29 septiembre, 2009

DEXTRO Y SINISTROGRAFÍA OCASIONAL: UN ESTUDIO DOCUMENTOLÓGICO*

Carlos F. Sosa

Lic Criminalística

carlos_sosa16@yahoo.com.ar

Introducción

De acuerdo a la opinión de varios tratadistas y especialistas de las ciencias documentales, el siglo XX fue el “siglo de las falsificaciones”, refiriéndose no sólo al gran número de estafas con billetes apócrifos con el devenir de los sistemas de copia, sino también a los delitos vinculados con documentos manuscritos, cheques, testamentos, etc., donde debe intervenir la mano del hombre en forma directa para acreditar el valor que se le adjudica, los que se vieron incrementados en número y complejidad respecto de épocas anteriores. La centuria que recién comienza no promete, por el momento, un cambio en esta tendencia.

A esto se le debe sumar que algunos criminales son plenamente conscientes de las técnicas y métodos de análisis a que son sujetos los elementos de prueba, por lo que recurren a gran variedad de ardides para concretar sus fines delictuales: desde las más sencillas y toscas falsificaciones sin imitación, hasta las complejas micro-cirugías que suelen practicarse en valores fiduciarios.

Entre las maniobras adoptadas por el falsario se encuentra aquella en la que se recurre a la utilización de la mano no acostumbrada al uso habitual para la función grafomotriz, vale decir, la mano no-dominante. Este artificio, denominado técnicamente “dextrografía ocasional” o “sinistrografía ocasional” (según se utilice la mano derecha o izquierda, respectivamente) no requiere de conocimientos especiales o preparación por parte de quien lo realiza, debido a que ésta no busca imitar la escritura de una persona, sino sólo enmascarar la propia. Esto se debe a que la mano “no habitual” tiende, naturalmente, a seguir los movimientos que el escribiente haría con la mano habitual, resultando una deformación de las grafías del sujeto que, en determinado grado de ocurrencia y valor, podrían dificultar o incluso impedir la identificación del autor de un escrito.

Además, se presenta el caso de las personas con la habilidad de realizar escritura con ambas manos: los ambidiestros. Éstos, por naturaleza o bien por motivos personales (quebraduras, amputaciones, razones laborales, etc.) confeccionan con algo más de soltura, manuscritos tanto con la mano derecha como con la izquierda, siendo igualmente, una dominante y la otra menos hábil que ésta. Es decir, sería un ejemplo de una modificación de la escritura, debido al empleo de la mano menos habituada a la función grafomotriz, que no constituiría una adulteración con fines criminales.

Ahora bien, en uno como en otro caso se requiere la confección de cuerpos de escritura para la realización del cotejo grafístico; la técnica exige, en las planas de cotejo, la reproducción en todos los aspectos posibles de las condiciones en que fuera realizado el documento original, es decir, cotejar manuscritos realizados con la mano inhábil y con la mano menos hábil según cada caso. Sin embargo, surge el cuestionamiento sobre esta práctica ya que la misma técnica, a través de las Leyes Naturales de la Escritura enunciadas por Pellat, consigna que: “el gesto gráfico está sometido a la influencia inmediata del cerebro. El órgano que escribe no modifica la forma de aquél, si funciona normalmente y está lo bastante adaptado a su función” (Velásquez Posada; 2004:p.569), por lo que en primer medida quedaría descartado el cuerpo de escritura confeccionado con la mano no dominante si esta no posee la suficiente “adaptación a la función”. Pero, ¿es posible determinar esto en situaciones judiciales previamente o durante la toma? ¿Cuándo realmente el órgano escritor está “suficientemente adaptado”? ¿Qué criterio se debe adoptar ante una situación como las planteadas?

Objetivos

Mediante este trabajo se pretendió verificar la confiabilidad, con base a su efectividad, de los cuerpos de escritura tomados con bolígrafo y ejecutados con la mano no habitual con fines de adjudicación de autoría gráfica.

Se buscó, más específicamente, hacer un relevamiento bibliográfico, comprobando, contrastando y actualizando los resultados encontrados, describiendo las características de la escritura que se alteran al variar la mano que escribe y estableciendo el grado en que sucede esta modificación. Al mismo tiempo se verificó si esta variación natural de estilo producto del cambio de mano (siendo de un mismo individuo), contiene o no los elementos inconscientes que, por automaticidad, surgen de la mano habitual (gesto gráfico).

En caso de confirmarse que, en las grafías provenientes de aquella mano, también se conjugan trazos y rasgos involuntarios, se definirá sobre qué particularidades se prestará más atención y se plantearan precauciones a tener en cuenta a la hora de emitir dictamen.

Reseña Histórica

Debemos remontarnos a finales del siglo XIX, con Whilem Preyer, quien afirmó que la escritura era una manifestación de la actividad cerebral, y como tal, presenta características similares independientemente del órgano que la ejecuta. Dicha afirmación sería elevada, unos años más tarde, al grado de “ley de la escritura” por Edmond Solange Pellat (1928).

Éstas Leyes de la Escritura se enuncian del siguiente modo:

Principio General: “Las leyes de la escritura no dependen de los alfabetos utilizados

Ley del impulso cerebral (control cerebral de la actividad gráfica): “El gesto gráfico está bajo la influencia directa del cerebro. Su forma no es modificada por el órgano escritor, si éste funciona normalmente y se encuentra suficientemente adaptado a su función

Ley de acción del Yo (conciencia y automatización del movimiento): “Cuando se escribe, el ‘yo’ está en acción pero es un sentimiento casi inconsciente de el ‘yo’ que obra; pasa por alternativas continuas de intensidad y debilidad. Está en su máxima intensidad donde existe un esfuerzo a realizar y en su mínima intensidad donde el movimiento está secundado por el impulso adquirido (los finales)

Ley de la señal del esfuerzo: “No se puede modificar voluntariamente en un momento dado, la escritura natural, sino introduciendo en el trazado la propia marca del esfuerzo que se hizo para obtener la modificación

Ley de evasión del movimiento automático: “El escritor actúa en circunstancias en que el acto de escribir es particularmente difícil, traza instintivamente formas de letra que le son más habituales o más simples, utiliza el esquema más fácil de ser construido

El primer postulado, el que más interesa para esta investigación, establece que las características gráficas relevantes no dependen del organismo muscular, sino que es el cerebro el encargado de producir la escritura.

Es evidente la relación de ésta premisa pelletiana con el cuarto postulado del Decálogo de del Val Latierro y la segunda ley del Sistema Scopométrico:

El complejo anímico y la tonalidad general fisiológica definen o determinan la fisonomía del escrito, independientemente del órgano que la ejecuta, si éste está adaptado a la función, e independientemente también el alfabeto empleado (Grafocrítica)

El gesto gráfico está sometido a la influencia inmediata del cerebro. (Scopometria)

El grafólogo suizo Max Pulver (1953:p.27) dice al respecto, no hemos de creer que la escritura es un producto de la mano, sino de determinadas partes de la corteza cerebral, de donde salen los impulsos motores para mover la pluma. Es, pues, el cerebro el que escribe. El brazo, la mano y los dedos no constituyen los verdaderos factores de las peculiaridades esenciales e individuales de la escritura. Ya Erlenmeyer y, sobre todo Preyer, nos han dado la prueba. Escribiendo con el pie, con el talón o la boca llegamos al mismo resultado si no tenemos en cuenta la coordinación imperfecta al principio debida a la falta de ejercicio

De acuerdo a esto, cuando el escribiente pierde la mano hábil o ésta se incapacita para escribir, y es la mano inhábil, los pies o la boca, los que han de suplirla, se conservan las mismas características gráficas. Sin embargo, la exteriorización de las órdenes que proceden del cerebro, se materializa a través del mecanismo muscular, que los mismo precursores han considerado una variable a tener en cuenta a la hora de observar modificaciones en la escritura.

Además, el axioma de Pellat deja abierta la posibilidad de que el órgano ejecutor de escritura “no esté lo suficientemente adaptado a la función”, debido a que no existe, por lo menos en la bibliografía estudiada, un parámetro que fije los límites de tal afirmación. Es más, agrega el autor francés que el órgano de la escritura sólo reaccionará como un “mal transmisor” si tiene defectos o si su mecanismo “no ha adquirido el entrenamiento necesario

Se suma a esto el hecho de que quien ejecuta un escrito recurriendo a la dextro o sinistrografía de modo ocasional, no lo hace con la misma “soltura” que aquél que lo hace habitualmente. Algunos van más allá y opinan que el acto de escribir con la mano no habitual no es inconsciente, y por lo tanto carece del “gesto gráfico” característico de la persona, además de las deformaciones propias que ocasiona y que han sido enunciadas en el acápite anterior. Klages (1954) afirmaba que “toda atención sobre la escritura disminuye la naturalidad y frena la acción de los impulsos motrices espontáneos” (citado en Velásquez Posada 2004:p.574). Todo lo cual hace dudar, en primera instancia, de la validez del postulado a la hora de estudiar un escrito con estas características.

No obstante, existen también publicaciones que hacen eco y reafirman el principio enunciado por Pellat y sus seguidores. Mismo al hablar de la formación académica de los profesionales, tanto del ámbito local, como a nivel Hispanoamérica, de acuerdo a lo averiguado en el transcurso de la presente investigación.

Esta corriente afirma que la Primera Ley Natural se refiere a libertad de movimientos con el órgano ejecutor y no a la “motricidad fina”. Si bien no resultaría factible realizar una “estomatografía” o una “podografia” (escritura con la boca y pies respectivamente) con la misma soltura que con las manos, la mano izquierda es utilizada para algunas funciones que le sirven como “entrenamiento” (como ser, apoyo de la mano útil, tareas que requieren el uso de ambas manos, etc.). Aunque éste no es específico, sirve a los fines de adquirir la “adaptación” requerida para la actividad grafomanual. Es decir, la “adaptación” se referiría sólo al asimiento del útil gráfico.

Materiales y Métodos

De acuerdo al concepto de Cejas Mazzotta (1998), un cuerpo de escritura es una plana escritural manuscrita, tomada a un sujeto determinado, que se utiliza en el análisis pericial de grafías y/o firmas y que se confecciona para obtener material indubitado o de comparación. En situaciones procesales, se toma a la persona a quien se pretende atribuir un texto o firma, en presencia de un juez y al dictado del perito designado.

Ya desde el ámbito académico, todo estudiante de documentología tiene en claro que la elaboración de la plana escritural de cotejo tiene por regla general la reproducción, en la mayor cantidad de detalles posibles, de las características de realización del documento sometido a pericia, incluyendo el uso de la mano no habitual de escritura llegado el caso.

Para ésta investigación documentológica, se diseñaron dos planas escriturales ad-hoc que combinaban letras, números, firmas y frases cortas, en formato de imprenta y cursivo, con mano habitual y no habitual con el objetivo de obtener material de cotejo. Las mismas, fueron tomadas a un total de 45 sujetos:

· Se tomó el primer cuerpo escritural con el fin de reconocer la presencia de elementos que denoten el automatismo del acto de escritura. Además, se trató de localizar características categorizantes de la maniobra de enmascaramiento estudiada.

· El segundo cuerpo, separado unos dos (2) meses en el tiempo, buscó corroborar la permanencia del gesto gráfico en cada escribiente al utilizar la mano no habitual.

Como dato accesorio, se cotejaron escritura de mano habitual y no habitual en un mismo sujeto, debido a la premisa pelletiana ya referenciada: el gesto gráfico no depende del órgano que ejecuta la escritura. Con una interpretación literal del enunciado, tanto en la escritura de una como de la otra mano deberían existir características similares, en lo estructural y en lo formal.

A la hora de recolectar y sistematizar los resultados cualitativos obtenidos se diagramó una tabla bipolar graduada (Lewinson & Subin, 1942), técnica sugerida por diversos autores en el área del estudio psicografológico para la recolección de características útiles a la hora de realizar un dictamen. No obstante de este origen, el concepto básico que sustenta su empleo es válido en esta investigación documental con la finalidad de traducir los datos cualitativos recolectados, a cuantitativos mediante una cierta “codificaión” (Sabino, 1992) para permitir un mejor manejo del volumen resultante de éste trabajo.

Debido a las características de las tablas bipolares (polo positivo y negativo de factores) graduadas (graduaciones entre ±1 y ±3) sugeridas para la recolección de datos, para la mayoría de los factores de análisis se enuncian valores en tríos: el correspondiente al valor de la escala positiva; el módulo o normal (mod.) y el valor negativo. A su vez, se prevé una escala tripartita que gradúa cada escala:

· Un valor ±3, equivale a una característica muy marcada de ese factor.

· Un valor ±2, equivale a una característica medianamente marcada de ese factor.

· Un valor ±1, equivale a una característica poco marcada de ese factor.

En cuanto al método de análisis, se utilizó una combinación de la “Scopometria” y del “Sistema Grafocrítico”, con aportes originales, habida causa de los fines perseguidos en el presente trabajo. Las características escrituarias generales analizadas fueron: velocidad, presionado, forma, inclinación de ejes, dirección, forma de la caja, proporcionalidad, separación, cohesión y caligrafía. Las peculiaridades abarcaron: rasgos iniciales, rasgos finales, ataques, terminales, enlaces y signos de puntuación. Se tomó nota, además, de la mano habitual de escritura, el formato de escritura usual y observaciones varias.

Resultados

Si bien el número limitado de muestras no permite arribar a observaciones concluyentes, la propuesta de este trabajo fue la de realizar un primer acercamiento técnico-científico al estudio de la escritura con bolígrafo utilizando la mano no habitual, por lo que se considera material suficiente para enunciar las características preponderantes y más evidentes de ésta maniobra de ocultamiento.

En cuanto a las palabras en formato cursivo tomadas para análisis en el segundo cuerpo de escritura, 30% fue confeccionado con velocidad apenas lenta (-1), 33% con presionado ligeramente discontinuo (-1) con intensidades que iban de tenue a medianamente leves (entre -1 y -2). Existió un predominio casi absoluto del ángulo respecto de la curva (60% de los casos examinados), con inclinación recta (35%) y con igual valor de tendencia ascendente como descendente en palabras y renglones (entre 25 y 27% en cada caso)

La forma acusada de la caja de escritura fue predominantemente cóncava (36%), seguida por la conformación recta (32%). Existió, de igual modo, un 30-40% de palabras examinadas con una proporcionalidad apenas alta (+1) o apenas baja (-1).

Se observó una escritura apenas concentrada (-1) entre letras (31%), mientras que con espaciado regular (mod.) entre palabras (26%). El grado de cohesión o enlace fue medianamente ligado (+2) en un 51% de las muestras. La caligrafía se notó medianamente artificial (-2) y desordenada (+2) en casi un 50% de los casos, mientras que en 25%, la desorganización fue mayor (+3).

En lo respectivo a la escritura en formato de imprenta, los valores porcentuales variaron sensiblemente, mas los gradientes de los factores analizados se mantuvieron iguales, con excepción de la dirección de las palabras (predominio de ascendente +1 en 51% de los casos); la proporcionalidad entre letras sobresalientes y cortas (predominio de palabras proporcionales o altas, 21%) y el grado de cohesión o enlace (preponderancia de escritura muy suelta -3 en 83% de los casos examinados). La caligrafía fue medianamente artificial y levemente desordenada en una proporción apenas inferior al caso anterior.

En el confronte de escritura con mano habitual vs. mano no habitual, en un 51% de las palabras en formato de imprenta se pudieron establecer correspondencias suficientes como para atribuirlas al autor. La cifra fue de 40% en la escritura cursiva. Un total de 54% de las palabras totales, no permitieron llegar a un resultado concluyente de adjudicación de paternidad gráfica. La caligrafía resultante de la maniobra de ocultamiento es proporcional y se condice con la caligrafía de la escritura habitual del sujeto. Esto es, en escritos ejecutados con baja calidad gráfica al usar la mano habitual le correspondieron escritos realizados con la mano inhábil con calidad gráfica menor e incluso la reducción a garabatos propios de la etapa precaligráfica o caligráfica de la fase escritora de los niños (Velásquez Posada, 2004).

El último análisis, referido al examen de grafías de mano inhábil vs. mano inhábil, en el examen extrínseco de la primera plana escritural se observó una predominancia de escritura angulosa, con presionado levemente discontinuo y de intensidad lábil. La velocidad de ejecución fue apenas lenta, sin inclinación marcada de los ejes de las letras hacia izquierda o derecha. En el segundo cuerpo de cotejo la forma de las letras fue más angulosa y su presionado promedio más flojo. La velocidad, la continuidad del presionado y la inclinación de los ejes de escritura no mostraron diferencias significativas respecto de las anteriormente expuestas.

La dirección y la forma de la caja fueron inconstantes en ambos conjuntos de escrituras, aunque predominó lo ascendente y cóncavo. En lo respectivo a la proporcionalidad del primer grupo analizado, mostró una notable variabilidad, mientras que en el segundo se encontraron manuscritos más armónicos.

El espaciamiento entre letras fue similar; entre las palabras existió un predominio del espaciamiento regular en el segundo cuerpo de escritura, mientras que en el primero fueron más los casos de escritura concentrada. La letras, en el formato de imprenta, se hallaron rara vez enlazadas, mientras que la cohesión máxima fue lo más visto en el formato cursivo de ambos cuerpos.

La conformación fue predominantemente errática, artificial, poco evolucionada e inorganizada en la mayoría de los casos.

En el análisis intrínseco, se observaron trazos y rasgos con similitudes, aunque se advierte la presencia de temblores, retoque y retomas en elevado número. Existe deformación en óvalos pero con igual o similar disposición espacial de las características propias de ser llamadas “el gesto gráfico del autor”.

Sólo un 26% de los casos bajo examen arrojaron resultado positivo absoluto (S). Una categoría por debajo, se encuentra los resultados donde se deja lugar a la subjetividad o experiencia del que observa, con otro 26% de los casos. Finalmente, 13% de las palabras o frases examinadas no mostraron semejanzas que permitiera inferir la intervención de una misma persona.

Conclusiones

- Los cuerpos de escritura realizados con la mano no habitual, por personas diestras, zurdas o ambidiestras, permiten atribuir autoría de un documento contemporáneo o anterior al mismo mediante el análisis documentológico de sus características de conformación y estructuración (análisis extrínseco e intrínseco), por lo que puede afirmarse que poseen entre alto y mediano grado de idoneidad y confianza.

- Se corroboró la posibilidad material de detectar la dextro y sinistrografía ocasional como maniobra de ocultamiento de las propias grafías, tal cual lo expresara parte de la bibliografía citada. La caracterización de la maniobra propuesta en este trabajo de grado difiere en algunos puntos de la disponible en la bibliografía de referencia. Se presume que esto es debido al uso de bolígrafo como único elemento escritor en esta investigación (parte de la bibliografía referencia estudios realizados con plumas).

- Se observaron trazos y rasgos involuntarios en las grafías ejecutadas con mano no habitual, perdurables en el tiempo, que se corresponden con el denominado “gesto gráfico” de la persona. Se dejan plasmadas a continuación algunas recomendaciones en cuanto a la planificación del cuerpo de escritura, su ejecución y sobre el análisis de manuscritos ejecutados con la maniobra de ocultamiento estudiada.

- Respecto de la presencia de características y automatismos de rasgos propios de la mano habitual en escritos ejecutados con la mano no habitual, se confirma la existencia de algunas semejanzas en los casos en que la calidad gráfica de la escritura ocasional era similar a la de la habitual.

Recomendaciones

· Al momento de planificar el cuerpo de escritura, independientemente de la existencia de la maniobra de enmascaramiento estudiada, se debe prever la inclusión de material de cotejo escrito con la mano no habitual, tal cual lo dicho por los diferentes tratadistas consultados. En caso de no detectar en el examen ocular preliminar la maniobra, tomando el recaudo enunciado, se salvará cualquier inconveniente.

· Al momento de tomar la plana escrituaria de cotejo se deberá intentar reproducir el grado de artificialidad observado en el documento bajo examen. Esto se puede lograr situando las palabras a confrontar en diferentes lugares de la extensión de la foja. Esto es, intercalar las palabras, ubicándolas al principio, al medio o hacia el final de la hoja. El fundamento se encuentra en la deformación progresiva de las grafías que dificulta la comparación cuando se confrontan escritos efectuados con la mano inhábil.

· Las características más importantes a la hora de identificar la modificación examinada son:

- Velocidad de ejecución apenas lenta, con presionado medianamente discontinuo y de intensidad entre leve e intensa.

- Forma de las letras con predominio del ángulo. Ejes de las letras rectos o con inclinación apenas marcada a derecha e izquierda. Posible presencia de ambas inclinaciones en una misma palabra debido al movimiento del brazo al ejecutar las grafías.

- Escritura desproporcionada con espaciamiento irregular, tanto entre letras como entre palabras, llegando en algunos casos a la superposición.

- Baja calidad gráfica (medianamente desorganizada y artificial) que disminuye a medida que se extiende el manuscrito (cansancio muscular debido a la falta de costumbre). Posible presencia de garabatos (deformación progresiva de grafías).

- Deformación de letras, principalmente de las constituidas por cuerpos ovales.

- Signos de puntuación, tildes y barrados imprecisos o inexistentes. Predominio de las formas “golpe de sable” con temblores o cambios de dirección.

- Presencia de tremulaciones, retoques, detenciones y retomas propios de la falta de espontaneidad en el trazado caligráfico.

· Se debe prestar especial atención a no confundir la dextro o sinistrografía ocasional con algunos estados somáticos caracterizados por la debilidad muscular, que podrían ocasionar particularidades similares a las observadas en ésta investigación.

· No “buscar” el gesto gráfico donde no existe. A menudo, la subjetividad puede llevar al perito a ver similitudes en el trazado caligráfico en donde no las hay.

Bibliografía Consultada

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* Basado en el proyecto de investigación “Análisis de escritura con mano no dominante: evaluación de la idoneidad de los cuerpos de escritura confeccionados con la mano no habitual en cotejos documentológicos” del Licenciado Carlos Sosa, Universidad Autónoma de Entre Ríos, Paraná: Marzo de 2009.


ANEXO FOTOGRÁFICO

Muestra CE2-Mn#D08-2. Caracterización de la maniobra. Detalle de la discontinuidad del presionado. Se ilustran dos (2) observaciones en rojo. A) Indica un enlace con presión fuerte. B) Indica el rasgo inmediato posterior con intensidad menor. Se advierte falta de espontaneidad en el trazado y problemas de ejecución material de la escritura a partir de esa característica.

Muestra CE2-Mn#D14-2. Caracterización de la maniobra. Detalle de la deformación progresiva de las grafías. Nótese como, a medida que avanza la extensión del manuscrito, se vuelve cada vez menos legible. Resalta la importancia de la ubicación de las palabras en el cuerpo de escritura respecto del grado de deformación observado en el documento a cotejar. Se puede ver también la tendencia al amontonamiento y superposición de letras como características predominantes.

Muestra CE2-Mn#D10-4. Caracterización de la maniobra. Detalle de escritura irregular, con deformación de formas óvalos y letra “d” invertida. Se ilustran tres (3) observaciones en rojo. A) Asta o barra ascendente de la letra “d” emergiendo del lado izquierdo de la forma oval, el opuesto al que indica la norma caligráfica. B) Óvalo del cuerpo de la letra “d” achatado hacia los lados; conformación angulosa. C) Letra “r” de conformación errática.

Muestra CE2-Mn#D11-2. Caracterización de la maniobra. Detalle de imprecisión en barras, signos de puntuación y tildes. A modo de ejemplo, se ilustran dos (2) observaciones en rojo. A) Barra o brazo de la letra “t” situado pospuesto al asta; conformación tipo “golpe de sable”. B) Punto de la letra “i” no definido claramente en cuanto a su forma; movimiento espasmódico en su confección.

Muestra CE1-Mh#D01-2 (verde) y Muestra CE1-Mn#D01-3 (rojo). Descripción comparativa de la escritura de mano habitual respecto de la escritura de mano no-habitual. Detalle de escritura con mano habitual (verde) y con mano no habitual (rojo) de una misma persona: buena calidad gráfica. Se observa que la grafía confeccionada con la mano no habitual (abajo) conserva una relativamente buena calidad gráfica, que se condice con la encontrada en la escritura ejecutada con la mano hábil (arriba) del mismo sujeto.

Muestra CE1-Mh#D15-2 (verde) y Muestra CE1-Mn#D15-3 (rojo). Descripción comparativa de la escritura de mano habitual respecto de la escritura de mano no-habitual. Detalle de escritura con mano habitual (verde) y con mano no habitual (rojo) de una misma persona: mala calidad gráfica. Se observa que la grafía confeccionada con la mano no habitual (abajo) detenta una baja calidad gráfica, que se condice con la encontrada en la escritura ejecutada con la mano hábil (arriba) del mismo sujeto.

Muestra CE1-Mh#IA01-2 (verde) y Muestra CE1-Mn#IA01-3 (rojo). Descripción comparativa de la escritura de mano habitual respecto de la escritura de mano no-habitual. Detalle de escritura con mano hábil (verde) y con mano parcialmente inhábil (rojo) de una misma persona: ambidextrismo. Se observa que la grafía confeccionada con la mano menos acostumbrada (abajo) es levemente angulosa y fue ejecutada con velocidad lenta, más no presenta el presionado discontinuo que detentan los manuscritos confeccionados por sujetos con una lateralidad única (diestros o zurdos con mano no habitual).

01 septiembre, 2009

EL SECUESTRO LINDBERGH

por Carlos F Sosa

En la fría tarde-noche del 1 de marzo del año 1932, un niño fue robado de su hogar en el este de Amwell Township, Condado de Hunterdon, Nueva Jersey, Estados Unidos. No era un bebé cualquiera, era el “Aguilucho” (eaglet), el hijo de 20 meses de edad de Charles Lindbergh, quien 5 años antes se había convertido en el gran héroe norteamericano al volar sólo a través del Océano Atlántico en su “Spirit of St. Louis”. Inició así la historia de lo que se convertiría en el crimen del siglo.

Charles Lindbergh, el “Hombre del Año” de la revista Times (1928)

El inicio de la pesadilla

De acuerdo al testimonio de Betty Gow (la niñera del pequeño) y de Anne Morrow Lindbergh (su madre), alrededor de las 7 de la tarde del 1 de marzo de 1932, Charles Augusth Lindbergh Jr. fue puesto en su cuna, ubicada en el segundo piso de la residencia familiar. Gow quedó a su lado unos minutos hasta que quedó dormido y luego bajó a seguir algunas tareas pendientes.

Fotografía de Charles Jr. en su primer cumpleaños

Cerca de las 10 de esa misma noche, Betty subió a ver al niño y no lo encontró en la habitación. Bajó corriendo las escaleras y avisó a la Sra. Lindbergh. Esta le dijo que no se preocupara, “seguramente es Charles (padre) jugando una de sus bromas”, como era habitual en él. Pero no fue así.

Charles, ¿donde está el niño? –preguntó la mujer.

No lo sé, ¿no estaba con ustedes?

Charles, es tarde. Ya debería estar acostado. ¿Dónde lo dejaste esta vez? – Aludiendo a la última broma: lo había ocultado en un armario.

Yo no he sido esta vez –respondió el Sr. Lindbergh.

Alarmado por el rostro de su esposa, Lindbergh subió corriendo las escaleras que lo condujeron a la habitación del niño. La ropa de cama no estaba revuelta, por lo que resultaba imposible que el pequeño saliera sólo de la cuna. Sobre la guarda de la ventana había una nota.

Anne, no toques nada. Llama a la policía: han robado a nuestro bebe.

Primeras horas de la investigación

Afuera de la casa, a unos 30 metros, se encontró una escalera de madera de mala calidad, aparentemente de fabricación casera, que había sido puesta por debajo de la ventana del segundo piso que correspondía a la habitación en donde estaba el niño. El peldaño superior se había roto y el resto se hallaban espaciados 18 pulgadas entre sí (unos 45 centímetros), que era diferente de la norma de fabricación de 12 pulgadas (unos 30 centímetros), lo que llamaría luego la atención de los investigadores. Un experto en huellas digitales revisó la carta de rescate encontrada en el borde de la ventana y la escalera, pero sólo localizó rastros parciales no idóneos para cotejo.

Fotografías del frente y lateral de la casa Lindbergh. Detalle de la escalera.


“Estimado Sr.

Tenga listos 50.000 $, 25.000 en billetes de 20$, 15,000$ en billetes de 10$ y 10000$ en billetes de 5$. En 2-4 días le informaremos como entregar el dinero.

Le advertimos que no hago público esto ni notifique a la policía.

El niño está siendo bien atendido.

Las cartas con indicaciones serán firmados con 3 agujeros”

Había dos círculos interconectados (de color rojo y azul) a continuación del mensaje, con un agujero a través del círculo rojo y otros 2 agujeros fuera de los círculos. La carta tenía muchos errores ortográficos e incoherencias gramaticales.

Durante los siguientes 2 meses y medio, el país y gran parte del mundo fueron atraídos por las nuevas noticias y las especulaciones de la policía encargada de la búsqueda del pequeño Charles Jr. Las sospechas no descartaban a nadie, ni siquiera a los Lindberghs.

Cartel hecho circular por la familia Lindbergh

Se recibieron nuevas notas, todas con matasellos de Brooklyn. La última elevaba a US$ 70 mil la cifra del rescate, debido a que había sido notificada la policía y los medios.

John F. Condon, de 72 años de edad, maestro de escuela en el Bronx, hizo pública su predisposición a colaborar, ofreciéndose como intermediario para la entrega del dinero. Agregó 1000 dólares de su propio dinero para la recompensa. Posteriormente, Condon recibió una carta supuestamente escrita por los secuestradores, que se caracterizó con la perforación y los círculos de color rojo y azul autorizando a Condon como su intermediario con Lindbergh, quien aceptó la carta como auténtica debido a las marcas, a pesar de que se había filtrado una fotografía de la segunda nota, y cualquiera podía tener una copia por US$ 5.

Condon publicó una nota en el New York American que decía: “el dinero está listo. Jafsie”. Jafsie era un seudónimo basado en la pronunciación fonética en inglés de las iniciales de Condon, “JFC”

Jafsie en fotografía de la época

A raíz de las instrucciones del secuestrador, el 2 de abril, tras recibir como prueba de la tenencia del bebe su ropa de cama, se entregó el rescate (unos US$ 800 mil actuales) en certificados de oro y plata que pudieron reunirse a un hombre desconocido en el cementerio San Raymond del Bronx. El desconocido se había identificado a si mismo, en reuniones anteriores, como John, un marinero escandinavo que integraba la banda junto con otros 3 hombres y 2 mujeres. Al momento, el desconocido le entregó una nueva nota a Condon. Se le informaba que el niño estaba en un barco, “The Nelly”, ubicado en Martha's Vineyard, al cuidado de 2 mujeres no vinculadas al secuestro.

Lindbergh fue a los muelles, pero Junior no estaba en la embarcación. Recorrió en avión toda la zona costera, buscando a los secuestradores, pero no dio con ellos. Luego de 2 días, Lindbergh cayó en la cuenta que había sido engañado.

Tanto personal militar y gubernamental vinculado al Coronel Lindbergh, como personas comunes sin relación con el caso, y hasta notables personajes del hampa ofrecían su apoyo a la investigación (Alphonse “Al” Capone, el líder del crimen organizado, ofreció desde la cárcel datos para encontrar al niño a cambio de “favores legales”)

El Peor Desenlace

El 12 de mayo, 72 días luego de la desaparición, un pequeño y maltratado cadáver fue encontrado mutilado al lado de una autopista, no muy lejos de la casa de los Lindberghs, por un camionero de nombre William Allan que se había detenido a orinar. El cuerpo estaba apenas vestido con unos harapos de algodón.

Esa misma noche, fue identificado por la niñera y la pediatra del niño, debido a que su avanzado estado de descomposición no permitía hacerlo a través de las fotografías divulgadas. Le faltaban una pierna y sus 2 manos. De acuerdo al informe del forense, había recibido un fuerte golpe que le había provocado la muerte poco tiempo después o el mismo día en que fue secuestrado.

Estado en que fue hallado el cuerpo del pequeño Charles Jr.

El detalle resaltado con un círculo, es debido a una deformidad de nacimiento en el pie del niño que sirvió para su identificación.

A la Caza de Jhon

De acuerdo a estudios realizados por los detectives, el hombre que buscaban era de origen teutónico, debido a que entre los errores encontrados en las cartas había utilizado la palabra “gute” en lugar de “good”. Sería una persona con conocimientos en trabajos manuales y técnicos, por lo menos básicos, debido a que en la nota donde detallaba las instrucciones para dejar el dinero del rescate había confeccionado un meticuloso croquis. Por medio de los testimonios de Jafsie y de un taxista al que se le había dado una de las notas para ser entregada, se pudo confeccionar un identikit de “Jhon”: nariz afilada, las mejillas planas, boca pequeña y mentón en punta.

Identikit de “John” según las declaraciones de “Jafsie”

El 1 de mayo de 1933 fue la fecha que se había fijado como límite para la circulación de los certificados de oro por parte de las autoridades, como una forma de lograr interceptar algunos de los billetes de numeración conocida utilizados en el rescate. Unos días antes de la fecha, un hombre en Manhattan fue a cambiar US$ 2.990 del dinero del rescate. Había rellenado el formulario requerido, dando como nombre JJ Faulkner y su dirección 537 West Street 159a en la ciudad de Nueva York. Sin embargo, la pista fue falsa y ningún sujeto pudo ser vinculado con el secuestro, aunque uno de los sospechosos, de origen alemán, se suicidó mientras era buscado por la policía.

Más de 2 años después del hallazgo del cuerpo, en septiembre de 1934, un hombre compró ¢98 de combustible y pagó con un certificado de oro por US$ 10.

— Uno no ve muchos de estos ya -dijo Walter Lyle, el despachador de la gasolinera de avenida Lexington y la calle 27, en Manhattan.

—Ah, sí, tú - dice el cliente - tengo un centenar de ellos al costado de mi casa - Tomó su cambio y luego se fue.

Debido a que en esa época abundaban las falsificaciones, el encargado de la estación de servicio anotó en el margen del certificado la matrícula correspondiente al Dodge sedán, color oscuro: 4U-13-41.

Detalle del billete y la notación del despachador de combustible

Frente y matrícula del Dodge

Al día siguiente, otro de los empleados fue enviado al Banco de cambio para certificar la autenticidad del billete “A 73976634A”. En ese entonces, la New York City Bureau Office había emitido un documento en la que se hacía referencia a los 4750 certificados de oro y plata utilizados para el pago del rescate. Entre ellos, se encontraba el entregado para pagar el combustible.

Otro detalle del billete. Numeración

Inmediatamente se detuvo y acusó al dueño del Dodge del asesinato, un carpintero alemán, que habría ingresado ilegalmente a los Estados Unidos en 1923, ex-convicto, llamado Bruno Richard Hauptmann, que vivía en el 1279 de la calle East 222nd en el Bronx.

El Juicio

El Coronel Henry S. Breckinridge fue el abogado de Lindbergh durante el caso. Ya había actuado como intermediario en las negociaciones del rescate.

El Diario de Nueva York ofreció a Hauptmann un conocido abogado defensor de Brooklyn, Edward J. Reilly. Los cronistas de la época señalan la apariencia llamativa de Reilly: cola de caballo, traje a rayas y algo de borracho al andar (los diarios decían que no era lo mismo el desempeño del abogado por las mañanas que por las tardes, luego del almuerzo, en que aprovechaba para consumir todo tipo de bebidas alcohólicas). Por estos motivos, quienes sostienen la conspiración en contra del chivo expiatorio, aseguran que gran parte de la culpa por la condena de Hauptmann fue por la ineficacia de su defensa.

La evidencias del Fiscal General del Estado de Nueva Jersey, David T. Wilentz, en el juicio celebrado entre el 2 de enero y el 13 de febrero de 1935, incluyeron testimonios y objetos físicos que vinculaban a Hauptmann con la escena del crimen, su mano escritora con la nota de rescate y la escalera de madera utilizada en la secuestro con maderas encontradas en su casa. Además se localizaron US$ 13.750 en efectivo en la propiedad de Hauptmann identificados a través de los números de serie como dinero del rescate.

La historia que Hauptmann dio fue que el dinero había quedado con él por un amigo y ex socio de negocios, Isidor Fisch. Fisch habrían regresado a Alemania en 1933 y murió allí. Pero antes informó a Hauptmann que en una caja de zapatos que había dejado había una considerable suma de dinero. Hauptmann negaba cualquier conexión con el delito o el conocimiento de que el dinero provenía del rescate.

El Rail 16

En medio de la investigación, antes del hallazgo de Jr., fue convocado un experto en madera del U.S. Forestry Products Laboratory, Arthur Koehler, quien tuvo a su cargo el examen del material de construcción de la escalera encontrada cerca de la residencia de los Lindberghs luego del secuestro.

Se determinó que era de madera de pino amarillo del Sur, proveniente del centro del árbol, construida a mano en 3 tramos (lo cual facilitaba su transporte en automóvil a pesar del tamaño final). Cuando se capturó a Hauptmann su casa fue examinada en busca de material que lo vinculara al hecho.

En la pesquisa, los policías, junto con el experto, notaron que el piso del ático en la casa de Hauptmann, construido en madera de pino, estaba incompleto: le faltaban algunas tablas. Se levantó una de las piezas de madera del ático, etiquetada como la evidencia S-226, para realizar comparaciones con la escalera.

Vista del ático de Hauptmann y la madera faltante

Tras el análisis, Koehler encontró 16 concordancias de nudos y anillos entre la pieza S-226 y el rail 16 de la escalera, además de similitud en las marcas de las herramientas de corte (marcas que se complementaban pertenecientes a un corte perpendicular con sierra de 8 dientes por pulgada), los cuales eran más que suficientes, según sus dichos, para establecer un origen común para ambas piezas de madera.

La Sentencia

Tras escuchar el testimonio de expertos y testigos, el jurado dejó el recinto para deliberar a las 11:21 am del 13 de Febrero. Unas 11 horas más tarde tenían un veredicto unánime: culpable. El juez Trenchard que entendía en la causa dictaminó la condena y ejecución del acusado. A pesar de las evidentes dudas del Gobernador Hoffman en cuanto a la culpabilidad de Hauptmann, no pudo convencer a los demás miembros del Tribunal de Apelaciones para que volviesen a examinar el caso, y el 3 de abril de 1936 a las 8:47 pm, Hauptmann fue ejecutado en la silla eléctrica en la prisión estatal de New Jersey. Había pedido como última comida: pollo, apio, aceitunas, papas fritas, mantequilla, guisantes y pastel de cerezas.

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Hauptmann rechazó una oferta de US$ 90 mil de un periódico de Hearst por una confesión y se negó al ofrecimiento de última hora de conmutar su ejecución a una sentencia de cadena perpetua a cambio de una confesión: sostuvo hasta último momento su inocencia.

Algunos Comentarios Finales

Al igual que todos los grandes casos policiales de la historia, el secuestro y asesinato de Charles Augusth Lindbergh Jr. no terminó con la sentencia.

En 1976 la película El Secuestro Lindbergh tuvo a Anthony Hopkins en el papel de Bruno Hauptmann.

La historia del secuestro obtuvo un Globo de Oro en 1996 y fue nominada al Premio Emmy de televisión por su adaptación en “El Crimen del Siglo” de la cadena HBO. En ella, Bruno Hauptmann fue interpretado por Stephen Rea.

En la novela de Philip Roth “La Conspiración contra América”, el narrador describe las teorías sobre el secuestro - en particular, la posibilidad de que prominentes nazis fueron responsables del secuestro, que fue utilizado para obtener opiniones públicas favorables de Lindbergh acerca de las políticas de la Alemania nazi (fuera de la ficción, Lindbergh padre fue un Nazi confeso y Bruno Hauptmann un alemán de origen judío). Según esta teoría (que el narrador no acepta ni rechaza), el bebé es llevado a Alemania, donde se colocó en una familia nazi y se convirtió en un miembro de las Juventudes Hitlerianas, desconociendo su verdadero origen.

Luego de que ocurriera el hecho, Charles padre recordó que alrededor de las 21:15 oyó un ruido de algo que se caía en la cocina, algo de madera. La hipótesis señala que ese era Bruno Hauptmann saliendo de la casa con el pequeño. Por un error de cálculo, la escalera no habría resistido el peso de ambos y sería ahí mismo en donde se produce la muerte del niño.

Luego del hallazgo e identificación del cuerpo del pequeño Charles Jr, sus restos fueron cremados y arrojados al Atlántico por su padre. Sin embargo, mientras se tamizaban hojas y tierra en el lugar del hallazgo en busca de más evidencias, una docena de huesos fueron encontrados y almacenados en cinco frascos de cristal como evidencia por la policía estatal de New Jersey. En junio de 1982 fueron examinados por el célebre antropólogo William Bass (creador de la Body Farm, o Granja de Cadáveres) a pedido de la viuda de Hauptmann. Tras el análisis, el forense no pudo descartar que se tratara de restos de un niño de 20 meses.

Existe un sitio web, www.charlesalindberghjr.com, cuyo responsable afirma ser el verdadero Charles Lindbergh Jr. y que el cadáver localizado en el bosque, era de otro niño. Expone sus motivos y evidencias. “Tras escuchar las declaraciones como estas durante muchos años a partir de fuentes fiables para muchos, se puede entender por qué creo que soy el hijo de Lindbergh” afirma.

Tras el secuestro de Charles Jr., el Congreso de los Estados Unidos aprobó el 17 de Julio de 1932, la “Ley Lindbergh” que estableció que el secuestro sería considerado un crimen federal y no sólo local.

En 2005, un programa de televisión de la cadena truTV, “Archivos Forenses”, llevó a cabo un nuevo examen de las pruebas físicas en el secuestro utilizando las técnicas científicas más modernas. El programa llegó a la conclusión de que Hauptmann había sido culpable, pero señaló que aún quedan muchas preguntas. Y es que con el tiempo, casos como el de Charles Lindbergh Jr. dejan de ser simples actos delictivos repulsivos para convertirse en parte de la antología criminal como uno de los más recordados Crímenes del Siglo XX.

Fuentes Consultadas.

AITUO, Russell. "The Lindbergh Kidnapping: The Theft of the Eaglet." The Crime Library. Turner Entertainment News Media Network. http://www.crimelibrary.com/notorious_murders/famous/lindbergh/index_1.html

JOHNSON, David. "Lindbergh Kidnapping Remembered" Information Please Database 2007. Consultado el 15 de noviembre de 2008 en http://www.infoplease.com/spot/lindbergh1.html .

New Jersey State Police, Department of Law and Public Safety: Copies of Evidence Photographs — Trial of Bruno Richard Hauptmann for Kidnapping of Charles A. Lindbergh Jr., 1935. http://www.state.nj.us/state/darm/links/guides/slcsp001.html

http://brunohauptmann.blogspot.com

http://www.charleslindbergh.com

La mejor forma de encubrir un crimen es con una investigación deficiente...

¡Saludos!

Mi nombre es Carlos Sosa, Licenciado en Criminalística, estudiante de la Lic. en Accidentología Vial de la Universidad Autónoma de Entre Ríos (UADER), Entre Ríos, Argentina.

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Carlos F. Sosa

Lic. Criminalística

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