratamientos térmicos a que deberá ser sometido para darle la resistencia necesaria para soportar tal esfuerzo.

También corresponde a la balística interior, por ejemplo, el cálculo de la longitud de cañón mas adecuado para un determinado cartucho, de acuerdo con la calidad y cantidad de pólvora que cargue.

Asimismo es de consideración por esta parte de la balística el dimensionado y desarrollo del estriado de los cañones, que deberá estar en consonancia con el peso y velocidad inicial del proyectil para que obtenga una correcta estabilidad en vuelo y alcance con precisión el blanco.

2. Balística Exterior: es la rama de la Balística General que tiene por objeto de estudio el alcance (distancia) y dirección (ángulo de disparo) de los proyectiles disparados por un arma de fuego. Comprende todo lo concerniente a la trayectoria del proyectil, desde que abandona el ánima del cañón del arma hasta que incide en el punto de impacto (que puede ser el punto apuntado ó no)

Es la parte más conocida. Desde la antigüedad ya existían ábacos y tablas de corrección de puntería para balístas y catapultas que más tarde fueron aplicadas a las primeras pieza de artillería.

La balística exterior, aun siendo sola una parte de esta ciencia, es la que corrientemente se entiende como toda ella, olvidando las otras dos que la complementan.

De igual forma que la balística interior relacionaba el arma con el cartucho que dispara, la exterior lo hace entre el proyectil y los sistemas de puntería. Un cartucho capaz de disparar con precisión un proyectil perfectamente calculado para el vuelo en el aire, errara el blanco si el arma que lo dispara no cuenta con un sistema de puntería en consonancia. Si por el contrario, el arma posee los elementos ideales, pero el proyectil esta mal calculado y sus dotes balísticas son malas, difícilmente se podrá impactar en el área deseada. Por lo tanto, existen interrelaciones constantes entre cada uno de los elementos que estudia la balística exterior.

La aplicación practica de la balística exterior queda patente en las tablas que los fabricantes proporcionan a sus usuarios para cada cartucho. Con ellas se puede predecir, aproximadamente, el comportamiento del proyectil en su vuelo hacia el blanco situado a diferentes distancias.

3. Balística Terminal ó de Efectos: es la parte de la Balística General que estudia los rebotes, perforaciones, y demás efectos producidos por el proyectil durante su recorrido y hasta el momento en que incide en el punto de impacto final.

La balística terminal estudia los fenómenos que se suceden desde que el proyectil impacta el blanco hasta que se detiene. A ella le conciernen pues, la penetración y deformación del proyectil.

Esta parte de la balística, aplicada a las armas ligeras portátiles desde el punto de vista militar, tiene poca importancia, pues por convenios internacionales no esta permitido más que un solo proyectil, con una organización perfectamente definida: núcleo de plomo y envuelto, cerrado, y continuo en la punta, de hierro ó latón. Con él no se pretende necesariamente matar, sino causar bajas al enemigo.

La balística de efectos tiene una especial importancia en las armas cortas de defensa con las que se pretende no solo impactar en el atacante, sino anular su capacidad ofensiva para evitar la consumación de la agresión. La relativamente reciente incorporación de proyectiles expansivos a la munición de arma corta es buena prueba de ello.


BREVE EXPOSICIÓN SOBRE LAS ARMAS DE FUEGO.

Se entiende por arma, al instrumento, aparato ó máquina que sirve no sólo para atacar, sino también para defenderse y cubrirse, individual ó colectivamente.

Arma propia es aquel elemento construido especialmente para defenderse y/o atacar, como lo son pistolas, revólveres, escopetas, cuchillos, escudos protectores, chalecos antibala, etc. Arma impropia es aquella que, circunstancialmente, es utilizada para defender y/o atacar, pero que no fueron concebidos para ese fin. Ejemplo de estas son todos los elementos que pueden ser empuñados y/o lanzados, desde palos y piedras hasta sillas e instrumentos musicales.

De estas definiciones podemos distinguir a las armas ofensivas y las defensivas, según hayan sido concebidas para atacar ó defender, respectivamente.

Un Arma de fuego es un arma termo-química-dinámica capaz de enviar un proyectil a distancia y con determinada precisión, utilizando los gases producto de la combustión de la clase de explosivos conocida como “pólvoras”. Esta definición se extiende para todo elemento diseñado para alojar un cartucho y arrojar el proyectil, pero que no necesariamente sea de fabricación industrial, incluyendo entonces a todas las armas de fabricación ilegal, comúnmente conocidas como “tumberas”. La apariencia exterior y/o tamaño de la misma no es excluyente, por lo que también cabe la definición para las armas ocultas ó disimuladas, del tipo “paraguas”, “lapicera”, etc.

A los efectos de la aplicación de las disposiciones de la Ley de Armas 20.429/73 y su Decreto Reglamentario, 395/75 vigentes en la República Argentina, es necesario establecer definiciones que permitan el manejo adecuado y correcto de los términos a utilizar en materia de armas de fuego.

El artículo 3 del Decreto nombrado aporta, entre otras, las siguientes definiciones:

1. Arma Portátil: es el arma de fuego ó de lanzamiento que puede ser normalmente transportada y empleada por un hombre sin ayuda animal, mecánica ó de otra persona.

2. Arma No Portátil: es el arma de fuego ó de lanzamiento que no puede ser normalmente transportada y empleada por un hombre sin la ayuda animal, mecánica ó de otra persona.

3. Arma de Puño ó Corta: es el arma de fuego portátil diseñada para ser empleada normalmente utilizando una sola mano, sin ser apoyada en otra parte del cuerpo.

4. Arma de Hombro ó Larga: es el arma de fuego portátil que para su empleo normal requiere estar apoyada en el hombro del tirador y el uso de ambas manos.

5. Arma de Carga Tiro A Tiro: es el arma de fuego que no teniendo almacén ó cargador, obliga al tirador a repetir manualmente la acción completa de carga del arma en cada disparo.

6. Arma de Repetición: es el arma de fuego en la que el ciclo de carga y descarga de la recámara se efectúa mecánicamente por acción del tirador, estando acumulados los proyectiles en un almacén cargador.

7. Arma Semiautomática: es el arma de fuego en la que es necesario oprimir el disparador para cada disparo y en la que el ciclo de carga y descarga se efectúa sin la intervención del tirador.

8. Arma Automática: es el arma de fuego en la que manteniendo oprimido el disparador, se produce más de un disparo en forma continua.

9. Fusil: es el arma de hombro, de cañón estriado que posee una recámara formando parte alineada permanentemente con el ánima del cañón. Los fusiles pueden ser de carga tiro a tiro, de repetición, semiautomáticos y automáticos (pueden presentar estas dos últimas características combinadas, para uso opcional mediante un dispositivo selector de fuego).

Fusil automático liviano (FAL)

10. Carabina: arma de hombro de características similares a las del fusil, cuyo cañón no sobrepasa los 560 mm. de longitud.

11. Escopeta: es el arma de hombro de uno ó dos cañones de ánima lisa, que se carga normalmente con cartuchos conteniendo perdigones.

Escopeta basculante monotiro

12. Fusil de Caza: es el arma de hombro de dos ó más cañones, uno de los cuales, por lo menos, es estriado.

13. Pistolón de Caza: es el arma de puño de uno ó dos cañones de ánima lisa que se carga normalmente con cartuchos conteniendo perdigones.

14. Pistola: es el arma de puño de uno ó dos cañones de ánima rayada, con su recámara alineada permanentemente con el cañón. La pistola puede ser de carga tiro a tiro, de repetición ó semiautomática.

Pistola semi-automática

15. Pistola Ametralladora: es el arma de fuego automática diseñada para ser empleada con ambas manos, apoyada ó no en el cuerpo, que posee una recámara alineada permanentemente con el cañón. Puede poseer selector de fuego para efectuar tiro simple (semiautomática). Utilizan para su alimentación cargador removible.

16. Revólver: es el arma de puño, que posee una serie de recámaras en un cilindro ó tambor giratorio montado coaxialmente con el cañón. Un mecanismo hace girar el tambor de modo tal que las recámaras son sucesivamente alineadas con el ánima del cañón. Según el sistema de accionamiento del disparador, el revólver puede ser de acción simple ó de acción doble.

Revólver de tambor volcable calibre .38


CALIBRE

El calibre de un arma, constituye un dato fundamental para la identificación, rastreo y eventual desarrollo de una pericia balística.

ARMAS DE ÁNIMA ESTRIADA: Las estrías de un cañón de arma de fuego, están dadas por los fondos, los cuales reciben el nombre de Campos y por los resaltos, que se denominan Macizos.

Así, el diámetro tomado en los macizos es el Calibre Real del cañón, que está desde antes de la realización del estriado; mientras que el diámetro de los campos constituye el Calibre Nominal, que es el que aparece con la realización de las estrías. Se pueden medir en milímetros, pulgadas ó en unidades absolutas, según los patrones de medida oficiales de cada país.



Importante resulta conocer además el índice de forzamiento que es la diferencia entre el calibre del proyectil y el del arma. Con esta diferencia se facilita que el proyectil penetre ajustado adaptándose bien a las estrías.

Calibre comercial: es la designación con que comúnmente se conocen en el mercado los diferentes cartuchos. También recibe el nombre de Calibre Nominal, ya que como ya se dijo, el calibre nominal es aquel que no es el real. Es importante saber que con la sola medición del calibre no alcanza para identificar al arma ni al cartucho. Por ejemplo, el calibre 7,65 mm es válido tanto para pistola, revólver ó fusil. Por lo tanto se requieren otros datos para poder identificarlos, tales como el tipo de arma, tamaño y forma de la vaina y del culote, marcas, etc.

Ejemplos:

- .45 ACP (cal 45 Pistola Automática Colt) -.22 Mg (cal .22 tamaño Mágnum-más largo que el largo-)

- .30-06(cal .30 aparecido en el año 1906)

-.44-40-200 (cal .44; 40 grains de pólvora; proyectil de 200 grains)

- 9x19 mm (cal 9 mm, 19 mm de longitud de la vaina)= 9 Parabellum = 9 Para = 9 mm Nato =. 30 Luger

ARMAS DE ÁNIMA LISA: La cartuchería de ánima lisa posee un sistema de medición completamente distinto: las Medidas Absolutas, que surgen del Gun Barrel Proof Act de Londres de 1868. En esa oportunidad se definió que los calibres fueran clasificados en letras y números basándose en la división que se obtenía de una libra inglesa, ó sea 453,59 g, de plomo y de esto se desprende el número de proyectiles esféricos que para este calibre se obtenía. De esta manera obteníamos que el calibre 12, es aquel cuyo diámetro en una bala esférica pesa la doceava parte de una libra, por ende ocurre lo mismo con los distintos calibres tales como 16; 20; 24; 28; 32; 36; y calibres ya casi obsoletos tales como el 10, 8 ó 4.




FUENTES CONSULTADAS

Apuntes de las Cátedras Balística I y II, a cargo de Lic. Rivero Oscar y Lic. Dans Darío, Tec. Peralta Hector y Tec. Castiglionis Cristian: UADER, Facultad Ciencia y Tecnología, Lic. en Criminalística

GUZMÁN, Carlos. (2003). Manual de criminalística, Buenos Aires: Ediciones La Rocca.

RENAR. (1999). Manual de identificación y rastreo de armas de fuego, Buenos Aires. Disponible en: http://www.renar.gov.ar/legis/manuales/MIRAF_seg.pdf

VARDIERO, Fernando. Ciencia balística. Extraído el 20 de diciembre de 2007 de http://www.fullaventura.com/municiones/nota102106.asp


La mejor forma de encubrir un crimen es con una investigación deficiente...

¡Saludos!

Mi nombre es Carlos Sosa, Licenciado en Criminalística, estudiante de la Lic. en Accidentología Vial de la Universidad Autónoma de Entre Ríos (UADER), Entre Ríos, Argentina.

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Carlos F. Sosa

Lic. Criminalística

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