27 febrero, 2011

Psicopatía, Psicopatología y Conducta Criminal

Psicólogo Forense, Cristián Araoz Díaz

Diferencia entre Psicópata, Sociópata, Neurópata y Psicótico.

psicopata - sociopata - psicotico - neuropata - psicologia forense

Diferencia entre psicópatas, sociópatas, neurópatas y psicóticos.


Una de las temáticas más recurrentes e intrigantes para el ámbito psicológico forense y criminológico, ha sido el estudio y análisis de la relación entre conducta criminal y la psicopatía, sociopatía y/o, en la última década, de la neuropatía o neuropatología.

También y para una mejor comprensión, resulta necesario incluir el “estado psicótico” dentro de los conceptos psicopatológicos que guardan relación con la comisión de delitos y crímenes diversos.

Lamentablemente y para estas temáticas, existen tantos autores, como definiciones conceptuales de índole académica, que a menudo, tanto aficionados, como profesionales, suelen confundir o ignorar la diferencia principal entre la denominación categórica de lospsicópatas, sociópatas, neurópatas y psicóticos.

El común denominador de estos términos, guarda relación con la psicopatología o la “enfermedad psicológica” como precursor o gatillante de comportamientos sociales disfuncionales, antijurídicos o ilegales, criminales, bizarros, antisociales, “inhumanos”, “deshumanizados” o indolentes, que por lo general afectan o agreden directamente la interacción y las normas de convivencia social.

Tanto el psicópata, como el sociópata, el neurópata y el psicótico, son “sinónimos” de una disfunción individual, que afecta o influye negativamente sobre variables cognitivo/emocionales, que a su vez determinan la conducta con otros, en contra de otros y las relaciones “interpersonales” a nivel general.

el psicopata y el sociopata en la psicologia forense

Psicopatología y Conducta Criminal

Ahora bien, la principal diferencia entre los conceptos que se mencionan, radica en el tipo de variables asociadas a los porqués o causas, que provocan o influyen directamente sobre el desarrollo y manifestación psicosocial de los mismos.

Clasificación general:

Psicopatía y Psicópatas: “Enfermedad” o disfunción psicológica = Variables internas, más tempranas (niñez), como consecuencia de disfunciones parentales(Padre, Madre o ambos) o de crianza temprana, que “impiden” o “inhabilitan” considerablemente el desarrollo de la empatía, la capacidad de arrepentimiento y refuerzan el egocentrismo (abandono emocional) y la compensación sádica del comportamiento con otros (malos tratos y abusos).

Ej. Estafadores, déspotas, impostores, corruptos, abusadores y agresores seriales. (Se desenvuelve de manera individual)

*El psicópata o el individuo poseedor de rasgos psicopáticos, no necesariamente es un criminal, de hecho la mayoría de los “psicópatas” están plenamente integrados a la sociedad, no son criminales y la probabilidad de que sean juzgados por algún ilícito es la misma que la de cualquier persona.

Sociopatía y Sociópatas: “Enfermedad” o disfunción social “por y en contra de la sociedad o de lo socialmente establecido” = Variables externas, más tardías (adolescencia/adultez), como consecuencia de hechos o interacciones sociales específicas que trauman, resienten o influyen negativamente sobre el raciocinio, la emocionalidad y por ende de la conducta social (“en grupo”).

Ej. Terrorista, mafioso, crimen organizado, sectas, turbas, pandillero, sicario, resentido social, etc. (Se desenvuelve en grupo)

Neuropatía y Neurópatas: “Enfermedad” o disfunción neurológica = Variables fisiológicas y estructurales (accidentes), malformaciones de nacimiento, radiaciones, abuso de sustancias, traumatismo de lóbulos, a nivel de corteza, etc.

Ej. Personas que sufren accidentes cerebrovasculares donde se afecta el lóbulo frontal, lo cual, puede provocar cambios crónicos (agudos) en la personalidad y conducta de cualquier individuo, en cualquier momento y de manera irreversible.

Estado Psicótico y Psicóticos: “Episodio psicopatológico agudo” (día de furia), muchas veces único, disfunción general circunstancial (perdida del juicio o desconexión temporal con la realidad) inducido o gatillado por el consumo y abuso de drogas o alcohol, lo cual provoca un efecto potenciador (amplificador) de rasgos limitantes, más comunes, que afectan la salud mental de las personas.

Ej: Femicida, algunos tipos de suicidas, asesinos en masa, homicidas circunstanciales, asesinos pasionales, etc.

En conclusión, la clasificación presentada considera en todas sus categorías una disminución y disfunción, respecto del grado de consciencia o racionalidad entre un individuo, su comportamiento disfuncional y las consecuencias o efectos de éste, en el entorno social inmediato.

En la misma, no se considera relevante la inclusión de variables biológicas o genéticas (absolutistas), debido a su carácter especulativo, que en pleno año 2011 y decodificado el genoma humano, sigue sin poder rendir evidencia científica objetiva, observable y concluyente, en cuanto a que la conducta criminal o la delincuencia y sus derivaciones sociales, estén relacionadas con la supuesta “existencia de genes o sub genes” cómo factores predisponentes en las mismas. Que por lo demás, en su gran mayoría no son más que constructos consensuales delimitados por el derecho penal, cuyas disposiciones varían drásticamente según variables geográficas y socioculturales.


Fuente: Psicología Jurídica Forense y Ciencias del Comportamiento Aplicadas

04 febrero, 2011

La vida del delito y de la prostitución (ensayo)

Francisco A. Sicardi (1856-1927)


La vida del delito y de la prostitución
He visitado muchas veces, de noche, las cárceles de la ciudad. Qué sombríos y fríos corredores, en la escasa luz del gas mortecino. Allí están hacinados los criminales, tirados en el suelo con las ropas en pedazos y la piel llena de mugre, aceitosos y hediondos, con los ojos insolentes, abiertos en la penumbra, la boca procaz y blasfema. Los himnos del cinismo suenan y retumban a lo lejos en las largas casamatas. Describen los descensos de las juveniles energías y en vez de las frescas maravillas del alma sana, cuentan facinerosas historias de noches lóbregas, de brillos de puñales entre la luz sucia de los faroles, de angustias y estertores de caídos y de gritos de misericordia, historias de corazones de podredumbre, lamentos interminables de la moral muerta. ¡Y siempre el ataque al hombre, a su dinero, a su vida y honra, a la casa inviolable! Más que personas, así tirados sobre los pisos desnudos, buscando el sueño que no llega, o durmiendo inconscientes sobre sus delitos, parecen espectros con el rostro y el cuerpo escuálido en sus funestas demacraciones, una legión de larvas que no hubieran tenido nunca semblanza humana, los deshechos vivientes de un mundo que hubiera desaparecido, la tétrica concepción de un Dios demente y brutal. Yo he sentido, visitando esas cárceles, todas las satánicas soberbias. Allí los hombres retan a duelo las leyes. Han robado y estuprado; son asesinos y tienen las jactancias insolentes. ¡Contra todo y contra todos! Han perdido la libertad del cuerpo; pero no se resignan, y saturada de enconos, la mente bebe la ponzoña en los diabólicos conciliábulos, protesta y amenaza. ¡Ah! de los hombres, el día que el sol les caliente las carnes. ¡Ah! de ellos ¡el día que hayan roto la cadena y el aire libre los envuelva! No habrá sido estéril la educación recibida en las puercas zahúrdas de los presidios, ni los días largos y solitarios, sin familia, obligados a ver siempre la mueca hostil de los carceleros, sin más melodías que el paso del centinela cerca de las puertas, el estampido de la culata del fusil al caer en descanso y el rechinar de los llaveros oxidados. Y han de recordar, en las horas de libertad, el hielo de los inviernos grises, que filtra apenas a través de los polvorientos tragaluces, y los eternos silencios de las noches tenebrosas, llenos de bruscas pavuras y de visiones. Recordarán los pies fríos, las orejas frías en su incipiente gangrena, la enfermedad sin medicamentos, las hambres sin más esperanzas que el puchero lardáceo con ascos de carnes y de legumbres en putrefacción; porque en la cárcel desaparece el hombre y se transforma en una cosa sin dignidad y sin perdón. Por eso, en ese salvaje sufrir, las fuerzas del delito se multiplican, las psicologías que llegan todavía allí con algún rayo de sol de bondad, se entenebran y lo que tal vez pudo ser corregido y mejorado por las benevolencias, se exacerba por el látigo y adquiere en la amoratada equimosis del grillete la crueldad incompasible.

Los que castigan son iguales a los que delinquen, porque el hombre ha nacido para oprimir al hombre. No entusiasman los apóstoles que predican los divinos problemas de la caridad, el amor a los niños y el respeto por la vejez caduca. ¿Qué han conseguido? Pasaron sus catilinarias sobre la testuz de los conductores de pueblos, sin dejar retoños. Estos no se han incomodado, ni acercado siquiera a lamer las úlceras de los prisioneros para la cicatriz limpia y sana, y aunque heridos alguna vez por el grito de la justicia, han abierto, a pesar de eso, las fauces, para precipitarse sobre la desventura delincuente y desgarrarla. Así las cárceles están llenas de muchachos desamparados, que duermen al lado de los grandes criminales. Yo los he visto. Uno me cuenta que los padres a bofetadas lo arrojaron de la casa. Robó un pan para comer. El dueño lo amenazó y él defendía su pan, cuando le enterraba el cuchillo en el vientre. ¿Quién le enseñó a trabajar? ¿Alguien le habló de Dios alguna vez? Por años la cárcel se cierra sobre su cuerpo. Allí nadie le dice que es preciso trabajar. Cuando salga volverá a tener hambre y a enterrar el cuchillo en otro vientre.

Aquel ha salido de la inclusa. Está solo en el mundo. Es hijo de los bulevares. Duerme sobre los umbrales, con los miembros contraídos, hecho una bolsa de trapos, y camina después a través de las madrugadas de la ciudad y sigue caminando a través de las calles vagabundas, atónito de hambre y muerto de frío con su máscara sucia de imbécil. La cárcel se cierra sobre su cuerpo periódicamente y allí, a tragos intermitentes, bebe las nociones del mal. Ya hombre está preparado para el delito. Es un galeote. Tal vez termine en el cadalso o desaparezca para siempre en los húmedos sótanos de un presidio. ¿Le habrán enseñado a éste la virtud para que sepa practicarla? Aquel me dice que lo entregaron a una familia. No le daban ropa. La comida era escasa y el trabajo mucho. No había amanecido y tenía que fregar los patios, barrer y limpiar la cocina, siempre descalzo y mostrando pedazos de su cuerpo mugriento, a través de las ropas rotas. Los patrones vivían enojados, porque estaban pobres; pero él era alegre y juguetón. Tenía una linda voz y cantaba como los pájaros. Había aprendido a silbar como ellos y se entretenía en llamarlos. Por eso le cruzaban las espaldas con un rebenque, lo azotaban contra las baldosas, lo herían y maltrataban, sacándole sangre. Entonces huyó a la carrera, atropellando y jadeante. Se perdió por ahí de día y de noche. Comía los pastos en las afueras, porque le habían enseñado a no robar. Una mañana lo encontraron en una zanja, lívido, y la cárcel cerró sobre el vagabundo. ¡Pobre delincuente! ¿No era mejor que los mastines de las quintas le hubieran mordido la carótida? Ese otro que he ido a ver está enfermo en el cuadro. La sífilis le ha llenado de úlceras la nariz y la boca. Así lo engendraron los padres. Como no traía plata, porque nadie quería tenerlo, lo echaron a la calle. Entonces se perdió. En la prisión lo contaminaron. Era instrumento de perversas sexualidades. Está moribundo. Su destino será fallecer en una cama de hospital, sin haber sido niño siquiera, arrojado fuera del consorcio humano, siempre solo en el mundo, mirándoles todas las lacras cenicientas con horror, sin que ningún bálsamo le mitigue el sufrir, ni palabra alguna endulce sus soledades. Después un cajón de pino sin cepillar, para la miserable basura de su cuerpo muerto. Así desfilan enflaquecido y sucios, mezclados en los corredores a los grupos patibularios con la ropa en andrajos, teniendo algunos de ellos corazones llenos de bondad, ladrones otros, pervertidos los más, dados al vicio bajo y procaz.

Una vez vi a uno que estaba enfermo, sentado en el suelo cerca de la pared, donde se apoyaba. Sus ojos eran azules, rubio el cabello, la piel fina con venas azuladas. Tosía y tenía fatiga. Todos lo querían en la prisión. No decía blasfemias nunca. Era un alma dulce y amable. Tendría quince años, y cuando lo interrogué, me dijo que el padrastro brutal había lastimado a su madre. Entonces él le rompió el pecho de un tiro y lo dio vuelta. Por eso lo metieron en la cárcel. Lo vi desaparecer después en una cama del hospital, sereno y sonriente, sin quejarse, rodeado de enfermos amigos, a quienes él había fascinado con el perfume de su bondad, con su resignación suavísima de predestinado a morir temprano.

Así desfilan con el cuello partido por las cicatrices de la escrófula, con la nariz roja de alcoholistas precoces, éstos que fueron vagabundos de los figones y de los sucios lupanares, sin más techo que un tramo de cielo, sin más habitación segura que los esfácelos de un pudridero. Y los conductores no ven nada, ni se puede exigir transformaciones a inteligencias sibaritas. Es inútil enojarse, inútil el anatema. Las cárceles son oscuras y escuelas de vicios, y la niñez sin amparo -los pobres pequeños, que no tienen la culpa del crimen, seguirán entrando y saliendo de los mechinales estrechos, para recomenzar la eterna y desolada historia de la tierra baja, donde hay muchos tristes y muchos abandonados. No hay que enojarse ni pensar en mejorar a los otros. No se puede modificar la bestia. La niñez ha de ser ultrajada, porque no puede defenderse. La inclusa tendrá noche a noche sus párvulos y la cárcel seguirá cerrándose sobre los pequeños cuerpos, macilentos de hambre, desazonados por el desamor humano, inquietas moléculas, destinadas a desparecer, sin conmiseraciones, con sus alegres almas muertas por el salvaje cinismo.

Las cárceles encierran muchas mujeres. Están allí en montón, como los hombres, sobre el piso sucio, entre el aire confinado, ojerosas de insomnio y de cóleras sordas, mezcladas las sedas de la señora delincuente con las zarazas de las callejeras empedernidas. Es un ejército vocinglero y procaz, inquieto el día entero, narrando sus desvergüenzas y sus vagabundas lascivias. Hay hermosos y juveniles rostros y ojos azules que han perdido el candor; tormentosas fisonomías con chispeante y oblicuo mirar y pieles terrosas de largas inaniciones y rojas efigies de alcoholistas, que ha dormido mal, con la pesadumbre pavorosa de las nocturnas visiones. Entre ellas, alegres cantoras de quince años, flores de la depravación temprana, que tienen gentil la persona, la voz fresca y la pequeña alma contaminada, ángeles de alas rotas, destinadas a barrer el lodo de los barrios oscuros. Ellas cantan, asimismo, en las crujías, las oscuras baladas del burdel y la brama de las orgías desnudas y cruzan, a través de la atmósfera encerrada, los gritos de la bacanal. Cantan la carcajada perpetua y la inconsciente hilaridad del mal, los fantasmas de las borracheras festivas y las sordinas delirantes de los tálamos convulsos y venales. En ese hacinamiento hay la historia de muchas inocencias mancilladas y rotas por la violencia, después de largas horas de resistir al cinismo lujurioso, cediendo al fin en los abandonos sin amparo, bajo la máscara torva y bestial del hombre. Hay odiseas penosas en pos del pan que falta, hediondeces de cuerpos, amontonados en los tugurios y que no duermen de frío, muchachas que disparan y manos desesperadas, abiertas, implorando en las esquinas al caminante corrompido que da dinero para quitar honra, mientras otras cuentan que el padre borracho las violó una noche y ellas cedieron sofocadas y tiritando de miedo. Aquellas no saben como fue. Se enamoraron, hasta que un día, la luz demasiado cercana les quemó las alas y el polvo de oro desapareció en aquel última día virginal, en el último beso inocente. Allá en un rincón, bajo aquellos vidrios sucios, mientras los carceleros pasan y distribuyen pan negro y carnes verdosas, están reunidas las que salieron a la calle a buscar hombres, azotadas a la ventura por el fuego sensual, una cohorte de locuelas precoces, que no supieron rezar y que no aprendieron virtud. Entregaron el cuerpo a cualquiera en la irresistible violencia de la carne joven y los hombres las despedazaron como furias y las precipitaron en la vida con la sangre contaminada. En la frente se les una corona. La sífilis la buriló con colores cobrizos y bajo las sedas manchadas de vino, serpean las úlceras, llenas de pus y de ponzoñas. En ese grupo de ojos procaces y lenguas desventuradas, cuentan ellas las anécdotas de la ignominia y escriben la historia monstruosa de las más bajas aberraciones, los descensos morales de los pseudo-hombres, entregados a los bestiales cultos y a las afrodisias infames y narran la vida de una cantidad de elegantes degenerados. Es un grupo locuaz. Divierten a las silenciosas con el madrigal chabacano. Son las sacerdotisas del carnaval lujurioso e impenitente y hablan todas las insolencias del vicio gárrulo. Se imaginará que alguna vez en las horas aburridas, ellas pueden pensar en una vida más sana, que quieran vivir una semana siquiera en el sol puro, en la divina consagración de una virtud cualquiera, que sean capaces de comparar sus turbulencias enfermizas con la robusta marca de la mujer honesta. No es así. Ellas no saben sino aquello y no podrán sentir estas nostalgias; saldrán a la calle, enloquecidas en la libertad recuperada, siempre buscando hombres para caer de nuevo, una noche cualquiera, bajo las bóvedas sombrías de la cárcel, salir de nuevo y volver a entrar y durante muchos años, hasta que la sífilis o la tuberculosis les gangrene las vísceras y las mate. Mientras tanto han diseminado por la ciudad gérmenes mortales. Han depravado a muchos, en las tristes correrías nocturnas, trabajando siempre para los proxenetas, que las esperan en las esquinas para robarlas. Así esas sedas, manchadas de vicio y de lujurias, fascinan al pasar con el brillo enfermo y esas psicologías dejan aquí y allí un reguero malsano, que corrompe inocencias y pudre organismos. Pero todo es inútil. Alguna cosa fatal cruza el camino de esas sombrías viajeras y las arrebata. Inútil es contraponerse. Los compasivos que trataran desviarlas serían mirados con extrañeza. ¿Acaso han aprendido ellas una vida mejor?

Sigamos. Por eso muchas casas de trabajadores se han vuelto lóbregas. Una noche faltó la muchacha y en la mesa quedó un asiento vacío. Los hermanos con los puños crispados miran los platos sin comer. En un rincón llora la madre y el viejo sacude desesperadamente la cabeza como si el trabajo y los ahorros de toda la vida resultaran inútiles. El tubo de la lámpara a kerosene se ha ennegrecido en su base. Parece un carbón luminoso en aquella penumbra triste. Tal vez es un hogar detenido. El alcohol, que consuela quebrantos, arrojará a los hermanos en banda, de vereda a vereda, y el padre se morirá de pena, arrugado y sucio en un rincón cualquiera. En otras partes seguirán comiendo. Para que eso sucediera la habían educado. El marido era un blasfemo; la mujer una libidinosa. Creció entre el ejemplo deshonesto y nadie sufrió en aquella casa el día del abandono. Así rueda el mundo. El estrépito de las ciudades se dilata y oculta los gemidos anónimos. ¿Quién va a saber que hay un hogar que sufre, quién a señalar con el dedo una deshonra más? Apenas si, de cuando en cuando, en el subir constante de la marea contaminada, el miedo a la asfixia reúne a los hombres para deliberar. Los ecos de la orgía golpean las puertas y pasan zumbando por los balcones, donde están las jóvenes inocentes. ¡A reprimir pues! Los lupanares se cierran y vuelve la cárcel a estar llena de locas desarrapadas. ¡Inútil todo! Germinan a los lejos, retoñan y saltan de nuevo a la luz del sol, brillantes, fascinadores y obscenos y el mundo sigue rodando con las mismas formas y con los mismos estrépitos. ¡Inútil todo! El cuerpo muere por enfermedad y las sociedades por contaminaciones colectivas. Así como hay fuerzas y virtudes inconscientes que empujan los pueblos a la grandeza, así hay degeneraciones posteriores que los precipitan. No tienen mérito cuando ascienden, ni son criminales cuando caen. El instinto produce los dos fenómenos. No entra en ellos ni la razón, ni la voluntad. Por consiguiente es menester guardar los panegíricos y las anatemas y creer que, a pesar de los siglos, el fatum las arrastra. No son tranquilas. Encuentran aburrida la vida del hogar quieto y los elocuentes silencios del hombre que trabaja. No han nacido para estar contentas, en la dulce y amable poesía que canta el amor de las cunas y narra la historia de la familia, que conversa en la noche, reunida alrededor de la mesa, en el alma augusta del comedor tibio. Los aromas de los floreros no tienen perfumes, ni el helecho del centro de mesa tiembla, en sus exquisitas fragilidades verdes. El dormitorio está allí con su gran cama de caoba y el que llega es siempre el mismo, un trabajador sudoroso y un neurasténico debilitado. El abrazo es frío; el espasmo es convencional. La inquieta piensa en el placer acre y violento que hace estremecer sus carnes de elegante delincuente, en la fuga hacia las posadas oscuras, a través de las trepidaciones de las calles luminosas, o en los crepúsculos vespertinos de las alcobas escondidas para el pecado, abrigadas con alfombras de Esmirna y cortinados de terciopelo rojo. Así algunas usan la complicidad de los sirvientes. Carta va y carta viene. Viven subyugadas con la obligación del silencio, con el miedo de la delación canalla, en el peligro constante, y cuando se apoderan del macho, después de muchas horas de deseo enfermo, se entregan con toda la rabio del espasmo lúbrico, escribiendo su cuarto de hora de furias dementes. Llega entonces el odio al marido, a esa cosa tonta, que se mueve e incomoda en la casa y no ve la silueta del corrompido que pasa por la acera de enfrente, arrastrando por el suelo su honra, hasta que llega un día en que él sabe y ella huye o la precipitan en una mazmorra. Y así va rodando el mundo, entre hogares que se forman y hogares que se deshacen, en una interminable marcha de creaciones y de ruinas, contestando al epitalamio que canta el perfume de los azahares y el pudor del velo nupcial, con los gritos de la naturaleza bruta, que quiere las embriagadoras fecundidades, con el marco de las fragancias del polen, el único dios del Universo, lleno de zumos, de carpos húmedos y de cortezas, de troncos y hojas calientes, a través de cuyos vasos narra la linfa el poema de la necesidad sexual. ¡Paso pues! ¿A qué viene la ley? ¿Por qué no impiden que en pleno sol, bajo el infinito cielo, la semilla se rompa en el humus para entregarle sus carnes virginales? Así también podría decirse a la tierra que no las fecundara entre su negra cuajada. ¿Por qué lo hacen? ¿Por qué no impiden que las fieras se desgarren en las noches desiertas y manchen con sangre las arenas, y que las aves se cubran para esconder sus besos en las espesuras fragantes? Pero entonces sobre la ley, sobre los decretos, desde que han querido con el matrimonio circunscribir el derecho de las criaturas, la naturaleza vencedora, a pesar de todo, escribirá las sinfonías de las libres procreaciones, el zumbar de las selvas abrasadas en el himeneo gigantesco, los gemidos de la madre tierra, hinchada para parir. Y sobre las hipocresías de una virtud que necesita códigos, la gran sinceridad de la naturaleza vencedora ha de establecer en los tiempos que el hombre, que no es sino una de sus formas, como las demás formas, tiene el derecho a los libres espasmos, buscando a la mujer donde quiera que esté para fecundarla, como los átomos todos buscan a las átomas en el eterno vértigo de metamorfosis. Y porque la ley es artificiosa se producen los adulterios, que son sus desviaciones, que no resultan sino vasallajes a las leyes naturales. El mundo está enfermo, por el exceso de reglamentos. Todo cae bajo la acción de los virtuosos y de los sabios, un gremio perjudicial, que ha destruido la sinceridad pretendiendo establecerla, y que obliga a los humanos a vivir de la mentira y en la astucia hipócrita. ¿Por qué ha de ocultarse la mujer que ama a otro hombre que no es su marido? ¿Acaso porque se oculta no se produce lo que los virtuosos llaman delito? Con estas teorías, se contesta, todo se lo lleva el diablo. Puedo asegurar que así como están las cosas, hace rato que el diablo se lo está llevando todo.

La observación va a dar la prueba de esto. Se ven muchas cosas caminando por la ciudad. Yo no puedo olvidar su hora vespertina. La penumbra cae y todo lo invade, mientras el dilatado zumbido diurno se va desvaneciendo. Hay cuadras muy oscuras, rincones tenebrosos, que sirven para citas de amantes y mientras las campanas de las iglesias avisan que el Ángelus reza la oración del perdón para todos, las adúlteras pasan, entre la luz escasa, como sombras agitadas. Es la hora peligrosa. Las penumbras siguen cayendo y se amontonan en todas partes, mientras aquí y allá se iluminan los negocios. Aparecen después los faroles con luz y se agitan sobre el piso sus siluetas. Pasan debajo los coches y los tranvías se deslizan zumbando sobre los rieles. La noche del cielo está muy oscura. Las estrellas tardan en brillar, como si no sirvieran para nada en la vida de la ciudad, como si hubieran sido creadas solamente para alegrar las soledades de los campos, veladoras de la infinita paz nocturna. Poco tienen que hacer, porque las adúlteras que se arrugan en el fondo de los carruajes con cortinas bajas, no asoman para mirarlas. En esa hora han muerto muchas honras y se han satisfecho muchas lascivias en las posadas oscuras. Las rufianas acechan y arrancan a las niñas del conventillo y de la casa pobre para precipitarlas en el abismo. Es una triste procesión infantil, es un dolor que marcha hacia la infamia. La piedad cristiana no las ve pasar y no las salva. Sirven a las lujurias más desventuradas, sin perder muchas la flor de la inocencia, tan niñas son, mientras las más vuelven a sus casas con todos los candores marchitos. Por todas partes donde se sospeche una pobreza y donde los padres no cuiden demasiado a sus hijas, se siente el ojo malsano de los buitres dispuestos a desgarrarlas. Por eso hay tanta chicuela de mirada cínica y de rostro procaz. Son las que devuelven a la calle zaguanes oscuros. Cuando crecen, después, siguen despeñándose. Caen en manos de los mercaderes miserables. Tienen un precio distinto. En los clubes que éstos poseen en la ciudad, se rematan sus cuerpos y ser transforman en moradores de las casas obscenas, para servir al ludibrio entre las bofetadas y el escarnio. Vendidas como esclavas, ya son cosas. Instrumentos del vil negocio, valen por lo que pueden producir, mientras el club prospera y se enriquece con esas que poco a poco van muriendo, mordidas por todos los cuervos, los que sacian sus lubricidades y los que sacian sus avaricias, blancas osamentas arrojadas en inmunda sentina y dilaceradas en vida. Ellas pagan los anillos que los leones llevan en los dedos; el alfiler de brillantes que adorna sus corbatas y el champagne de las orgías bulliciosas. Por otra parte, mientras tengan ellas vestidura juvenil y lozana serán esclavas. No pueden huir, ni amar, ni arrepentirse. El terror las tiene encerradas; el desprecio de todos y el abandono las hace vivir en un inmenso desierto, sin oasis y sin aguas cristalinas. Jesús perdería aquí su tiempo. Las Magdalenas que pudiera encontrar serían las que ellos arrojaran a la calle, con la piel lívida y el cuerpo encorvado en las decrepitudes prematuras. ¡Ay de la que busque independencia! Los leones reunidos decretan su ruina. Las acosan, las ultrajan, las comprometen en todas las formas. Les incendian las casas y las abofetean hasta que la pobreza y la cárcel las reducen de nueva a las más sombrías humillaciones. Entonces, vuelven a la liga tenebrosa, a pagar de nuevo el champagne de la orgía o desaparecen para siempre. ¡Y este es el siglo de la libertad y así Jesús perdió su tiempo, queriendo dar a la mujer persona, sin darle al mismo tiempo la fuerza que es necesaria para imponer respeto! ¡Oh, yo puedo contar muchas historias! He visto mujeres con pasiones salvajes implorar la libertad a gritos. Abrazadas del hombre, adorado hasta el frenesí, enfermas de ese amor imposible, trenzadas con él, entre besos y sollozos, ellas serán cualquier cosa, esclavas y bestias de carga, la sumisión sin palabras, un ser atónito y dócil y le entregarán su cuerpo para que se atore en sus bramas de animal, con la única condición de salir de allí ¡de salir de allí! De esa atmósfera fría de crimen, lejos de la mirada oblicua y sucia de la barragana, que ha adivinado su pasión. Es entonces que el rufián pasa con su torva y siniestra psicología, en momentos en que el macho le ha abofeteado la mejilla y la hace rodar como un fardo sobre las alfombras, con un hielo de osario en el corazón, con una infinita soledad de muerte en todo su cuerpo. Es inútil. Por una Magdalena de éstas, cien más permanecen abyectas, mancebas de esos harems inconfesables. Y sobre todo, es necesario que los miembros del club sean ricos, que beban champagne y tengan orgías, enfrente de las sociedades civiles y a pesar de ellas que buscan para la vida las alegrías honestas. ¿Hay acaso alguna ley que los moleste? Si la hay, no se cumple. Entonces ellos siguen vendiendo y comprando esclavas y éstas derrumbándose de burdel en burdel, hasta que llegan al fin a las sucias zahúrdas, a los pisos de ladrillos, a los cuartos sin cielo-rasos y sin ventanas, transformados en un miserable andrajo para los soldados noctámbulos y borrachos.

Todo termina al fin. La vejez sacude los cimientos de los lupanares. Estos crujen, se destartalan y empiezan la danza macabra hacia el abismo. Es un rechinar de honras rotas, una larga lamentación de juventudes marchitas y una horrible sinfonía de lascivias y de dolores sordos. Zumban en el aire y van pasando las sedas podridas, los encajes deshilvanados, los terciopelos desteñidos y un enjambre de miserias paralelas, que acompañan a las diosas envejecidas y enfermas, y desparraman en el camino tufos de cuartos húmedos y alientos de roñas vetustas. Y sobre las orgías pasadas, la crucifixión de las pobrezas presentes. Y detrás de los días alegres, ¡las sombras de las noches sin fuego y sin luz! Así viven, rezando funerales a las embriagueces que ya no vuelven. Es una desventurada procesión. Los ojos no tienen brillo; las carnes están flacas y arrugadas, la piel llena de úlceras y de costras. Tosen. Se fatigan. Algunos enormes vientres de yeguas hidrópicas se balancean en las filas. Otras marchan sobre angarilla. Las compañeras las llevan a pulso. Son paralíticas. De cuando en cuando el grito estridente de alguna loca, los temblores y el vómito hediondo de las borrachas de vino y de caña. Aquí y allá, en el seno de la siniestra cohorte, caminan las niñas, que van a ser corrompidas, para alimentar las vejeces de las rameras decadentes, frescas flores ya manchadas en el lodazal. ¡Y blasfemias, rugidos, carcajadas! Una horda cínica desfila, cantando las baladas lúbricas e infames con estertores salvajes, donde suenan todavía las imprecaciones de las últimas y moribundas lujurias. ¡Por todas partes el mal, la enfermedad y el asco! A medida que avanzan hacia la sombra, acompañadas por el estruendo de los prostíbulos fracturados y el volar horrísono de las alcobas pecaminosas, arrancadas de cuajo y azotadas hacia el abismo, a medida que avanzan, se oyen los llantos y las desesperaciones de los hijos abandonados y el chasquear de las placentas empapadas de sangre y de estiércol en los abortos criminales. ¡Por todas partes el mal, la enfermedad, el asco! Así, a medida que se despeñan, se van alojando en la cama de los hospitales, donde pasan la noche lóbrega o duermen en los conventillos, donde las gentes les conocen la dolorosa historia o se desparraman en los cafetines inmundos de la ribera y se acuestan en los más bajos tramos de la inmundicia. Después mueren esas pobres solitarias y las arrojan sin ataúd, patas arriba, entre las carnes gangrenadas del osario. Allí amontonan la podredumbre, que contiene fétido aliento, entre los músculos corrompidos, al lado dela papilla negra formada de harapos y líquidos mefíticos. Una oleada malsana salta fuera de la inmunda huaca, como una lúgubre protesta de muerte, como una sombría bofetada. Parece que en aquel silencio se agitaran las manos sin carnes, buscando culpables para estrujarles la mejilla y mientras el esfacelo roe los huesos, los gusanos se alimentan y engordan sus carnes nacaradas, resbalando apurados los unos sobre los otros, serpeando y deslizándose, bajando y subiendo en un hambriento frenesí de lascivia procreadora que los destruye en el barro común, ¡en la hedionda y fúnebre sima! ¡Al fin la paz! ¡Al fin el descanso de la vida vagabunda sin dolor, sin hambres y sin crueles inviernos! ¡Al fin las flores enfermas encontraron la tiniebla para marchitarse y morir, mientras otras siguen retoñando detrás de ellas! Vestirán los hombres de seda sus cuerpos juveniles, para desflorarlos y manchar hasta la muerte la piel fresca. ¡La orgía os espera infortunadas hetairas! El mundo quiere las precoces extenuaciones, quiere mataros pronto, para recomenzar los lúbricos homicidios. En rededor de esa cohorte en marcha, los leones muestran los dineros ganados en las bacanales y caminan ellos también hacia el abismo, con sus máscaras truhanescas de delincuentes enflaquecidos en los garitos nocturnos. Estos sultanes del prostíbulo van dejando en el sendero sus oropeles y se transforman, bajo las imprecaciones d e las rameras moribundas, en una legión de enconados, que arrastran el hocico en el fango, donde terminan las vidas miserables, en el siniestro y frío silencio, donde desaparecen las almas canallas. En esa odisea se confunden con sus víctimas, heridos por ellas a zarpazos en el rostro, de donde manan podridas linfas, asfixiados por el vaho mefítico, dentro de ese turbión humano, que gira y gira hacia el pudridero de donde ya no se vuelve. Alrededor de ellos el estridente ulular de los ladrones, que bailan la danza macabra y la sombría guiñada del asesino hercúleo. Se mueven en sus cárceles, dando tumbos y meditan el delito en la hora postrera, sin conocer el mal que han hecho, frías, inconscientes, mal vestidas por el andrajo, las carnes flacas, llenando los senderos de purulencias tuberculosas. Borrachos e idiotas, estos onanistas caminan hacia la muerte, cantando los himnos de la perversión de Sodoma, un ejército degenerado que deja un reguero malsano. Aquí y allá, por todas partes, la tierra baja confunde, en el supremo estertor, las casas abyectadas con las inmundas crujías y la gangrena devora a estos hermanos del delito, y rameras, ladrones, rufianes, falsarios, adúlteros, arteros y asesinos, toda la hediondez humana escribe capítulos feroces y muere. Al fin la tierra baja y contamina todo al morir -acostada la persona llena de úlceras saniosas, con la calavera tirada de través en su mueca pavorosa.

Fuente: Archivos de psiquiatría y criminología aplicadas a las ciencias afines. Publicación bimestral dirigida por el doctor José Ingenieros, Buenos Aires, Talleres gráficos de la penitenciaría nacional, tomo 2, 1910.

A 9 años de la desaparición de la familia Gil-Gallego


Un nuevo 13 de enero llegó y siguen sin aparecer los 6 integrantes de la familia oriunda de la localidad de Crucesitas Séptima, departamento Nogoyá. La hipótesis de un hecho de sangre, iniciado con una desaparición forzada y violenta es la más firme que se sigue en la investigación.


Para ir entrando en tema

Crucesitas Séptima es un centro rural de población de tercera categoría (asentamientos no declarados municipios que tiene entre 499 y 300 habitantes) perteneciente al Departamento Nogoyá, en la Provincia de Entre Ríos, que se encuentra a unos 4 Km. del cruce de las rutas provinciales 32 y 6, unos 10 Km. al sur-este de la localidad de Viale. Allí vivían Rubén José Gil (56 al momento de la desaparición, actualmente 65), Norma Margarita Gallego (26/35) y los 4 hijos de la pareja: María Ofelia (12/21), Osvaldo José (9/18), Sofía Margarita (6/15) y Carlos Daniel (3/9).


Rubén, a quien los conocidos llamaban “Mencho”, hacía casi 15 años era peón en la estancia “La Candelaria”, propiedad de Alfonso Goette, un descendiente de alemanes domiciliado en Seguí, donde además era dueño de una farmacia. Norma colaboraba en la cocina de una escuela, debido a que era beneficiaria de un Plan Jefes y Jefas de Hogar.


El 13 de enero de 2002, asistieron todos al velorio de un vecino de la localidad de Viale, Máximo Vega. En el mismo habrían visto y mantenido una conversación con la hermana de Norma. En la madrugada, una maestra de la escuela a la que asistían los chicos les hizo el favor de llevarlos en su auto de regreso a la estancia. Esa fue, posiblemente, la última vez que alguien vio con vida a la Familia Gil-Gallego, ya que Goette afirmaría en la declaración prestada 3 meses después que él no los vio llegar esa día.

Investigaciones posteriores encaradas por Sebastian Gallino, juez a cargo de la causa, demostrarían que a partir de ese día, no entraron ni salieron llamadas del celular de Margarita, único miembro de la familia que poseía uno. Sin embargo, no fue sino hasta Abril de ese año que los familiares toman conocimientos de esa ausencia.


Ese mes se festejaba el cumpleaños de un familiar de Norma Margarita por lo que su hermana se intenta contactar con ella. Debido a que no recibe respuesta, habla con el patrón de su cuñado quien le informa no saber nada de la familia desde que fueron al velorio, en enero, pero también que Norma le había pedido telefónicamente cuatro o cinco días de vacaciones para visitar a unos familiares en Santa Fe. Más intranquila, unos diez días luego, al no tener noticias de los Gil, se dirige junto a otro conocido hacia La Candelaria. Al llegar se encontró con las puertas abiertas, la mesa servida, los animales sueltos. Goette sale infructuosamente a buscarlos en los alrededores del campo y al no hallarlos da parte a la policía, llegando a las pocas horas una comisión que realiza un relevamiento “de visu”.


Estos hechos son los que marcan la diferencia con otras desapariciones de las que se suele hablar cuando los medios recuerdan a los Gil. Por ejemplo, en el caso de los Pomar, finalmente resuelto, se sabía con certeza el momento en que habían partido, a que hora debían llegar a destino, el vehículo que utilizaron, quienes viajaban y con que motivo; incluso se tenía una foto de una cámara de seguridad que demostraba que la ruta programada para el viaje fue respetada, que viajaban sin cinturones de seguridad, que las niñas viajaban en el asiento trasero: los familiares de Rubén y Margarita, 9 años después, aún no han tenido acceso a esta información ni a ninguna otra.


Hasta de Fernanda Aguirre (a quien se busca a nivel mundial desde 2004) y de Sofía Herrera, la nenita de 2 años ausente desde septiembre de 2008 cuando pasaba el día con sus padres en un camping en Río Grande, se supieron algunas de las circunstancias que rodearon sus misteriosas desapariciones.


Otros casos con los que se podría relacionar el hecho son las desapariciones del Arquitecto Mario Zappegno (empleado del gobierno provincial; salió de su casa en Crespo con destino a Paraná en febrero de 2000 a bordo de su VW Polo rojo, patente BPQ 722; diez años después, ni siquiera se ha podido dar con el auto) y la del octogenario Amado Abid, ocurrida en febrero de 2003 (partió de su casa en su VW Gol; se encontró el vehículo empantanado en Colonia Güemes, sin signos de violencia y con las puertas cerradas con llave pero sin señales del contador Abid). Y más relación con estos casos fue puesta bajo sospecha por Elvio Garzón, abogado querellante de la causa, quien señaló la teoría de que existían en las 3 investigaciones, la de Abid, Zappegno y la de los Gil, oscuras vinculaciones con personal policial que habría trabajado en las investigaciones; esta presunción nunca halló asidero y no fue ingresada a la causa.


Comienzo de la búsqueda

En ese entonces se mencionó la existencia de familiares en Santa Fe, uno de los posibles destinos lógicos que hubieran seguido en caso de haber viajado por propia voluntad. Se decía que Gil estaba a punto de dejar su trabajo en “La Candelaria”, cansado de los malos tratos por parte de Göette y buscando un mejor pasar económico. Sin embargo, ésta primera hipótesis logró ser descartada ya que fueron contactados por la policía estos familiares quienes manifestaron no tener noticias del matrimonio. Además, tanto la ropa, los electrodomésticos de uso diario, e incluso el perro de la familia habían quedado en la estancia.


Se dijo que un vecino de la zona de La Picada, de apellido Haller, propietario de una gomería, los habría visto emprendiendo viaje al santuario del Gauchito Gil en Corrientes, a bordo de un vehículo Chevrolet Super de color azul, que recordaba bien el hecho porque había hecho mención jocosa al apellido del santo, a lo que el hombre del Chevrolet le respondió que ellos también eran de apellido Gil. Sin embargo, esta segunda línea de averiguaciones no encontró ningún sustento: por una parte, iniciar un viaje como ese requería algo de preparación o incluso alguna mención a la familia, cosas que no existieron; además, los Gil eran mas bien de trasladarse en remís ya que no tenían vehículo propio, como bien dijo la maestra que los llevó hasta su casa después del velorio en Viale. Más tarde se diría que ni siquiera había existido tal testimonio, que correspondería a un trascendido que la prensa se apresuró a publicar como una certeza.


Fue a partir de ahí que entre los allegados comenzó a escucharse la que hoy es la hipótesis que guía las investigaciones: la familia Gil nunca salió de la estancia con vida.


Pesquisas en la estancia

Pese a la insistencia de familiares y letrados, no fue sino hasta el 10 de julio de 2003 (cuando habían pasado 18 meses desde la ultima vez que se los había visto) que la investigación dirigida por Gallino acepta la posibilidad mencionada y se produce el primer allanamiento en la casa que habitaban los Gil, así como de un campo aledaño a la misma, “El Abasto”, también propiedad de Göette. Éste retraso en la toma de decisiones por parte del magistrado es siempre remarcado por los querellantes como una de las máximas falencias en la investigación judicial.


Tras resultar infructuosa esta primera inspección ocular, para 2004 la causa estaba prácticamente detenida. Ingresa entonces, representando los intereses de María Adelia Gallego, madre de Margarita, el Dr. Maximiliano Navarro.


Para principios de 2005, la causa avanzaba hacia la investigación en otras provincias, incluso en el extranjero: se repartían fotos de la familia a puestos fronterizos y las hacían circular pegadas en los vehículos de quienes salían del país para dar a conocer en el exterior la investigación. Pese a los resultados de la primera incursión en La Candelaria, la familia de Rubén y de Margarita seguían apuntando a la estancia: decían que los vecinos habían mencionado olores nauseabundos que emergían de un pozo de agua de la finca. Para mediados del año, el juez Gallino da intervención a peritos informáticos de la bonaerense para realizar el cruce de llamadas, de donde se desprende un dato que mas tarde cobraría relevancia entre los trascendidos: a la estancia entraban llamadas de un celular de Rosario pero cuando le fue consultado a la dueña del mismo sobre su relación con los Gil, ésta dijo no conocerlos.

Al cumplirse cinco años de la ausencia, los hermanos de Rubén enviaron una carta dirigida al entonces gobernador Jorge Busti solicitando mayor apoyo y acompañamiento oficial ya que, en palabras de los familiares, para el caso de la desaparición de la joven Fernanda Aguirre no sólo se había movilizado a toda la fuerza policial, sino también el gobierno había ofrecido recompensa a quien pudiera aportar datos que ayuden a aclarar las circunstancias del hecho, cosa que no había ocurrido con los Gil-Gallego. Mas tarde llegaría como respuesta oficial las palabras de un ministro que afirmaba que no recibieron ayuda porque nunca la habían solicitado. Por su parte, la familia Gallego haría lo propio en el Juzgado de Instrucción de Nogoyá, solicitando se investigue la supuesta desaparición de unos “expedientes” del hospital donde días previos a la desaparición, Rubén habría concurrido. En mayo de ese año, una comisión especial de la Policía parte con rumbo a Misiones, donde se decía, se encontraba viviendo una familia de apellido Gil, pero la pista también se cayó: no era los Gil-Gallego quienes habitaban allí.


Excavación, Scanner y Luminol

El 2008 fue el año en que, se podría decir, inició una segunda etapa en materia de investigación judicial. En una nota a la agencia de noticias APF, el Jefe de Policía, comisario general Héctor Massuh, informó que un grupo de la División Inteligencia Criminal estaba abocado a trabajar exclusivamente en el caso, siguiendo las órdenes del Juez Gallino; además, opinó que éste era uno de esos casos complejos, que duran años, y que encuentran solución de pronto, cuando surge una pista que lleva a esclarecerlo.


Días previos a conmemorarse simbólicamente otro año se incertidumbre, familiares de los Gil-Gallego presentaron a la presidenta el caso, y solicitaron la colaboración tecnológica y humana que un misterio así ameritaba. La respuesta llegó el 5 de marzo, autorizando el uso de un eco scanner, una dotación del químico llamado “Luminol” y enviando personal de la Secretaria de Inteligencia, los cuales empezaron las labores de campo el 3 de septiembre.


De éste rastrillaje participaron representantes de la Dirección Criminalística de la Policía, Bomberos Zapadores y del cuerpo Médico Forense del Superior Tribunal de Justicia. Estos grupos se concentraron en vaciar y examinar meticulosamente capa por capa de sedimento y barro provenientes en un viejo aljibe de tantos que existían distribuidos en la estancia: se buscaba tierra de relleno, indicio de una posible sepultura, y restos óseos.


El eco scanner, básicamente, funciona como un sonar de submarino: envía ondas sobre la superficie de la tierra; éstas penetran los diferentes niveles de suelo rebotando en parte; las ondas que regresan permiten saber profundidad y “texturas” de las capas. La información recabada es utilizada para localizar interrupciones en las líneas del suelo, que hagan sospechar movimientos de tierra. Esta misma tecnología se utiliza en la localización de tumbas clandestinas de la época de la Dictadura. Tras desplazar el costoso equipo en sectores de la estancia donde se sospechaba existían interrupciones del terreno, no se dio con resultados positivos.


Esquema del funcionamiento del georadar

Por otra parte, el uso del Luminol ofreció resultados más prometedores. Éste reactivo popularizado por series y películas de temática forenses, tiene la particularidad de hacer cobrar fluorescencia visible bajo luz ultra violeta a manchas de sangre de vieja data: la estructura molecular del químico se adhiere a ciertos componentes de la hemoglobina, produciéndose un cambio químico en ella que la hace visible con ésta luz alternativa.


Luego de rociar el preparado en varios sectores de la casa, se reactivaron algunas manchas presumiblemente de sangre en las paredes y piso del dormitorio principal y en la cocina de la casa habitada por los Gil. Preguntado que fue Goette sobre el posible origen, informó que uno de los hijos de Margarita había sido parido en la casa, y que no sería raro encontrar rastros de sangre, pero su madre mencionó que en aquella oportunidad se habían utilizado varios acolchados para proteger la cama de la sangre, situación ésta que, sin embargo, no resulta sino en más especulaciones. Sea cual fuera el caso, el reactivo Luminol reacciona además con otras sustancias que son capaces de iniciar su acción peroxidasa (oxidar el compuesto para que vire de color): éstas se denominan interferencias. Para descartar la existencia de éstas, se levantaron mediante hisopado algunas muestras de las manchas reveladas y se enviaron a laboratorios especializados para que se determinen su naturaleza, origen y, de ser posible, compatibilidad genotípica con muestras provistas por familiares de los Gil-Gallego, esto es, si “empataban” o se correspondían los patrones genéticos. Hace poco tiempo se dieron a conocer los resultados negativos de esta otra fuente de información forense: “algunas de las muestras no correspondían a sangre humana y otras eran de muy vieja data y no sirvieron” declaró Navarro.


Los recursos cedidos por el Ministerio del Interior se utilizaron hasta finales de ese mes de septiembre. Durante los siguientes 13 meses siguientes se continuarían las labores de investigación en la estancia. Entre los trascendidos de ese momento, tal vez el de mayor notoriedad fue la presunta existencia de un sótano: según testimonio de allegados y familiares, existía uno en la estancia, sin embargo el personal que había participado en las pesquisas nunca había encontrado uno en la casa principal. Inmediatamente se habló de que Goette había asesinado a los Gil, depositado sus cuerpos en el sótano, rellenado el espacio y disimulada su entrada para que nunca se dé con el lugar (octubre de 2008). Esto es lo que se conoce como “explicación conspiracionista”: no es posible confirmarla, pero tampoco refutarla completamente, y por ello perdura. Nunca se encontró el sótano, ya sea porque nunca existió, ya porque el asesino cubrió bien sus huellas.


Desde Rosario se consiguieron perros adiestrados en la búsqueda de restos humano, los que tres veces por semana recorrían toda la extensión de La Candelaria. En varias ocasiones “marcaron” sitios, donde se concentró la labor de búsqueda del equipo médico forense y colaboradores: un pozo ciego de 8 metros de profundidad, un sector de la casa principal. Sin embargo, la misma no dio con el paradero de los Gil (noviembre de 2008).


Entomología y Movimiento de Ganado

El 2009 ofrecería nuevas potenciales evidencias, testigos mudos de lo que ocurrió, cuya correcta interpretación, se esperaba, daría luz sobre el destino que tuvo la familia: el grupo de expertos del Superior Tribunal de Justicia que excavaba en la zona localizó insectos en una capa de tierra profunda de un pozo ciego, teóricamente una capa de relleno. Un entomólogo forense podría descubrir si éstos tuvieron contacto con los cuerpos, alimentándose de ellos, y así determinar si allí fue el lugar de abandono de los restos. La encargada del análisis fue la experta Adriana Oliva, reconocida investigadora forense del CONICET. Ella realizó los primeros exámenes y decidió enviar las muestras colectadas a Inglaterra, donde estimó podrían completar los estudios. Al momento de escribir estas palabras, tampoco se saben los resultados de estas diligencias.


El 30 de junio se daría por finalizada ésta nueva etapa de rastrillajes, con nuevos indicios pero ninguna evidencia, ningún sospechoso conectado a la desaparición o un cardinal hacia donde buscar a Rubén Gil y su familia.


Guillermo Vartoreli, el otro abogado querellante de la causa, anunció, un tiempo luego, que seguía esperando la información pedida sobre el movimiento de hacienda de Goette, para lo cual se necesita un permiso de SENASA y una autorización de la policía local. La hipótesis que guiaba el pedido era que, en alguno de estos movimientos de tropillas el dueño de La Candelaria podría haber movilizado los restos de la familia, tal vez hasta por partes, aseguraba un periódico en su edición digital, un trabajo de hormiga que le hubiera conseguido impunidad en su crimen: otra vez, la conspiración sin evidencias que la sustenten, pero que da titulares.


Planes Sociales para Todos

En enero de 2010, se dio a conocer la noticia de que Rubén Gil aparecía en la lista del ANSES de quienes percibían la ayuda social denominada “Asignación Universal por Hijo”, que la retiraban de la sucursal Viale del BERSA, lo cual era indicio del paradero de los mismos o que alguien estaba fraguando información, que cobraba la asignación a nombre de Rubén, como había sucedido en Córdoba por aquellos mismos tiempos. Más tarde se diría que en realidad sólo figuraban en la lista de “aptos para cobrar”, que al sistema habían sido cargado automáticamente, que era lo que se hacía con los potenciales beneficiarios para agilizar los trámites. Ésta situación había ocurrido por ser Mencho un empleado en relación de dependencia y su mujer, beneficiaria de otro plan social. Otra trascendido sin fundamentos que se convirtió en titular. Y los Gil siguen sin aparecer.


El inicio de septiembre traería consigo una baja en el equipo de búsqueda: a los 71 años moría Otto Gil, sin poder ver de nuevo a su hermano o darle cristiana sepultura, en fin, sin saber que había sido de él.


A mediados de noviembre se iniciaría una nueva búsqueda en un campo lindero a la estancia, propiedad de un hombre de apellido Cosman quien, se aclaró, no está bajo sospecha. El equipo interdisciplinario de policías, bomberos y personal del Superior Tribunal continuó las excavaciones: el centro de las mismas sería un aljibe donde al momento de la desaparición los vecinos habrían percibido olores nauseabundos. El mismo, de unos 40 metros de profundidad, estaba casi repleto de agua, por lo que el juez autorizó a su vaciado para facilitar la tarea de búsqueda de restos óseos y demás indicios. Sin embargo, la vieja data del mismo hacía posible el colapso de la estructura de ladrillos, por lo que el grupo forense tuvo que trabajar con agua hasta ¾ de la capacidad total, realizando a través de la misma la colección de sedimentos, sin resultados prometedores. Otro años más se terminó y los Gil siguen sin aparecer.


La Conspiración de los Medicamentos

Para finalizar ésta cronología, decidí colocar, de principio a fin, la que creí la teoría más elaborada acerca del destino de la familia de Crusecitas Séptima. Es en parte, la “opinión de la calle”, hipótesis planteadas por quienes impulsan la querella y, más que nada, trascendidos que la prensa ha filtrado.


Los seguidores de ésta “línea de investigación” sostienen que Goette era parte de una red dedicada a adulterar medicamentos. Dicha organización tendría asiento en Rosario, lo que explicaba las llamadas que entraban a la estancia. Una vez adulterados, los medicamentos eran distribuidos a través de los contactos que poseía Goette por ser dueño de una farmacia.


La teoría sostiene, demás, que la estancia era utilizada, con conocimiento del matrimonio Gil o por lo menos de Rubén, como lugar de acopio de la mercadería. A surtir de la diferencia de edad entre Margarita y su esposo, se dijo que por lo menos uno de los hijos del matrimonio no sería de Rubén, sino que la hija menor en realidad era de Goette. Que al darse por enterado Rubén del adulterio de su mujer, amenaza y extorsiona al dueño de La Candelaria con revelar sus “negocios” si no paga una importante suma de dinero y que éste decide enviar un sicario o personalmente eliminar a la familia, o bien sólo al matrimonio, o bien sólo a Rubén, quedando los sobrevivientes alojados con familias amigas en el interior del país. El o los cuerpos habrían sido arrojados a los cerdos, quienes no dejarían vestigios del hecho.


No faltó quien afirmara, además, que existía un parentesco lejano entre el Juez y el estanciero, lo que motivó el retraso en el inicio de las pesquisas en el campo, ya por la consanguinidad o porque también era parte de la organización o se le ofreció serlo. Y que el personal policial estaba involucrado en la operación de Goette, asegurando una “zona liberada” para trabajar y los que no, habían practicado una investigación ineficiente debido a que el dueño de la estancia los había invitado a un cuantioso asado el día de la primera inspección ocular.


¿Cuánto de esta historia puede probarse judicialmente? Que los 6 integrantes de la familia desaparecieron en algún momento, a partir de las primeras horas del 15 de enero de 2002, presumiblemente, no por propia voluntad, puesto que no llevaron consigo ropa, documentación o dieron aviso a sus familiares. Que no existen elementos físicos que permitan afirmar la muerte de ninguno de los seis o que vincule a Alfonso Goette con los hechos que se investigan, más allá de la relación laboral con Rubén.


Lo único que se puede asegurar es que se dejaron pasar potenciales evidencias, se perdieron testigos y testimonios, pues como reza ese adagio forense atribuido al francés Edmond Locard, “Tiempo que pasa, verdad que huye” y en la investigación de la desaparición de la familia Gil Gallego, se dejó pasar tiempo sin lugar a dudas.


Finalizo recordando otra máxima que siempre deben tener presente quienes se dedican a la investigación judicial: “No existe el crimen perfecto, sino mas bien las investigaciones ineficientes”. Saquen sus conclusiones.

El imputado quedo libre y un crimen impune


Foto: Pedro Castanio quedó libre. (El Diario)

Rechazó en un juicio oral y público el informe forense en el cual tres médicos y una especialista en Anatomía Patológica confirmaban una muerte por estrangulamiento. Sostuvo que fue un infarto y retiró la acusación.

La fiscal de Cámara Cecilia Goyeneche dio su propio dictamen médico –siendo abogada–, rechazando el informe autópsico que se le realizó a una mujer fallecida. Hay que agregar que el mismo había sido firmado por tres galenos y una especialista en Anatomía Patológica.

Basándose, en la lectura de las especificaciones brindadas por el profesor Osvaldo Raffo –reconocido médico legista, autor de numerosos libros, entre ellos “La Muerte Violenta”, donde brinda su apreciación respecto a los signos que deja en un cuerpo un homicidio por estrangulamiento manual–, la fiscal encontró diferencias con lo diagnosticado por los médicos locales y optó por rechazar que Juana Martínez, de 52 años, haya sido estrangulada.


El caso empezó a investigarse luego del fallecimiento de Martínez, en la ciudad de Strobel, en el departamento Diamante. La mujer desapareció de su casa el 22 de octubre de 2006 en horas de la tarde y fue encontrada muerta el 23 a la 1,45 de la madrugada.


El médico de la Policía, al ser informado por los familiares que la víctima padecía serios problemas cardíacos, colocó en la ficha de su informe un paro cardiorespiratorio, pero dejando en el mismo renglón “a disposición de la Justicia”.


No obstante, el cuerpo pasó a ser velado en una funeraria y ciertas versiones de boca de un par de vecinos hicieron dudar sobre las causas del deceso, lo que motivó que el juez de Instrucción de Diamante ordenara el traslado del cuerpo a la morgue judicial de Oro Verde.


Luego de que finalizaran todos los peritajes médicos de rigor, los doctores Luis Leonardo Moyano, jefe del departamento Médico Forense del STJ; Daniel Morra, médico Forense de Diamante y Luis Molteni, médico Forense de los Tribunales de Paraná, elevaron al magistrado a cargo de la causa el diagnóstico médico legal confirmando oficialmente que “la muerte de Martínez, Juana María Graciela, se produjo por Asfixia Mecánica por Estrangulamiento”, lo que derivó en la detención del esposo de la fallecida, Pedro Castanio.


Para llegar a esta conclusión, entre una gran cantidad de ítems que se especifican técnicamente dentro del informe médico se destacan “hematoma en región retrofaringeo”, lo que en el debate se explicó como que únicamente se puede producir cuando alguien ejerce presión en el cuello de una persona, logrando causar ese hematoma detrás de la faringe.


También se especifican como normales en estos casos, en la zona interna del cuello la existencia de petequiado –pequeñas manchas rojas producidas por sangre y que se forman cuando se rompen capilares-, en mucosa de la laringe, en zona interna de la tiroides y en planos musculares. Pero quizá lo más grave y contundente fue la fractura del asta derecha del hueso hioides, una particularidad de la muerte por estrangulamiento manual, según apuntan los galenos.


Para brindar un mayor porcentaje de certeza a los resultados autópsicos, se enviaron todas las muestras de tejidos y el hueso hioides al laboratorio de la doctora Silvia López de Bertero, médica cirujana, especialista en Anatomía Patológica, quien confirmó las lesiones que los médicos analizaron como compatibles con estrangulamiento con descripciones macroscópicas y microscópicas del material estudiado.


Al margen de que la fiscal de Cámara Cecilia Goyeneche dio crédito a los testimonios de los hijos de la víctima –a la vez hijos también del acusado- de que su padre sería incapaz de matar de esa manera a su esposa, lo llamativo de los alegatos finales fue que en lugar de plantear la imposibilidad de sostener la acusación con la que Pedro Castanio fue llevado a juicio, por no poder situarlo como autor, o ante la falta de testigos que admitan haberlo visto cometer el crimen, atacó directamente el dictamen médico, sosteniendo de plano que la mujer solamente murió por un hecho desgraciado: infarto masivo


El 22 de octubre de 2006 en Strobel ocurrió una desgracia, la señora Martínez sufrió un infarto masivo que le produjo la muerte, pero esa desgracia no fue interpretada de esa manera, sino como un hecho atribuible a alguien y no como la desgracia que fue”, alegó la fiscal en el debate.


Más adelante, la fiscal Goyeneche dijo que “el médico forense es falible en esto, se cuenta con un análisis anátomo patológico que da cuenta de una asfixia, pero que todas estas alteraciones también podrían ser explicadas por una muerte natural, cardiorespiratoria. Por otro lado se tiene el dato de que la víctima en la mañana del hecho manifestó que tenía dolor de estómago y en el brazo, los que son síntomas de una afección cardíaca”, alegó Goyeneche.

Finalmente citó al autor Osvaldo Raffo, quien había sido mencionado además por el vocal del tribunal, José María Chemes, al interrogar a los médicos que investigaron el hecho debido a que sostiene que “en el estrangulamiento manual, el estima ungueal –marcas de uñas en el cuello- pueden faltar, pero la esquimosis –moretones por la presión de los dedos- nunca. El cuello de Juana Martínez no tenía estas marcas, pero los forenses locales aseguran haber tenido otros casos en los que esas marcas tampoco aparecieron y sin embargo se trataba de un estrangulamiento (Caso Wilma Mezza).


Como corolario de esto, el tribunal, integrado por los vocales José María Chemes, Daniel Perotti y Ricardo González, argumentó en su resolución que estaba impedido por jurisprudencia de pronunciarse de otra forma que no sea la absolutoria, al haberse desistido de la acusación fiscal.

Fuente: El Diario

La mejor forma de encubrir un crimen es con una investigación deficiente...

¡Saludos!

Mi nombre es Carlos Sosa, Licenciado en Criminalística, estudiante de la Lic. en Accidentología Vial de la Universidad Autónoma de Entre Ríos (UADER), Entre Ríos, Argentina.

En este blog podrás encontrar información referida a las Ciencias Forenses: artículos, casos, curiosidades, información de actualidad, fundamentos técnicos de la investigación Criminalística, info de eventos...

Espero recibir tus comentarios, dudas y recomendaciones.

Carlos F. Sosa

Lic. Criminalística

Balística-Papiloscopía-Documentología

criminalisticodte@gmail.com

carlos_sosa16@yahoo.com.ar

principio.de.identidad@hotmail.com