14 enero, 2012

Salud Visual en Conductores: Cataratas e Hipertensión Ocular (Fragmentos)

Trabajo presentado en el II Congreso Nacional de Criminalística y Accidentología Vial, Paraná 2011

 
 
 
Rodrigo Martín Torres, Pablo Gabriel Lódolo, Fiorella Falcione, Andrea Tell
Centro de Ojos Dr. Lódolo. Paraná y Asociación Entrerriana de Oftalmología, Entre Ríos. Argentina

------------------------------------
Autor Responsable: Rodrigo M. Torres
Las Calandrias 4789. Barrio Las Acacias, Colonia Avellaneda, Entre Ríos.
E-mail: romator7@hotmail.com
------------------------------------

Publicado en ARCH. OFTAL. B. AIRES; vol 81 nº 1; pág 04-08; 2010

Introducción

Los accidentes de tránsito son una importante y crecien­te causa de muerte. Aunque se mejoran los sistemas de se­guridad en los vehículos como también en las rutas, el error humano continúa siendo la principal causa de accidentes. Es necesario tener buena visión para poder conducir. Cómo, dónde y quienes evalúan los exámenes varía de país a país, e incluso dentro de cada país, de provincia a provincia y de municipio a municipio.

La agudeza visual, el campo visual y la visión de contras­tes resultan fundamentales para ejercer una conducción se­gura. También son importantes la visión nocturna, la vi­sión de colores y el deslumbramiento. Pero medir todas estas funciones visuales demanda tiempo y costos difíciles de afrontar y en la actualidad no hay datos científicos concretos que justifiquen la realización de ciertas pruebas. Las catara­tas y el glaucoma son patologías que alteran las funciones vi­suales descritas. La detección de cataratas y su grado se pueden realizar de forma simple, rápida y económica a tra­vés de una lámpara de hendidura. La medición de la presión ocular (PIO) a través de la tonometría de aplanación de Gold­mann resulta simple y efectiva para la detección de hiperten­sión ocular (HTO), que continua siendo el principal signo de alerta para sospechar y diagnosticar glaucoma.

Por lo anterior y teniendo en cuenta la relevancia del con­trol del sistema visual de los conductores, la Asociación Entre­rriana de Oftalmología (AEO) en convenio con la Municipali­dad de Paraná, provincia de Entre Ríos, comenzó en el 2003 un programa para realizar el control de la salud visual de los con­ductores que necesitasen obtener o renovar su registro de con­ducción. El objetivo de este trabajo es evaluar la efectividad de este programa para la detección y descripción de alteraciones visuales en la población de conductores, enfatizando la pre­valencia de hipertensión ocular y cataratas.

Objetivo:

Evaluar características visuales y eficacia de un programa de control visual de conductores con énfasis en detección de cataratas e hipertensión ocular (HTO).


Método:

Estudio transversal sobre base de datos con registros de marzo 2003 a marzo 2006. En dichos controles se registra­ron datos personales, antecedentes clínicos generales-oculares y control oftalmológico (agudeza visual, presión ocular (PIO) y examen en lámpara de hendidura), de personas que renovaron u obtuvieron su registro de conducir.


Resultados:

Se analizaron 18520 registros; 20,9 eran mujeres y 71,9 hombres, con edad media de 40,06 años. Clínicamente se identificaron: diabéticos 2,8%, e hipertensos 10,3%; 290 personas manifestaron glaucoma y 64 retinopatía diabética. Ope­rados de cataratas 2,19% y 0,47% de cirugía refractiva. El 78,02% no necesitó corrección óptica para conducir. En la pobla­ción examinada, 275 personas (1,48%) presentaron HTO y 853 (4,60%) cataratas.


Discusión:

Conducir es una actividad cada vez más necesaria, para ello es fundamental tener un buen sistema visual para poder conducir seguro, ya que la mayoría de la información que se obtiene al conducir ingresa a través de nuestros ojos. Hay datos de que por ejemplo un 43,7% de víctimas no fatales en accidentes de tránsito declararon tener problemas visuales. Por lo tanto resulta relevante controlar la visión de quienes conducen. Pero los controles que se basan solo en la toma de agudeza visual sin evaluar otros aspectos importantes relacionados con las funciones visuales necesarias para conducir.

El Consejo Internacional de Oftalmología (ICO) redactó un documento acerca de las funciones visuales necesarias para una conducción segura, donde discute que funciones visuales se deben estudiar y propone límites necesarios para aprobar. Se enfatiza que como controles básicos se deben evaluar la agudeza visual, campo visual y visión de contrastes.

La agudeza visual es lo que comúnmente se evalúa en todo el mundo. Resulta simple de medir, de forma económica y reproducible, pero los valores mínimos requeridos varían de país a país (desde 20/50 a 20/25). En el presente estudio ésta fue evaluada con o sin corrección, requiriéndose un mínimo de 20/40 binocular. Se destaca que el 78% de la población estudiada alcanzó el nivel exigido sin necesidad de corrección óptica.

En cuanto al campo visual, en el presente trabajo solo fue evaluada para aquellos casos de conductores con ceguera de un ojo (monoculares). Pero teniendo en cuenta que la visión periférica en necesaria para poder conducir ¿no debería evaluarse en todos los conductores? Lo ideal sería evaluar la visión periférica “binocular” (ya que es la visión periférica útil real) de forma rápida, reproducible, sencilla y económica. En algunos lugares se evalúa de forma monocular y se extrapolan estos valores para obtener la posible visión periférica binocular. Aunque la realidad es que en la actualidad aún no
existe consenso acerca de la mejor forma de evaluar la visión periférica (diferentes test, modos y programas) en los controles para obtener o renovar la licencia de conducir. La PIO es fácil de medir. Su medición es reproducible. Es un acto médico rápido y económico que da información acerca de la posibilidad de que una persona pueda padecer de glaucoma.
 
Además, en esta patología la mayoría de las personas carecen de síntomas mientras que la enfermedad avanza y la visión periférica disminuye, ocasionando la ceguera irreversible de no mediar su diagnóstico y tratamiento de forma oportuna.

En este trabajo, 290 personas manifestaron tener glaucoma, pero la PIO se detectó elevada en 275 personas, de las cuales solo 34 formaban parte del grupo que había manifestado tener glaucoma, aunque tenían un mal control de su PIO. Por lo tanto, se detectaron 241 casos de personas con HTO que lo desconocían. El aspecto del nervio óptico no fue evaluado. Ya a modo de mejorar el presente programa de control visual y teniendo en cuenta que las personas que tienen neuropatías por glaucoma u otro origen podrán tener afectada la visión periférica, se propone el agregar la descripción del nervio óptico (a través de biomicroscopía, como método simple) en el control visual de los conductores.

Incluso se podría utilizar esto como para definir un punto de corte y separar a aquellas personas donde realmente se justifique la evaluación del estudio del campo visual (hacer campo visual en personas con alteración del nervio óptico).

La visión de contrastes es otra función visual importante, pero que usualmente no se evalúa en los controles de visión a conductores. Tanto las cataratas como el glaucoma son patologías que afectan la visión de contrastes. Las cataratas no son difíciles de diagnosticar y además se puede graduar su severidad. Con sistema elegido en este trabajo se detectaron cataratas en el 4,6% de la población que recurrió a realizar el control para conducir. A estas personas se le explicó e informó de la patología detectada para que pudieran ser evaluados y tratados por su oftalmólogo. Igualmente, no se realizó el estudio de visión de contrastes. Tal vez, la evaluación de la visión de contrastes podría ser realizada solo para definir si conductores con cataratas y/o glaucoma, independientemente de su agudeza visual, pueden conducir o no. El mismo criterio podría ser utilizado para evaluar a personas que han sido operadas de cirugía refractiva.

La retinopatía diabética fue reportada en un 12,28% de pacientes que manifestaron ser diabéticos. Parece ser un bajo porcentaje cuando se compara con resultados internacionales y locales. Como posible sesgo en este resultado, se debe mencionar que el fondo de ojos no fue evaluado y que al ser un dato originado solo por lo que han manifestado los participantes, se podría presumir que muchos de los conductores diabéticos, podrían haber tenido signos de retinopatía diabética que ellos desconocían y que aún no afectaban su agudeza visual.

Nuestro bajo porcentaje de casos de diabéticos con retinopatía, también se puede deber en parte a una auto-limitación en la conducción de personas que son conscientes de su enfermedad sistémica y baja visión por diabetes. Existe evidencia clínica que patologías sistémicas como la diabetes están relacionadas estadísticamente a un mayor riesgo de colisión. Este estudio muestra que el programa utilizado desde el 2003 y basado en el examen de la agudeza visual, medición de PIO y observación por lámpara de hendidura, ha sido eficaz para detectar potenciales conductores que presentaban cataratas e HTO. Estas personas fueron asesoradas sobre las patologías detectadas y derivadas para su control y tratamiento, teniendo en cuenta que esta patologías pueden alterar las funciones visuales para conducir, a pesar de alcanzar el mínimo de agudeza visual requerido.

Sin altos recursos económicos es posible controlar la salud visual de la población de los conductores. El programa de examen visual evaluado en este trabajo es simple, confiable, reproducible y de corta duración (aproximadamente cinco minutos). Se utiliza aparatología médica que dispone cualquier consultorio oftalmológico. Se genera un acercamiento del oftalmólogo a la población general. Conductores con buena visión son conductores más seguros, lo cual podría ser evidenciado en la disminución de accidentes. En el presente estudio este ítem no ha sido evaluado, lo cual será un importante aporte a futuro. Aparecen algunos nuevos test de control visual automatizados.
 
¿Es posible mejorar el control visual de los conductores realizando una batería de test? ¿Es posible tener toda esa información de un solo aparato, de un solo test? ¿Quién lo realiza? ¿Una máquina, un empleado administrativo? Como oftalmólogos, es nuestra responsabilidad el cuidado de la salud visual de la población, incluyendo a los conductores. El control de salud visual descrito en este trabajo se ha vuelto un requisito para obtener o renovar el registro de conducir en la Ciudad de Paraná, provincia de Entre Ríos, Argentina. Este programa ha permitido que muchas personas que nunca habían tenido contacto con un oftalmólogo, tuvieran un control. Lo cual hizo posible la detección de patologías oculares en potenciales conductores que se transformarían en potenciales problemas en la ruta
 
------------------------------------
 
 
Consultar Artículo Completo: Sociedad Argentina de Oftalmología

10 enero, 2012

Investigación forense y ADN, la importancia de los detalles


Paula Sánchez Diz, investigadora Isidro Parga Pondal en el Instituto de Ciencias Forenses Luis Concheiro de la Universidade de Santiago de Compostela.


Sherlock Holmes dijo “durante mucho tiempo ha sido un gran axioma para mi que las cosas pequeñas son infinitamente las más importantes”, pero lo que nunca imaginó es que algo tan pequeño como una molécula de ADN, podría llegar a ser, quizás el instrumento más poderoso en la polifacética lucha contra el crimen.

Cualquiera de nosotros, alguna vez se ha preguntado si realmente son ciertas las cosas que vemos en las series de televisión sobre investigadores forenses. ¿Dónde está el límite entre la realidad y la ficción? ¿Acaso es posible que con una simple molécula consigamos resolver un crimen? ¿Cómo vamos a identificar a un asesino si tenemos solamente un pelo o una colilla?

Actualmente, el análisis del ADN ha revolucionado las investigaciones forenses y se ha convertido casi en un instrumento indispensable en la casuística forense moderna. Por ejemplo, sabemos que un sospechoso puede ser asociado con la escena de un crimen mediante saliva, colillas, células epiteliales, pelos en ropa… o que víctimas de desastres masivos, en los que la identificación física es imposible, pueden ser identificadas en pocos días. Pero, ¿cómo podemos, utilizar el ADN para resolver investigaciones forenses tan variopintas?

Por una parte, sabemos que el ADN, molécula portadora de toda la información genética, se encuentra en todas y cada una de los trillones de células que componen nuestros tejidos y nuestros órganos (excepto las células sexuales, determinadas células de la sangre). Este principio de universalidad es fundamental para realizar cualquier análisis genético en una investigación forense. Resulta obvio que este análisis de ADN debe llevar implícita una comparación entre la muestra biológica que se ha recogido en la escena del delito o en el cuerpo de la víctima (muestra dubitada), y una muestra de referencia extraída de la persona de la que se sospecha pueda haber dejado el indicio biológico dubitado (muestra indubitada). Si la muestra de referencia y la muestra dubitada provienen de la misma persona, el perfil genético será exactamente igual.

Por otra parte, el ADN resulta un instrumento indispensable en identificación humana debido a su diversidad. Es decir, el genoma (que es idéntico en todas las células de un mismo individuo) presenta variaciones en los distintos individuos de la población. Esta diversidad nos permite identificar a cualquier individuo una población a través de su perfil genético (que siempre es único, excepto en el caso de gemelos univitelinos). 

Actualmente, los laboratorios forenses que realizan análisis de ADN aplican rutinariamente estos principios básicos. Este análisis requiere de distintos pasos que deben ser realizados por gente experta con una rigurosidad extrema: 1) pruebas preliminares para determinar la naturaleza y el organismo de procedencia de los vestigios biológicos; 2) análisis del ADN presente en la muestras (dubitadas e indubitadas) con fines identificadores; 3) análisis e interpretación de los resultados obtenidos. Cualquiera de las tres etapas es igual de importante a efectos de conseguir un resultado concluyente.

Desde hace poco más de veinte años, el análisis de ADN sido imprescindible para resolver importantes casos de investigación e identificación forense. Sin embargo, está lejos de ser la condición sine qua non de la casuística forense. La evidencia de ADN siempre debe ser considerada dentro de un contexto de otras evidencias diferentes pertenecientes al mismo caso. El papel de un genetista forense no es determinar si un individuo es culpable o inocente de acuerdo con el resultado de sus análisis. Son el juez o el jurado los que decidirán acerca de la culpabilidad o la inocencia de un individuo, después de haber estudiado todas las pruebas del caso.

07 enero, 2012

Crean un kit económico para mejorar los peritajes balísticos

Cuesta unos 20 pesos y garantiza la seguridad de la recolección de los residuos de disparos
Por Fabiola Czubaj | LA  NACIÓN

Para aumentar la seguridad al momento de recolectar los residuos de disparos de armas de fuego en la escena del delito, un equipo de científicos argentinos agudizó su ingenio para dar con una solución como la que se usa en el primer mundo, pero más económica.

Se trata de un kit que incluye seis frasquitos (tres por cada mano, divididos por zonas) con diminutos trozos de una cinta de carbono con un adhesivo para utilizar sobre la piel u otra superficie, incluida la tela. Su costo, de unos 20 pesos, lo hace accesible para armarlo en cualquier laboratorio forense o policial del país.

En once pasos sencillos, que resguardan las muestras de toda contaminación, los peritos pueden recolectar en discos de cinta de 1 cm cientos de partículas invisibles para el ojo humano. Y lo más importante es que este kit armado por el Grupo de Física Forense del Centro Atómico Bariloche permite analizar los residuos tanto con los equipos disponibles en la mayoría de las provincias como también con una técnica altamente sensible que recién se empieza a usar aquí: la microscopía electrónica de barrido combinada con espectrometría de energía dispersiva.

El grupo impulsa el uso de esas técnicas de análisis multielemental, y de técnicas atómicas, en la investigación científica con aplicación forense porque permiten estudiar varias veces la misma muestra sin alterarla, a diferencia de los reactivos químicos. "Constantemente recibimos consultas de la policía, los médicos forenses, los jueces y los fiscales sobre causas relacionadas con los residuos de disparo y en las que las muestras no fueron bien recolectadas. Además, nuestro país es muy extenso y no siempre la Justicia cuenta con el equipamiento y la tecnología para resolver casos criminales. Este kit permite que se recolecte inmediatamente la muestra diferenciada por zonas de la mano", explicó la licenciada en criminalística Marina Stuke, del grupo de la Comisión Nacional de Energía Atómica.

La presentación formal del kit desarrollado por Stuke, Daniel Wilberger y Silvia Dutrús fue en el último Congreso Latinoamericano de Técnicas de Investigación Criminal (Coltic). Allí también se mostraron los resultados de un estudio sobre la permanencia de los residuos de disparos en la ropa, en el que participó la doctora Mora Soldati. La doctora en química Bernarda Quiroga presentó la utilidad de las nuevas técnicas de análisis no destructivas en la investigación penal.

"Queremos contarles a los especialistas cómo hacer mejor las cosas, con qué protocolo es más efectivo trabajar -dijo Quiroga-. La recolección de los residuos después de un disparo, ya sea en un cadáver o en un sospechoso, no tiene mucha ciencia, pero hay que saber hacerlo para evitar errores." Eso va desde la impugnación de un peritaje en una causa judicial hasta poder probar sin lugar a dudas que lo que aparentaba ser un suicidio había sido un homicidio.

A veces, según explicaron las expertas, al sospechoso se le toman primero las huellas de los dedos y después se trata de obtener los residuos con el llamado guante de parafina. "En el medio, le piden que se vaya a lavar las manos. Entonces, si un perito duda de si el sospechoso se lavó las manos, todo lo que tiene que hacer es buscar residuos en la ropa con las cintas del kit", señaló Stuke.

Como los residuos de disparo salen del arma con alta temperatura, se adhieren a las fibras de la ropa. El equipo comprobó en varios ensayos que esos restos, generalmente esféricos y de hasta de un micrón (la milésima parte de 1 mm), permanecen adheridas a los puños.

"Con un mínima concentración de partículas se pueden detectar los residuos. Son técnicas que sirven para estudiar todo tipo de muestras -afirmó Quiroga-. En el país hay muchos equipos de microscopía electrónica de barrido, por ejemplo, pero uno solo está destinando al trabajo forense. Con este kit se podría extender el uso de estas técnicas tan sensibles porque siempre hay que chequear los resultados con la mayor cantidad posible."

TOTAL CERTEZA

Cuando esas técnicas confirman tres características de las muestras, hay certeza de que esas partículas aparecieron por el uso de un arma de fuego. Son la forma (redondeada o irregular), el tamaño (de entre 0,5 y 10 micrones, si es redondeada, o de entre 1 y 100 micrones, si es irregular) y la composición, que es la unión de plomo, antimonio y bario con uno o más elementos tan comunes en el cuerpo como en el hogar, un taller mecánico o una oficina: el fósforo, el hierro, el zinc, el calcio, el cloro o el potasio, entre tantos otros.

Todo eso se puede ver en un gráfico similar a un electrocardiograma y sencillo de interpretar. "Un policía bien adiestrado lo puede hacer", coincidieron las investigadoras.

Por su parte, el juez de instrucción doctor Manuel de Campos, presidente del comité organizador del Coltic y director académico de la Escuela de Derecho Penal y Ciencia Forenses Aplicadas, comparó la aplicación de estos descubrimientos del grupo de Bariloche con "el uso del factor sanguíneo versus el del ADN", pero en balística. "Tienen un grado de certeza muy alto en las investigaciones penales por el uso de armas de fuego. Es un avance que debería extenderse al país -opinó-. Hoy, la ciencia y la tecnología van de la mano en la investigación de los delitos."

51% De los homicidios en el país son con un arma de fuego, según las 1234 muertes dolosas registradas en 2009 (sin Buenos Aires).

03 enero, 2012

El caso de Blackburn


Una campaña masiva para tomar las huellas digitales de todos los hombres de la ciudad condujo a Scotland Yard al asesino de la pequeña Anne Devaney.


La enfermera Gwendoline Humphrey realizaba en silencio sus deberes en la Sala CH3 del Queens Park Hospital, en Blackburn, Inglaterra. Gwen adoraba su trabajo, aunque era solitario a altas horas de la madrugada, cuando los niños estaban dormidos y cierta tranquilidad descendía sobre esa sección del hospital.


Esa noche del 14 de mayo de 1948, en la sala de 12 camas había seis pacientes, todos de menos de cuatro años de edad. A las 12:30 am, uno de los niños se despertó y lloró. Gwen cambió al pequeño y lo abrazó por unos momentos. Cuando el niño se durmió, lo colocó nuevamente en su camita, al lado de June Anne Devaney, de cuatro años.

June Anne había sido internada en el hospital el 5 de mayo con neumonía, pero ahora, 10 días después, estaba previsto que sería dada de alta esa mañana. Gwen continuó con sus deberes muy cerca de la Sala CH3, pero a la 1:00 am regresó para darle un vistazo a los niños que dormían. Advirtió que una puerta que conducía directamente de la sala a los jardines del hospital estaba entreabierta. En ese momento no le prestó mayor atención a ese hecho, dado que el pestillo fallaba un poco y a menudo la puerta se abría en las noches de mucho viento. Suspirando, Gwen cerró la puerta.

Cuando regresó a la camita de June Anne Devaney, se alarmó al verla vacía. Gwen informó a una de las hermanas, y ambas llamaron a la policía. Se comenzó una exhaustiva inspección de los jardines del hospital. La instalación, ubicada cerca del centro de la ciudad, tenía grandes jardines encerrados por un muro. Los que realizaban la búsqueda sólo tardaron pocas horas antes de encontrar el cuerpo de June Anne.

La cabeza de la niña había sido golpeada terriblemente. A partir de la evidencia física encontrada en la escena del crimen, se determinó que su cabeza había sido aplastada contra el muro. También había sido objeto de un ataque sexual.

Los detectives de Scotland Yard invadieron el Queens Park Hospital. Huellas que iban desde la puerta de la sala hasta la cama de June Anne eran evidentes en el piso sumamente pulido. Parecían haber sido hechas por pies descalzos e indicaban que el asesino se había detenido al lado de la cama de June Anne.

La enfermera Humphrey les dijo a los investigadores que una botella de agua esterilizada, que ahora estaba sobre el piso debajo de la cama de June Anne, había estado en un carrito que estuvo a cierta distancia a las 12:30 am, cuando ella había observado por última a la niña en su cama.

El piso y la botella fueron examinados cuidadosamente en busca de huellas. Durante el examen se descubrió que el asesino había secuestrado a June Anne mientras éste sólo llevaba puestos sus calcetines. El patrón de los calcetines se hizo visible después de las pruebas para detectar huellas. A todos los que tenían acceso a la sala les tomaron las huellas digitales, las cuales fueron comparadas con las encontradas en la botella.

Después de que se eliminaron las huellas de la enfermera, Scotland Yard quedó con varias huellas no identificadas que los detectives estaban seguros eran las del asesino.

Un aparente avance en el caso ocurrió cuando dos enfermeras dijeron a los investigadores que la noche del asesinato se les había acercado un hombre, quien había insistido en caminar con ellas a su residencia.

Más tarde vieron al extraño sujeto, quien las observaba a través de la ventana del dormitorio. Scotland Yard se preguntó si el hombre se habría excitado al punto de que, al no poder conseguir una mujer adulta, había decidido abusar sexualmente de una niña indefensa.

Los detectives, acompañados por las dos enfermeras, patrullaron las calles de la ciudad por si acaso el hombre trabajaba o vivía en las cercanías y las enfermeras lo podían reconocer.

Por coincidencia, efectivamente divisaron al individuo que buscaban. Fue detenido y admitió haber estado en los jardines del hospital la noche en cuestión. Los detectives pudieron probar que este individuo trastornado era un mirón empedernido, aunque no tenía nada que ver con el asesinato de June Anne Devaney.

Con base en la evidencia física a su disposición, la policía estableció que el hombre solicitado medía 1,80 metros de estatura. También asumieron que se trataba de alguien de la localidad, dado que un forastero no estaría familiarizado con los jardines del hospital.

Pese a la concienzuda investigación, la identidad del asesino seguía siendo un misterio. Scotland Yard tenía la sensación de que su hombre se les podía estar escurriendo. Fue entonces cuando se les ocurrió la original idea de tomarles las huellas digitales a todos los hombres de la ciudad entre 14 y 90 años. Los registros del municipio indicaban que 123.000 hombres entraban en esta categoría.

La tarea de tomarle las huellas a tanta gente sería colosal, y algunos consideraron que tal estrategia constituía una invasión de la privacidad. A fin de superar este inconveniente, se decidió solicitarle al alcalde su cooperación. Al alcalde no sólo le complació apoyar el plan, sino que también insistió en que él fuera el primero al que le tomaran las huellas.

La gigantesca tarea comenzó. Toda el área se dividió en 12 secciones. Cada casa en cada sección fue escudriñada por los oficiales de policía. Los oficiales llevaban una tarjeta para registrar el nombre, dirección y una impresión del pulgar izquierdo y ambos dedos índice. A todos los individuos les aseguraron que las tarjetas serían destruidas al concluir la investigación.
A Scotland Yard se le ocurió la IDEA de tomarles las huellas digitales a los hombres de la ciudad

Miles de huellas llegaron a una oficina central, donde equipos de detectives las comparaban con las huellas del sospechoso. Pronto surgieron fallas en la estrategia. Muchas personas estaban fuera de la ciudad en actividades legítimas cuando los oficiales llamaron. Otros estaban de vacaciones. Los militares que estaban de permiso en sus casas en la fecha del asesinato ya habían regresado a sus bases.


Después de revisar más de 46.000 huellas digitales, uno de los oficiales exclamó: "¡Lo encontré!". Las huellas en cuestión, identificadas con el número 46.253, pertenecían a un tal Peter Griffiths, un hombre de 1,80 de estatura que había servido en el ejército y vivía en uno de los vecindarios menos deseables de la ciudad. Griffiths fue detenido mientras caminaba por la calle. De inmediato preguntó: "¿Fue por mis huellas digitales que llegaron a mí?". Cuando un inspector de Scotland Yard le respondió afirmativamente, Griffiths dijo: "Bueno, si son mis huellas las que están en la botella, les contaré todo".


El acusado relató que la noche del asesinato él se había quitado los zapatos, de forma de no despertar a los otros niños en la sala. También admitió que había estrellado la cabeza de June Anne contra el muro porque la niña había comenzado a llorar.

La ropa de Griffiths fue confiscada en el hogar de sus padres. Éstos, quienes no tenían ni idea de que su hijo era el tan buscado asesino, entregaron un comprobante de empeño a la policía, que lo usó para recuperar el traje que había vestido Griffiths la noche del asesinato.

Al estudiar el traje, los científicos forenses pudieron aislar fibras que coincidían exactamente con las encontradas en el cuerpo de June Anne. Las manchas de sangre en el traje de Griffiths resultaron ser de la sangre de la niña asesinada. Peter era un bebedor solitario y empedernido y no tenía amigos cercanos.

Era el principal sospechoso en los asesinatos de otros niños cometidos en el pasado.

Aunque confesó voluntariamente el asesinato de Devaney, se rehusó a admitir que estaba involucrado en la muerte de otros niños. Un jurado inglés tomó sólo 20 minutos para encontrar a Griffiths culpable del asesinato de June Anne Devaney. Fue colgado en la Prisión Walton, en Liverpool, el 19 de noviembre de 1948.


Traducción: José Peralta.
Ilustraciones: David Márquez. davidmarquez@cantv.net

La mejor forma de encubrir un crimen es con una investigación deficiente...

¡Saludos!

Mi nombre es Carlos Sosa, Licenciado en Criminalística, estudiante de la Lic. en Accidentología Vial de la Universidad Autónoma de Entre Ríos (UADER), Entre Ríos, Argentina.

En este blog podrás encontrar información referida a las Ciencias Forenses: artículos, casos, curiosidades, información de actualidad, fundamentos técnicos de la investigación Criminalística, info de eventos...

Espero recibir tus comentarios, dudas y recomendaciones.

Carlos F. Sosa

Lic. Criminalística

Balística-Papiloscopía-Documentología

criminalisticodte@gmail.com

carlos_sosa16@yahoo.com.ar

principio.de.identidad@hotmail.com